• La paradoja de Fermi

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  • ¿Qué te hace a tí?

    Cuando dices la palabra "yo", probablemente entiendes bastante claro lo que eso significa. Pero cuando te detienes y realmente piensas en ello por un minuto, y reduces a su núcleo al "YO" , las cosas comienzan a ponerse bastante extrañas.

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  • Hechos que inspiraron la Tierra Media

    John Ronald termina de revisar el texto, tacha con su pluma los errores y lo puntúa con la precisión milimétrica que le caracteriza. Lo deja a un lado, es el vigesimoquinto examen que corrige y su mente empieza a cansarse. Algo le hace volver a los exámenes y, sobre el primero del montón, plasma con su pluma una pequeña idea: “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit”.

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Artesanía nivel Asia




Impresionante nivel de artesanía para darle hasta el más mínimo detalle al "Venganza de la Reina Anna" de la saga Piratas del Caribe.






 

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Los Argonath



Son dos colosales estatuas de los reyes Isildur y Anárion situadas sobre ambos márgenes del río Anduin, en la Tierra Media.

Los Argonath fueron construidos hacia el año 1248 de la Tercera Edad del Sol por orden del rey Rómendacil II de Gondor frente a Nen Hithoel, para marcar el punto en que el «Gran Río» cruzaba el antiguo límite norte del reino. Sin embargo, cuando la Compañía del Anillo pasó bajo los Argonath el 25 de febrero de 3019, en su travesía narrada en La Comunidad del Anillo, el reino de Gondor era mucho más reducido en extensión.


El monumento está compuesto por dos enormes pilares tallados, que representan a los hermanos Isildur y Anárion, hijos de Elendil, los primeros reyes humanos del Oeste. Del primero descienden los reyes de Arnor, incluido Aragorn que fue coronado rey del Reino Unificado. Del segundo descienden los reyes de Gondor. Las estatuas representan a ambos en pie a cada lado del río Anduin, en el punto en el que este entra por el norte a Nen Hithoel. Ambas están orientadas hacia el norte; la que asemeja a Isildur custodia la costa oriental, y la entrada a la provincia de Ithilien; mientras que la estatua de Anárion está en la orilla occidental para delimitar la provincia de Anórien. Las figuras representan a cada uno de los hermanos usando corona y casco, con un hacha en la mano derecha y la izquierda levantada en un gesto de desafío a los enemigos de Gondor.


El nombre Argonath significa ‘piedras de los reyes’ en sindarin: ar- (‘rey’ o ‘real’, como en Aragorn o Arador) + gond (‘piedra’, como en Gondor) + -ath (terminación de plural, empleada en ocasiones como dual). También son conocidos como «la puerta de los reyes» (Gate of Kings), «las puertas de los Argonath» (Gates of Argonath), «las puertas de Gondor» (Gates of Gondor) o «los pilares de los reyes» (Pillars of the Kings).




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Instantes de cine: la carga de los Rohirrim


Hay momentos en el cine que se te quedan grabados en la memoria. Te erizan el vello, y puedes verlos en repetidas ocasiones por lo que te llenan. A veces se debe a alguna situación puntual que relacionamos con ese momento, por la fuerza que tenga la escena o por un cúmulo de elementos que la hacen irrepetible. Cada uno tiene el suyo (o los suyos), y no hay nada más grande que compartir ese momento con el resto. Por esta razón, hoy quiero hablar de una de las escenas más míticas de los últimos años, y que estoy seguro de que muchos compartirán conmigo: la carga de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor, durante la última parte de la trilogía de El señor de los anillos: El retorno del rey (2003).

El retorno del rey es una película larga, muy larga. Son más de 3 horas del cierre de una de las trilogías más épicas y famosas de toda la historia del cine. Esta parte está llena de escenas para el recuerdo, y aunque tiene grandes discursos y otros momentos que pueden ser igual de destacados, a nivel personal, mi favorita es esta.




Escuchar el cuerno de Rohan cuando todo parece que está perdido en Minas Tirith, ya de entrada, supone una alegría. Compartimos la alegría de los personajes que se encuentran luchando en la ciudad, tras una cruel batalla, que ha sido prácticamente invadida por las huestes del enemigo a batir, Sauron. Millones y millones de orcos parecen estar a punto de romper la última línea de defensa de la capital del reino de Gondor. Gandalf (Ian McKellen) y Pippin (Billy Boyd) resisten y tienen una conversación que parece destinada a ser la última. Y en ese momento, llegan los Rohirrim.

Los Rohirrim son los jinetes del pueblo de Rohan, una nación que rinde culto a los caballos y que son su principal seña de identidad. Este pueblo ya tuvo su presentación y su protagonismo en la película anterior de la saga: Las dos torres (2002), con otra batalla para el recuerdo, la del abismo de Helm. Durante toda la película hemos visto cómo se reunían y se preparaban para dirigirse a Gondor, y ayudar a su pueblo hermano. El momento en el que aparecen, encabezados por Theoden (Bernard Hill), rey de Rohan, es simplemente perfecto. En un solo vistazo a la ciudad y acompañado de un plano general de Minas Tirith, el rey comprende la grave situación a la que se están enfrentando en Gondor. Pero eso no le amedranta, al contrario.

Tras una reflexión en voz en off, Theoden lanza un discurso que es simplemente perfecto. Lo transcribo:

“Avanzad, sin temor a la oscuridad.
Luchad jinetes de Theoden.
Caerán las lanzas, se quebrarán los escudos. Aún restará la espada.
Rojo será el día, hasta el nacer del sol.
Cabalgad, cabalgad, cabalgad hacia la desolación y el fin del mundo.
Muerte, muerte, muerte.”

Escuchar esto en ese momento, mientras Theoden pasa de punta a punta prácticamente de toda su primera línea de jinetes para arengar a las tropas, es simplemente uno de esos momentos en los que el cine merece la pena, y justifica toda su existencia. El retorno del rey, solo por contener este momento, ya tiene mucha más fuerza que un sinfín de películas.



Entre los jinetes se encuentran otros personajes que ya conocemos de las películas anteriores: Éoywn (Miranda Otto), Merryn (Dominic Monaghan) o Éomer (Karl Urban). Todos ellos se dirigen a la carga contra las huestes de orcos que rodean Minas Tirith, para poder romper la línea y liberar a la ciudad.

Tras la arenga de Theoden, sólo dan ganas de montarse a un caballo que no tienes y cabalgar junto a él. Por supuesto, su caballería está por la labor y se une al motivador discurso de su rey. Ante esto, los orcos, que en un principio no se tomaban demasiado en serio la amenaza, empiezan a inquietarse. Poco a poco, los jinetes de Rohan inician la cabalgata, cada vez a mayor ritmo. Al mismo tiempo, los ejércitos de Sauron se remueven incómodos.

Al final, llega un momento en el que la caballería de Rohan, sus hombres, toman un ritmo imparable. Los orcos se asustan y algunos optan por abandonar la primera línea de batalla. Los gritos de los jinetes de Rohan son ya ensordecedores, junto al galopar de sus caballos. Llegas a sentir realmente lo que es estar dentro de ese momento, de esa batalla.




En un hermoso plano aéreo, el director Peter Jackson tira de épica y de efectos especiales, para mostrar como los Rohirrim están ya encima de los orcos. Todo ello acompañado por una música sublime de Howard Shore, que hasta ese momento sólo ha ido in crescendo. 

Para cuando la música cesa, se pasa al brutal choque para el que te han ido preparando durante los minutos previos, y toda la épica y la emoción contenidas hasta ese momento estalla, se libera en un encuentro que es simplemente espectacular.

Los caballos de Rohan rompen la línea de defensa de los orcos, destrozando todo a su paso, como una marea imparable. Los ejércitos enemigos son arrollados y aniquilados sin compasión por unos hombres deseosos de venganza, de derrotar de una vez por todas a Sauron y liberar a la ciudad hermana de Minas Tirith. La fuerza de ese momento es indescriptible, a pesar de intentar narrarlo con palabras, me quedo corto. 

Planos cortos de los hombres de Theoden destrozando orcos se intercalan con planos generales de la secuencia. Hay sangre y muerte, casi real, como toda batalla. Tras el arrollador choque, los orcos se retiran, huyen despavoridos ante la fuerza del ejército de Rohan, que ha cumplido su objetivo.

Por desgracia para nuestros héroes, esta era sólo la primera parte de la batalla. Los Hombres del este, venidos desde lejos para ayudar a Sauron, llegan con sus enormes olifantes para enfrentarse a los Rohirrim. Theoden lo ve asombrado y rápidamente ordena el contraataque. Una vez liberada Minas Tirith, ahora toca enfrentarse a este otro enemigo.



Sin entrar en detalles sobre el resultado de esta escena que viene a continuación, y que ya no pertenece a la famosa carga de los Rohirrim, hasta este momento todo ha sido perfecto. A quién no se le ha erizado la piel al ver el vídeo de Theoden y sus Rohirrim cargando contra los ejércitos de Mordor. Es difícil no emocionarse, no compartir sus ganas de enfrentarse al enemigo.

Muchas veces en las películas, la épica tiende a forzarse, se subraya con música y largos discursos para arengar. En esta escena de El retorno del rey, apenas necesitan unas líneas y una sublime música, el momento es brutal e irrepetible. Como comentaba más arriba, la película es el cierre de una historia gigante, y contiene muchas otras escenas que también son impresionantes. A pesar de que ni siquiera es el clímax de la película, se siente como tal. 


Pero por la razón que sea, la carga de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor, tiene algo especial que la convierten en uno de esos momentos que justifica la existencia del cine. Simplemente irrepetible. Emoción. De esto también va el cine.


FUENTE: Cinemoción.es

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CONTACT (Robert Zemeckis, 1997): La perspectiva cósmica y el "síndrome del astronauta".


CONTACT (Robert Zemeckis, 1995)
, es una película, basada en la novela del que fuera gran divulgador del mundo de la astronomía Carl Sagan, que está protagonizada por Jodie Foster como la astrónoma Ellie Arroway y Matthew McConaughey como Palmer Joss, nos plantea el clásico conflicto entre Ciencia y Religión a partir de la llegada de una señal de origen extraterrestre que incluye un mensaje que, una vez descifrado, resulta contener el diseño de lo que parece ser una nave para transportar a un viajero a la fuente del origen de esa señal. La elección de ese viajero, como un representante del planeta Tierra, establece el conflicto en cuestión. ¿Qué condiciones debe reunir para que el máximo de la humanidad se vea representado? 


Lo que me interesa destacar de esta película, más que el conflicto citado, hace referencia a la experiencia que Elli Arroway sufre durante su extraño viaje que, finalmente, realizará desde una plataforma construida en paralelo en el Japón, en la isla de Hokkaido, tras un atentado de un fundamentalista cristiano que destruye una primera nave y al tripulante elegido, David Drumlin – interpretado por Tom Skerrit -. Por ello me centraré esencialmente en las escenas finales de la película.


En primer lugar, y durante el viaje que, aparentemente, realiza a través de agujeros de gusano, la lleva a contemplar una galaxia, y ante la gran belleza de la imagen Ellie exclama: “Es un acontecimiento celestial. No hay palabras... no hay palabras... Es poesía. Debieron enviar un poeta." Esa invocación al poeta ya hace referencia a la descripción de algo a lo que el lenguaje científico no puede acceder, y que confronta al ser humano ante la inmensidad del Universo  y la belleza de sus manifestaciones. Algo que toca lo más profundo del alma humana y que muchos poetas y filósofos han definido como la perspectiva cósmica, una perspectiva que genera nuevas visiones y que hace percibir al ser humano su lugar en el cosmos.





La experiencia que sufre Ellie está descrita por los cambios que se han registrado en algunos de los astronautas, y que recibe el nombre del "síndrome del astronauta", y que ante la contemplación del planeta Tierra, con sus colores azules de los grandes océanos, del blanco de las grandes masas de nubes o los distintos tonos marronosos de los continentes, suspendida en el vacío, bajo el fondo oscuro roto por los millones de pequeños puntos blancos correspondientes a estrellas y lejanas galaxias, se caracteriza por las palabras que Ellie describe al final de la película, cuando comparece ante el congreso: "recibí un don maravilloso, algo que me cambió para siempre, una visión del Universo que nos dice, sin la menor duda, lo diminutos e insignificantes, y lo raros y preciosos que somos. Una visión que nos dice que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos..."


Vista de la Tierra desde la Luna. Foto tomada por el Apolo XI.

El "síndrome del astronauta" coincide con dos sentimientos que están relacionados y que fueron definidos por Rudol Otto en relación a la experiencia religiosa: el sentimiento de criatura y lo numinoso. Lo numinoso lo podemos percibir en la reacción de Ellie cuando contempla la galaxia que se le ofrece a su mirada. Observamos en ella el estremecimiento que produce en el ser humano el encuentro con algo que se percibe simultáneamente como misterioso, majestuoso, tremendo y fascinante, y que derivan en un sentimiento de sobrecogimiento y anonadamiento, de pequeñez, de infimidad, el sentimiento de criatura. Ambos sentimientos se relacionarían, en este caso, con la posición que coloca al ser humano la perspectiva cósmica antes citada, y que expresa tan claramente Ellie cuando dice haber adquirido "una visión del Universo que nos dice, sin la menor duda, lo diminutos e insignificantes, y lo raros y preciosos que somos." 



La película refuerza el sentimiento de lo numinoso con el extraño encuentro que mantiene Ellie con los supuestos alienígenas - del que no quedarán pruebas demostrables -, quienes eligen un escenario virtual basado en un dibujo que realizó de pequeña - las playas de Pensacola -, y en el encuentro con la imagen de su padre (David Morse), como una manera de facilitar el encuentro. Como en otras películas, el alien nos observa como "una especie interesante, una mezcla interesante, capaces de los sueños más hermosos y de las más horribles pesadillas. Os sentís tan perdidos, aislados, tan sólos..." Y la recomendación es sabida: "... pero no lo estáis. Verás, a lo largo de nuestra búsqueda el vacío se ha hecho soportable porque nos tenemos los unos a los otros". No es que el alien diga algo desconocido. Cognitivamente todos lo entendemos, pero el ser humano tiene una dimensión narcisista, una complejidad emocional y pulsional que, como bien advierte el alien, lo hace especialmente complejo ("mezcla interesante" lo llama amablemente). Esto que cognitivamente podemos entender, es lo que la perspectiva cósmica, como impacto en la consciencia, permite comprender más plenamente a nivel emocional y hace que nuestra mirada sea menos antropocéntrica y más cósmica.




Estos mismos sentimientos los encontramos en varios de los astronautas del proyecto Apolo y otros, como Wubbo Ockels, el primer astronauta holandés y tripulante del transbordador espacial, quien reconocía la dificultad de expresar en palabras el carácter de la experiencia que se vive allí arriba, en el espacio. En todo caso, en varios de ellos se despiertan los sentimientos de amor y de servicio, y también un sentimiento de protección hacia la Tierra-madre, como muchos de ellos la llaman, así como el ya descrito sentimiento de criatura. Vaya, como un ejemplo, la declaración de Edgar Michell, tripulante del Apolo 14, y el hombre que estuvo más horas en la Luna, quien dice: "Desarrollas una conciencia global instantánea, una orientación hacia la gente, una intensa insatisfacción con el estado del mundo y el impulso de hacer algo. Desde lo alto de la Luna, la política internacional parece insignificante. Te dan ganas de coger a un político del cuello y arrastrarlo a cuatrocientos mil kilómetros de la Tierra para decirle: ¡Mira-bien!" 

Para acabar quisiera citar las siguientes palabras del filósofo Pierre Hadot, quien dice: "Sin viaje cósmico interior, sin mirada desde lo alto vivida como ejercicio espiritual de desprendimiento, de liberación, de purificación, los viajeros del espacio seguiran llevando la tierra con ellos al espacio, no la Tierra parte del cosmos, si no la tierra símbolo de lo humano demasiado humano, la mezquindad humana" [1] y acaba diciendo que, en estas condiciones: "El espacio corre entonces el riesgo de no ser más que el teatro ampliado de estas absurdas guerras de religión - o económicas, añado yo - que continuan desgarrando a la humanidad  en los inicios del siglo XXI. La conquista del espacio corre el riesgo de proporcionar solamente un campo más vasto a la locura humana." [2]


[1] Hadot, Pierre. No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales. Siruela, pág. 89.
[2] Ídem anterior, pág. 89.




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Kepler-16b



Una de las imágenes más recordadas de Star Wars es el momento en el que Luke Skywalker mira hacia la puesta de sol del desierto de Tatooine y vemos cómo se ven 2 soles. Aunque esta imagen forme parte de la historia del cine parece ser que podría ser una realidad; no es que la NASA haya descubierto la ubicación de Tatooine ni nada parecido sino que el telescopio Kepler ha localizado un planeta que orbita alrededor de dos estrellas, es decir, dos soles.


El planeta, que se encuentra a 200 años luz de la Tierra, poco o nada tiene que ver con el árido y desértico planeta que recrease George Lucas (rodando en el desierto de Túnez) puesto que el planeta es frío y gaseoso, así que es poco probable que albergue vida pero su descubrimiento demuestra, según la agencia espacial estadounidense, la diversidad de planetas que forman nuestra galaxia.

Investigaciones anteriores habían sugerido la existencia de planetas que girasen alrededor de varias estrellas pero su confirmación era difícil de alcanzar. El Kepler detectó un planeta, bautizado como Kepler-16b, a partir de la observación de tránsitos donde el brillo de una estrella se atenúa cuando el planeta pasaba delante de ella. Según William Borucki, responsable del proyecto Kepler:

Este descubrimiento confirma una nueva clase de sistemas planetarios que podrían albergar vida. Teniendo en cuenta que la mayoría de estrellas de nuestra galaxia son parte de un sistema binerio, las oportunidades de encontrar vida son mucho más amplias que si los planetas se formasen únicamente alrededor de estrellas simples. Este hito confirma una teoría que hasta ahora no se había probar tras décadas de trabajo


Tatooine

Este proyecto es la primera misión de la NASA con capacidad de encontrar planetas del tamaño de la Tierra o cercanos a la "zona habitable", es decir, la región en un sistema planetario en la que podría existir agua líquida en la superficie de un planeta en órbita. El Kepler-16b fue detectado cuando el planeta, al orbitar, provocaba un eclipse (desde el punto de vista de la Tierra) sobre una de las dos estrellas. Cuando la estrella más pequeña bloquea parcialmente a la más grande, se produce un eclipse primario y, a la inversa, uno secundario. Estos eclipses eran regulares y, dado que aparecían otros fenómenos, todo hacía pensar que había un tercer cuerpo que, además, debía estar en desplazamiento para que todas estas ocultaciones se reprodujesen bajo intervalos de tiempo más o menos constantes. La fuerza de atracción de las estrellas, medidas por los cambios en los tiempos de los eclipses, era un buen indicador de la masa del tercer cuerpo, que resultó ser el planeta.


La mayoría de cosas que sabemos sobre el tamaño de las estrellas y los planetas proviene del estudio de estos sistemas binarios de eclipses. Kepler-16 combina lo mejor de ambos mundos, con los eclipses de estrellas y tránsitos planetarios en un único sistema.


Kepler-16b es un planeta frío (se estima una temperatura que oscila entre -73 y -101 ºC) con un tamaño parecido al de Saturno y se cree que está compuesto por rocas y gases. Sus soles son algo más pequeños que nuestro Sol, uno se estima que tenga un 69% del tamaño y el otro, más pequeño, tan sólo el 20%. Este planeta tan especial orbita alrededor de ambas estrellas cada 229 días, es decir, un tiempo similar al de la órbita de Venus pero, en su caso, se encuentra fuera de la zona habitable de su sistema (a unos 104.000 kilómetros) y, por tanto, sin posibilidad de que exista agua en su superficie puesto que esas estrellas son algo más frías que nuestro Sol.





FUENTE: Hipertextual

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La verdadera historia de hércules poirot


De origen belga, Hércules Poirot no es solamente "el detective más famoso del mundo", sino que se ha convertido en el detective más carismático del género. Poirot, atildado y con un impecable bigotito, impresiona a propios y a extraños cuando utiliza sus "pequeñas células grises" para desvelar de manera brillante, y a menudo sorprendente, los casos más complicados.





Londres se hallaba una vez más sumida en la oscuridad. Nubes densas y oscuras cubrían el cielo de la capital amenazando con descargar una tormenta que se antojaba violenta. Seguro en su apartamento en el edificio Whitehaven Mansions, Hércules Poirot, el detective más famoso del mundo (o al menos eso decía él), se hallaba sentado en el sillón de su despacho, con los ojos cerrados, haciendo trabajar sus pequeñas células grises, mientras su fiel secretaria, la señorita Lemmon, aguardaba en pie con una taza de tisana en la mano y su mejor amigo y socio, el capitán Hastings, recostado en el diván, ojeaba el periódico para comprobar si sus inversiones iban al alza. Poirot estaba a punto de resolver un nuevo caso de asesinato, de eso estaba completamente seguro (a pesar de lo que pudiera opinar el inspector jefe Japp). Sería otro éxito que le catapultaría una vez más a la fama y del cual se harían eco todos los tabloides de Inglaterra.


EL REFUGIADO BELGA

Uno de los detectives más carismáticos de la novela negra mundial, Hércules Poirot, nació de la pluma de la reina británica de la intriga, Agatha Christie, en el año 1920. El pequeño detective belga (considerado francés por muchos, para indignación del aludido) ha sido el protagonista de más de treinta novelas, de varias películas e incluso de series televisivas. Por tener, Poirot tuvo hasta su propia esquela cuando su creadora, Agatha Christie, hastiada de su propio personaje, decidió acabar con la vida del detective que más casos había resuelto. El 6 de agosto de 1975 el New York Times titulaba: "Muere el detective Hércules Poirot". Pero pese a su innegable fama, el origen de Poirot sigue siendo enigmático. ¿De dónde surge este singular personaje?



Agatha Christie fue la afamada y prolífica escritora que creó el personaje de Hércules Poirot. El detective resolvió innumerables crímenes, pero finalmente, fue la propia escritora quien acabó con la vida del investigador mediante una esquela ficticia. 


El pequeño detective belga (considerado francés por muchos, para indignación del aludido) ha sido el protagonista de más de treinta novelas, de varias películas e incluso de series televisivas.


La pregunta que muchos se han hecho es qué hacía un detective belga en el Londres de entreguerras, colaborando en más de un caso con Scotland Yard. Para entenderlo nos tenemos que remontar al silenciado drama de los refugiados en el que se hallaba inmersa Europa a principios del siglo XX. Es muy probable que uno de aquellos refugiados belgas que llegaron a Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial inspirase a la escritora británica, tal como ella misma reconoce en su autobiografía: "Entonces me acordé de nuestros refugiados belgas. ¿Por qué no hacer que mi detective sea belga? Había todo tipo de refugiados. ¿Por qué no un oficial de policía refugiado? Un policía retirado. No demasiado joven".


¿UN ANTIGUO GENDARME?

Con la invasión de Bélgica por parte de Alemania el 4 de agosto de 1914, un millón y medio de ciudadanos belgas se vieron obligados a huir de su país; algunos optaron por quedarse en la vecina Holanda o Francia y otros, la mayoría, marcharon a las islas británicas. Este éxodo tuvo una gran repercusión en el país, y en todo el mundo, como atestigua la crónica publicada el 21 de octubre de 1914 por el diario La Vanguardia en la que se podía leer: "El Gobierno y el pueblo de Inglaterra saben perfectamente que se encuentran bajo la obligación moral de mantener a los refugiados belgas, con relativo confort, hasta que termine la guerra; saben que hay que atender a sus necesidades y procurar hacerles agradable la vida entre nosotros, hasta donde sea posible, procurando dar ocupación a los hombres y mujeres aptos para el trabajo".


Con la invasión de Bélgica por parte de Alemania el 4 de agosto de 1914, un millón y medio de belgas se vieron obligados a huir de su país; algunos optaron por quedarse en Holanda o Francia, pero la mayoría marchó a las islas británicas.


Así, entre las teorías sobre el origen del personaje de Poirot entre los refugiados belgas que llegaron a Inglaterra se encuentra la que sostiene el comandante retirado Michael Clapp. Según su investigación, entre estas personas se hallaba el gendarme retirado Jacques Hornais, que fue alojado en la casa de una señora en la localidad costera de Torquay, al sur de Inglaterra, según se desprende de unas anotaciones hechas en su diario por la propia abuela de Clapp, una mujer llamada Alice Graham, que ayudó a muchos refugiados a instalarse en Gran Bretaña. Al parecer Hornais llegó a Inglaterra con su hijo adolescente, y dejó en su país a su mujer y a una hija. Agatha Christie creció precisamente en Torquay, así que tal vez pudo haberle conocido y haberse inspirado en él para su personaje (o también se cree que la autora pudo haberse inspirado en otro gendarme belga retirado llamado Jacques Hamoir).


El actor británico David Suchet, en el centro de la imagen como Hércules Poirot, interpretó al detective belga en una de las series más icónicas que se ha protagonizado el personaje de Agatha Christie. 


Además de haber buscado la inspiración para su detective entre los refugiados belgas, como ella misma reconoció, es muy posible que la escritora británica también se inspirase para su Hércules Poirot en otros personajes de ficción, como Hercule Popeau, un detective surgido de la mano de la escritora de novelas de intriga Marie Belloc Lowndes, o incluso en el también investigador belga Jules Poiret, creado por el escritor Frank Howell Evans.


UN MÉTODO PECULIAR

Sea como fuere, el personaje de Hércules Poirot es innegablemente único: un hombre pedante, vanidoso, egocéntrico y atildado hasta lo insufrible, que se considera a sí mismo como "el más grande detective del mundo". Su rasgo más distintivo es el engominado bigotito que cuida y recorta con un cuidado casi obsesivo. El debut del personaje se produjo en octubre de 1920 en Estados Unidos y el 21 de enero de 1921 en el Reino Unido, como protagonista de la novela El misterioso caso de Styles. El detective belga adquiere ya una gran popularidad desde su primer caso, y a partir de ahí Agatha Christie fue modelando el carácter de su creación en cada libro. En su primera novela, el propio Arthur Hastings, que a la postre se convertirá en su inseparable amigo y socio, dijo de él al conocerlo: "Medía apenas algo más de 1,60 m, pero se desenvolvía con una gran dignidad. Su cabeza tenía exactamente la forma de un huevo y siempre la ladeaba un poco hacia un lado. Su bigote era muy tieso y militar. Incluso si toda su cara estuviera cubierta, las puntas del bigote y la nariz rosada serían visibles. La pulcritud de su vestimenta era casi increíble; creo que una mota de polvo le habría causado más dolor que una herida de bala. Sin embargo, este hombrecito de vestimenta pintoresca había sido en su tiempo uno de los miembros más famosos de la policía belga."


Los escenarios donde tienen lugar los casos que Hércules Poirot investiga son variopintos. Muchos de ellos suceden en Inglaterra, pero otros ocurren en el extranjero en el transcurso de exóticos viajes, como es por ejemplo el caso de las emblemáticas Muerte en el Nilo (1937) o Asesinato en el Oriente Express (1934), o incluso en el transcurso de unas accidentadas excavaciones arqueológicas, como Asesinato en Mesopotamia, novela publicada en 1936 (recordemos que la autora, casada en segundas nupcias con el arqueólogo Max Mallowan, pasó algunos años acompañando a su esposo en sus excavaciones en el Próximo Oriente). Para resolver los casos en los que se ve envuelto, Poirot utiliza la psicología y estudia la naturaleza humana. También presta una inusual atención a detalles que en principio parecen no tener importancia, pero que al final se acaban revelando decisivos. Todo ello a pesar de las burlas de su amigo, el inspector jefe Japp, de Scotland Yard, que siempre se ve obligado a reconocer que Poirot, cómo no, tenía razón.


Hércules Poirot fue encarnado por el actor Peter Ustinov en algunas de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Christie. Sobre estas líneas, en una escena de 'Muerte en el Nilo', de 1978. 


UNA RELACIÓN DE AMOR-ODIO

Poirot llegó a ser tan famoso que incluso pareció cobrar vida propia. Existe una curiosa anécdota en la que el propio detective envía una carta a los editores norteamericanos de Agatha Christie en 1936, en la que se presenta a sí mismo como si fuera una persona real: "Comencé a trabajar como miembro del departamento de detectives de Bruselas, en el caso Abercrombie Forger en 1904 y durante muchos años me sentí orgulloso de ser miembro del servicio de detectives en mi Bélgica natal. Desde antes de que finalizara la guerra he estado, como ustedes saben, en Londres donde estuve viviendo en habitaciones… Me establecí como detective en Londres… En junio del año pasado me instalé en un apartamento en Whitehaven Mansions, cuyo edificio elegí teniendo en cuenta su proporción estrictamente geométrica".


Otra de las adaptaciones al cine de un caso de Hércules Poirot fue protagonizada por Tony Randall (derecha), en este caso en una escena de la novela traducida al castellano como 'El misterio de la guía de ferrocarriles'. 


A pesar del éxito de las novelas protagonizadas por Poirot (exactamente treinta y tres novelas y cincuenta relatos cortos publicados entre 1920 y 1975), Agatha Christie acabó "odiando" a su propia creación. En la introducción de Telón, la última novela en la que aparece Hércules Poirot y en la que muere como consecuencia una afección cardíaca, la escritora británica confesaba: "¿Por qué, por qué, por qué tuve que dar vida a esta pequeña criatura detestable, grandilocuente y tediosa? Sin embargo, confieso que Hercule Poirot ha vencido. Ahora siento un cierto afecto que, aunque me cueste, no lo puedo negar". Al final, la creadora del "detective más famoso del mundo" moriría un año después que su famoso detective, el 12 de enero de 1976.


FUENTE: National Geographic

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Peliculón

 



¡Alabado sea el señor velociraptor! Si te estabas preguntando cuándo iba a llegar esa película de culto que faltaba por asomar la patita este año, ya tienes tu respuesta.


El padre raptor 

Gregory James, Alyssa Kempinski, Daniel Steere, Yang Jiechang, Jesse Turits, Fernando Pacheco de Castro y Aurelio Voltaire son los desconocidos protagonistas de 'The VelociPastor', una locura escrita y dirigida por Brendan Steere. La película es el sueño cumplido de Steere, que en 2011 presentaba 'The VelociPastor Trailer'.


La película ha estado rondando por el circuito más underground y ahora que el tráiler ha salido a la luz ya son miles los fieles convertidos a través de las redes sociales. Demasiado loca incluso para los estándares de las midnight movies, 'The VelociPastor' cuenta la historia de un sacerdote que, después de un extraño viaje al extranjero, se convertirá en dinosaurio por la noche. Y no será un raptor cualqiuera, será uno que combate el crimen ninja ayudado por una prostituta de buena fe.


Os dejamos la sinopsis oficial de 'The VelociPastor', porque aunque cueste creerlo, tiene un argumento: "Después de perder a sus padres, un sacerdote viaja a China, donde hereda una habilidad misteriosa que le permite convertirse en un dinosaurio. Al principio se sentirá horrorizado por este nuevo poder, pero una prostituta lo convencerá para usarlo y combatir así el crimen. Y los ninjas".


Resumen de esta joya del séptimo arte:




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La guerra de los mundos


La guerra de los mundos es una novela de ciencia ficción escrita por Herbert George Wells y publicada por primera vez en 1898, que describe una invasión marciana a la Tierra. Es la primera descripción conocida de una invasión alienígena de la Tierra, y ha tenido una indudable influencia sobre las posteriores y abundantes revisiones de esta misma idea. De la novela de Wells se han hecho adaptaciones a diferentes medios: películas, programas de radio, videojuegos, cómics y series de televisión.

La novela fue adaptada por Orson Welles, en octubre de 1938 para crear un serial radiofónico que en su momento creó gran alarma social. Welles cambió algunos aspectos del argumento, incluso el lugar del primer aterrizaje marciano: Grover's Mill, Nueva Jersey. Se emitió con el formato de noticiario de carácter urgente (aunque hubo un aviso al principio sobre su carácter ficticio, pero muchos oyentes se incorporaron con la narración ya iniciada, por lo que se perdieron el aviso y creyeron que era real). Esto provocó escenas de pánico entre ciudadanos de Nueva Jersey y Nueva York, que creyeron que se estaba produciendo una verdadera invasión alienígena de la Tierra. La ingenuidad de un público que aún no conocía la televisión contribuyó al éxito de la propuesta de Welles, que, sin embargo, debió ofrecer disculpas públicamente a los radioyentes.



Radioteatro completo.


Visto en: Historia de la Radio


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Breaking Dragons






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Edge of night

 


La canción... poema, que Pippin le canta al Senescal Denethor, interpretada por Malinda.





El borde de la noche

El hogar está detrás

El mundo por delante

Y hay muchos caminos por recorrer

A través de la sombra hasta el borde de la noche

Hasta que las estrellas estén encendidas

Niebla y sombras, nube y sombra

Todos se desvanecerán

Todos se desvanecerán


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Sci-Fi y Fantasía: dos géneros completamente diferentes



Muy a menudo, en Blogdecine, con motivo de textos acerca de películas como ‘La guerra de las galaxias’, tiene lugar, entre lectores y redactores, una acalorada discusión (que a veces se salta las normas mínimas de respeto, como en tantos otros temas en esta nación estupenda) acerca de qué es la sci-fi (cuya traslación literal sería ficción científica, aunque también pueda usarse el erróneo, y ya aceptado por el uso en la academia, ciencia ficción) y qué es la fantasía, y que películas son para unos lo primero, y qué películas son para otros lo segundo, etc.


En primer lugar es importante zanjar que la fantasía o la ficción científica no son ideas abstractas que cada cual puede definir en su intimidad. Eso sería como que el vecino de arriba decidiera lo que es un relato negro, y el de abajo lo que es un melodrama. Estamos en una época en la que nadie quiere aprender, sino en la que cada cual (en nombre de un individualismo mal entendido que obliga a muchos a volver a inventar la bicicleta, y que nos sume a todos en una confusión general) va por libre, complicando mucho las cosas. Vamos a tratar, todo lo humilde pero contundemente que se pueda, de aclararlas.


Definamos con perspectiva

A pesar de que en el sitio Imdb muchas películas de sci-fi también son situadas con la etiqueta de fantasía, y de que existen muchos híbridos entre ambos géneros, no puede resultar más diferente de la fantasía. La ficción científica pura es un género eminentemente especulativo, que pretende narrar acontecimientos plausibles, en cualquier marco temporal (no sólo el futuro, también el presente y el pasado), fundamentados en las ciencias naturales, físicas o sociales. No resulta fácil acotar sus temas porque a partir de estas bases se puede escribir prácticamente de todo, sin embargo la regla básica es que “ha de ser posible” que eso ocurra.


La fantasía, por su parte, es lo opuesto a estos fundamentos. No especula sino que se adentra en fantasías que jamás serán posibles en este mundo, y su marco temporal, a menudo, está indefinido o no es crucial narrativamente (mientras que en la sci-fi siempre lo es), y su intención es menos profética y más romántica, generalmente. No trata de alertar sobre funestas posibilidades, sino que es la evasión por excelencia. Por tanto, que en una película aparezcan naves espaciales, no significa que nos encontremos en un sci-fi, pues este género es mucho más que la escenografía.




Lo que hace dos siglos eran llamados relatos o novelas científicos, derivaban el espíritu del Racionalismo Cartesiano del siglo XVII, que fue el que sentó las bases de la ciencia moderna. No hay mucho consenso sobre las primeras obras realmente científicas, y pueden nombrarse obras de Tomas Moro, o de Cyrano de Bergerac, pero no hay duda de que la cristalización del género literario llegó en el siglo XIX, y no podía ser de otra manera, pues fue el siglo de la industrialización, y de todo lo que esto conlleva.


De esta manera, surgieron los nombres ineludibles de Mary Shelley, Julio Verne, H.G. Wells, Edgar Allan Poe, John Wyndham... y luego los de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert Heinlein, Ray Bradbury, Philip K. Dick, y algunos nombres ilustres más que delinearon bien el género: un marco en el que situar sus preocupaciones científicas, tecnológicas y sociales, para hablarnos del mañana más terrible, o del ahora mismo incluso. Y este espíritu fue el que recogieron las primeras películas de sci-fi, como por ejemplo el ‘20.000 leguas de viaje submarino’ de Stuart Paton en 1916, el ‘Doctor Jekyll y Mr. Hyde’ de John S. Robertson en 1920, ‘El mundo perdido’ de Harry O. Hoyt en 1925, y ya más concretamente, el primer gran hito que significó el ‘Metrópolis’ de Fritz Lang de 1927.


Ya en los años 30, no sólo el ‘King Kong’ más famoso y extraordinario que ha existido, también la obra legendaria de James Whale (que adaptó a Mary Shelley de manera libérrima, y también a H.G. Wells), sin olvidarnos de ‘Things to come’ (‘La vida futura’, William Cameron Menzies, 1936), de nuevo sobre un original de Wells, y que asienta las bases definitivas del género como alertador de la conciencia social, como profeta de un futuro terrible. Esto es la sci-fi pura. Quizá por eso en los años 40, 50 y casi todos los sesenta, fue un género menospreciado y adulterado: a nadie le gusta que le retraten un futuro probable, o un presente gris. Salvo excepciones maravillosas como ‘Invasión de los ladrones de cuerpos’ (Don Siegel, 1956) hubo que esperar hasta el crucial año de 1968, en que llegaron ‘El planeta de los simios’ y ‘2001, una odisea del espacio’.


De pronto, la sci-fi en cine recobró prestigio e interés, y dejó de ser divertimento para productos de adolescentes. Y no puede casual que fuera el año de las mayores protestas sociales en la historia de Europa, que se conoció como Mayo del 68. Pero hay pocos verdaderos hitos del género en las últimas décadas, que pasan por la obra de Steven Spielberg, James Cameron, Andrei Tarkovski, o títulos puntuales como ‘Soylent Green’ (Richard Fleischer, 1973), ‘Alien’, ‘Saturno 3’ (Stanley Donen, 1980), ‘Escape de Nueva York’, ‘Blade Runner’, ‘Starman’ o la serie ‘Mad Max’, hasta el presente, en que podemos citar ‘Hijos de los hombres’ como la gran obra maestra reciente del género. Y todo esto sin ánimo de exhaustividad.



En cuanto a la fantasía, es un género mucho más anárquico y prolijo, y no sólo tiene tradición anglosajona mayoritaria, como el caso de la sci-fi, sino prácticamente en cualquier cinematografía. La literatura fantástica partía de lo sobrenatural, lo mágico y lo mitológico, conque las rastrear sus raíces puede hacerse prácticamente imposible. En el cine, como la sci-fi, puede ahondar también, por supuesto, en lo terrorífico. La gran mayoría del cine de evasión actual es cine fantástico, y sería quimérico nombrar títulos, porque todos los conocemos.


Los grandes directores de fantasía, los que han dejado un poso más duradero, son, por supuesto, George Lucas, Terence Fisher, Jean Copcteau, Tim Burton, Ronny Yu, Roman Polanski, M. Night Shyamalan, Todd Browning, Terry Gilliam, Roger Corman, Mario Bava, Jacques Tourneur, Jack Clayton, Alfred Hitchcock, John Carpenter, Peter Jackson, Federico Fellini, Jirí Trnka, Joel Schumacher, Wim Wenders, Hayao Miyazaki y otros muchos cuyo gusto por lo extraño y lo maravilloso se aleja completamente de un puñetazo visual, sino que se acerca más a una evasión audiovisual, aunque con algo de dolor, gozosa.


Los mejores frutos de la fantasía tienen lugar cuando se alejan de la sci-fi, y lo mismo ocurre con la ciencia ficción. En la mixtura de géneros del cine post-moderno puede darse de todo, y a veces de manera estimulante, pero pierden su espíritu original. Con todo, para muchos, los géneros los establece la mirada del director, y así casi todo el cine de Cronenberg, aunque no se base en prespuestos científicos, ni sea futurible, ni distópico, ni muchas veces industrial, se acerca a la sci-fi, y casi todo el cine de Lynch, aunque no salgan vampiros, ni hadas (a veces sí), ni se pliegue a los cánones del género, parece “dark fantasy”. Y es que al final los géneros deberían ser una excusa, no un fin (como con los hermanos Wachowski) para hablar de las personas y los conflictos que más le interesen al cineasta.


Pero para terminar es importante dejar claro que la fantasía propone otros mundos que nunca tendrán que ver con este, que nos hacen soñar con otra realidad, mientras que la sci-fi pura lo que nos ayuda es a ver esta realidad con ojos más críticos y más dolorosos, y el futuro al que caminamos sin tregua debido a los errores que cometemos en esta realidad. Por tanto, ‘Star Wars’ es Fantasía, nunca Sci-fi. La fantasía nos deja ese regusto dulce (a pesar de las muchas tinieblas que pueda contener), mientras que la sci-fi nos deja un sabor amargo (aunque sólo enfrentándonos a la realidad somos verdaderamente libres).


FUENTE: Espinof.com

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Meta-Tolkien: hechos que inspiraron la Tierra Media

 John Ronald termina de revisar el texto, tacha con su pluma los errores y lo puntúa con la precisión milimétrica que le caracteriza. Lo deja a un lado, es el vigesimoquinto examen que corrige y su mente empieza a cansarse. Arrastra su mirada hacia el viejo cristal de la ventana y mira ensimismado el panorama que le ofrece la Universidad de Oxford: los altos muros de piedra, jardines verdes hasta donde alcanza la vista, un trasiego de jóvenes yendo de aquí para allá como en una coreografía improvisada. El movimiento de la gente le hace volver a las sucias trincheras del Somme y comienza a sentir el adormecimiento de sus piernas provocado por las fiebres. John Ronald decide apartar su mente de aquel infierno y pensar en su querida Edith Mary y en sus pequeños entusiastas de las historias. Algo le hace volver a los exámenes y, sobre el primero del montón, plasma con su pluma una pequeña idea: “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit”.

Si hay alguien que ha marcado el ritmo y estilo de la literatura fantástica a nivel mundial ha sido J. RR Tolkien y el increíble mundo que creó. Aficionado al lenguaje, la mitología y las culturas antiguas, Tolkien llevó lo que en su origen era un cuento para sus hijos hasta un nivel de complejidad y detalle que sigue sorprendiendo como el primer día. La Tierra Media, su universo, no es un simple lugar en el que solo importan las grandes historias de sus protagonistas, sino que es un mundo vivo compuesto por hermosos lugares y pueblos que cuentan, cada uno, con sus propias lenguas, costumbres, leyendas, canciones, genealogías, tradiciones… Es tan fácil seguir la estirpe de los reyes de Gondor hasta Elendil y sus predecesores como remontarse en las monarquías europeas hasta la época de Carlomagno.

Si Homero escribió 'La Ilíada' y 'La Odisea' a partir de las leyendas griegas, John RR Tolkien creó primero sus propias leyendas y después escribió su versión de la Ilíada. Muchos critican de sus textos que son excesivamente extensos, densos y detallistas (y puede que un poco sí), pero su estilo le ha hecho pasar a la historia como uno de los autores más representativos de su género y a su obra como una de las sagas más relevantes en la literatura fantástica.

La mitad de nosotros no conocemos a Tolkien ni la mitad de lo que querríamos, y lo que querríamos es menos de la mitad de lo que la mitad de Tolkien merece. Y, como hasta un genio necesita sus musas, recopilamos algunas de las mayores inspiraciones que dieron forma a la Tierra Media, las aventuras de Bilbo y las luchas de la Compañía del Anillo.





1. Experiencias personales


La infancia de Tolkien no fue precisamente tranquila. Nacido en Bloemfontein, Sudáfrica, perdió a su padre en 1896, con tan solo cuatro años, y tuvo que volver a Inglaterra con su madre y su hermano. En 1904 quedó huérfano y fue acogido por el párroco Francis Morgan Osborne, quien le inculcó férreos valores y le prohibió ver a su amada Edith Mary Bratt hasta la mayoría de edad. Luchó en la Primera Guerra Mundial y su afición por las lenguas antiguas y las culturas nórdicas y anglosajonas le llevaron a ser profesor en la Universidad de Oxford. Todos estos hechos se ven plasmados, de manera más o menos directa, en los textos y tramas de su obra.











2. Mitologías nórdicas y germanas


El escritor y filólogo siempre se quejó de que Inglaterra contaba con una mitología muy pobre y escueta, a diferencia de las existentes en las cercanas Irlanda o Escocia. Con sus textos e invenciones, Tolkien pretendía brindar a su país de una nueva mitología y de mundos mágicos que basó, en su mayoría, en las culturas y leyendas de los pueblos del centro y norte de Europa, sobre todo en la mitología escandinava y germana. Gran parte de sus razas fantásticas y pueblos, a las cuales brindó una historia llena de héroes y grandes epopeyas, surgió precisamente de los Edda, una colección de relatos nórdicos escritos en el 1220 por Snorri Sturluson.





3. Catolicismo


Mabel Suffield, madre de John, decidió pasarse del protestantismo al catolicismo al llegar a Inglaterra en 1896. Tras muchas disputas, su familia asumió su nueva fe y pudo educar a sus dos hijos según el credo católico. Tras su muerte, el padre Francis Morgan (el tío Curro) continuó esa labor e inspiró a Tolkien un profundo sentimiento religioso. Aparte de haber adaptado claramente numerosos elementos de la religión católica a sus obras, su manera de escribir o de componer a los personajes recuerda, en determinados momentos, al estilo bíblico.





4. Acontecimientos históricos


Además de un gran aficionado por las lenguas, Tolkien sentía verdadera pasión por la historia anglosajona y medieval. Desde niño se le había dicho que su madre procedía de una familia noble de la región de Mercia (centro de Inglaterra) que luchó junto a Carlomagno y que la estirpe de su padre estaba ligada al Sacro Imperio Romano durante la invasión otomana del siglo XVI. De hecho, una leyenda familiar dice que el apellido Tolkien proviene de un guerrero que luchó durante el sitio de Viena de 1529 y cuyas arriesgadas cargas de caballería le valieron el apodo de ‘Tolkühn’, que significa temerario. Su trabajo como profesor de literatura medieval anglosajona en Oxford hizo que casi todos los pueblos que ocupan la Tierra Media tengan elementos sacados de distintas culturas medievales.







5. Ciclo artúrico


Probablemente, la leyenda del rey Arturo sea la historia fantástica más difundida y popular del imaginario inglés. La ambientación en ese mundo medieval plagado de magos, guerreros y criaturas monstruosas sirvió como una importante fuente de inspiración para Tolkien. Desde el poder y la sabiduría de Merlín hasta la grandeza de Arturo y sus caballeros, que partieron en la búsqueda del Santo Grial afrontando todo tipo de peligros, las leyendas artúricas plantean numerosas semejanzas con las desventuras que deben soportar los habitantes de la Tierra Media y la Compañía del Anillo.





6. Las lenguas de la Tierra Media


John Ronald Reuel Tolkien sentía, desde niño, una fascinación por el lenguaje. Hasta el punto de que uno de sus principales pasatiempos en la infancia era inventar idiomas completos con los que hablar con su familia. Conforme creció, desarrolló sus estudios en filología y eso le permitió aprender (y dominar) lenguas antiguas como el latín, el gaélico, el islandés, el nórdico antiguo o el gótico. Uno de los fines que perseguía al publicar ‘El señor de los anillos’ era precisamente el dar a conocer ese mundo en el que se hablaban las lenguas que él inventó siguiendo el escrupuloso método filológico y que están casi tan completas como cualquier otro idioma actual. La lengua élfica y sus distintas variantes (quenya y sindarin) tienen influencias del latín y el indio antiguo, mientras que el idioma de los enanos y su escritura provienen principalmente de las runas nórdicas de los pueblos vikingos y el finlandés antiguo.





7. La orfandad de Frodo Bolsón


En ‘La comunidad del anillo’ se nos cuenta que Frodo Bolsón, el nuevo protagonista, perdió a sus padres Drogo y Prímula a los 12 años, por una accidente de barca. Tras esto fue acogido por su tío Bilbo (al que conocimos en ‘El hobbit’) y se fue a vivir con él, siendo educado por el anciano hobbit y su misterioso amigo Gandalf el Gris. Parece fácil encontrar cierta semejanza con la niñez del propio Tolkien, que quedó huérfano a la misma edad que Frodo y fue criado por Francis Morgan Osborne, figura por la que tuvo un gran cariño y respeto y que inspiró muchos aspectos de su vida y obra.






8. El Somme y los horrores de la guerra


En 1915, tras licenciarse en el Exeter College, Tolkien se alistó en el ejército para luchar en la Primera Guerra Mundial y fue enviado a Francia con la Fuerza Expedicionaria Británica. Allí participó en la brutal batalla del Somme como oficial de comunicaciones hasta que sufrió de las llamadas ‘fiebres de las trincheras’ y fue retirado del frente durante tres meses. Fue precisamente en este momento, y habiendo vivido la guerra muy de cerca, cuando empezó a escribir su ‘Libro de los cuentos perdidos’ que acabaría por convertirse en ‘El Silmarilion’. Su experiencia en el Somme serviría, años después, para dar forma a la Guerra del Anillo y batallas como la del Abismo de Helm o la de los Campos de Pelennor sirvieron para representar el caótico desarrollo de los combates.






9. Samsagaz Gamyi y los asistentes en el frente


En la Primera Guerra Mundial era costumbre que los hombres con estudios, formación o de buena familia recibieran altos cargos dentro del ejército mientras obreros y clases bajas eran simples soldados rasos. Tolkien utilizó la hermandad que surgía en las trincheras por parte de los soldados y el hecho de que cada oficial fuera acompañado por un asistente a todas partes para crear al personaje de Samsagaz Gamyi, el fiel siervo de Frodo que le siguió hasta los mismísimos fuegos del Monte del Destino. Esta pareja de hobbits tiene, además otro significado más simbólico: Frodo representa la racionalidad y el pensamiento lógico mientras que Sam es la personificación del sentimentalismo, complementandose ambos y siendo una nueva versión del mundo material y del mundo de las ideas de Aristóteles y Platón.






10. Beren y Lúthien


Cuando tenía 16 años, Tolkien conoció en el orfanato a la que se convertiría en el amor de su vida, Edith Mary Bratt. Debido a la diferencia de edad que existía entre ambos y el hecho de que Edith Mary fuese anglicana, el padre Francis le prohibió a John Ronald que tuviera ningún tipo de contacto con la joven hasta que ambos alcanzaran la mayoría de edad. Tolkien respetó esta prohibición y, en cuanto les fue posible, se casaron. Las dificultades que Tolkien vivió en su relación con Edith Mary inspiraron la creación de Beren y Lúthien, una pareja compuesta por un hombre y una elfa que aparece en ‘El Silmarilion’ y cuyo amor imposible sería la base de la posterior historia de Aragorn y Arwen. En la tumba de ambos, que se encuentran juntos en el cementerio de Wolvercote (Oxford), se puede leer la inscripción ‘Beren’ en la de él y ‘Lúthien’ en la de ella.







 

 

 

11. Hobbits y orcos de cosecha propia


Tolkien utilizó numerosas criaturas de la mitología europea medieval para ambientar y dar forma a su mundo, pero hay dos que desempeñan una gran importancia en su obra que fueron creadas por él. Los hobbits, esos pequeños seres de vida tranquila, surgieron de la imaginación del escritor inglés y su nombre procede, según la teoría, de la palabra ‘rabbit’ o de una unión de ‘hole builder’ refiriéndose ambas a los agujeros-hobbit en los que viven. La otra criatura que, a pesar de que ya forma parte del mundo de la fantasía, fue invención de Tolkien es el orco, ese engendro malvado que compone la vanguardia de los ejércitos de Mordor. Los orcos solían ser confundidos (incluso por el propio Tolkien) con los goblins y trasgos pero en ‘El señor de los anillos’ se resaltó la diferencia entre estas razas completamente diferentes.






12. El viejo Tom Bombadil es un sujeto sencillo, de chaqueta azul brillante y zapatos amarillos


Al principio de ‘La comunidad del anillo’, Frodo y compañía se ven en graves problemas cuando atraviesan el Bosque Viejo, pero son salvados por un curioso personaje llamado Tom Bombadil. Este tal Tom muestra, en una de las escenas más memorables del libro, tener poderes extraordinarios y conocer la historia del mundo desde antes incluso que Gandalf. El personaje, uno de los más misteriosos del universo Tolkien, hizo su primera aparición en el poema ‘Las aventuras de Tom Bombadil’ y está basado en un muñeco holandés perteneciente a su hermano Hilary que John Ronald rompió cuando era niño.








13. Los anillos de poder


Un anillo, refiriéndonos tanto a la forma como al objeto en sí, posee en casi todas las culturas y creencias un profundo simbolismo que Tolkien supo aprovechar. Para muchos pueblos, como los egipcios y los vikingos, los anillos significaban poder y victoria y eran lucidos con orgullo por gobernantes, guerreros y personas adinerados. Por otro lado, un anillo suele ser símbolo de compromiso y promesas, ya sea en las ceremonias de matrimonio católicas o en los anillos de juramentos típicos de los templos nórdicos. Por último, un anillo representa “el ser y el no ser”, ya que su propia naturaleza y forma la constituyen una circunferencia de metal, madera o similares y un vacío en el centro sin el que no sería un anillo.







14. Elfos y enanos


Estas son dos de las razas fantásticas más conocidas y que la literatura post-Tolkien ha utilizado más a menudo. Tanto los elfos como los enanos pertenecían originalmente a la mitología nórdica, siendo criaturas que se relacionaban con los dioses de Asgard y estando muy presentes en las leyendas de los pueblos escandinavos. Los enanos de Tolkien son prácticamente idénticos a los del mundo antiguo: una raza de criaturas fuertes y habilidosas que excavaban enormes ciudades en las montañas y eran famosos por sus trabajos como herreros o joyeros. Por otro lado, los elfos de Tolkien fueron un paso más allá de los originales en los que se basó, haciéndolos criaturas perfectas y puras, más próximas al plano divino que al humano.







15. El origen de la Tierra Media y las criaturas de la Primera Edad


Tolkien no se conformó con dar cierto contexto a sus historias. Él creó un mundo entero desde su nacimiento hasta su casi destrucción durante la Guerra del Anillo. El mundo de la Tierra Media fue creado por Eru Ilúvatar, una deidad superior comparable con el Dios cristiano, que dio lugar a todas las criaturas. En la mitología nórdica, los dioses se dividían en Asir y Vanir y Tolkien creó a los Ainur y los Valar a partir de estos. Los albores de la Tierra Media guardan muchas semejanzas con el origen del mundo de los nórdicos y algunas de sus criaturas más significativas, como el demonio de fuego y sombra Balrorg, pueden encontrar su equivalente en monstruos como Surtur, gigantesco ser que porta una espada llameante.







16. El cantar de los Nibelungos


Esta leyenda popular es una de las más difundidas entre los pueblos germanos y Tolkien supo plasmar en su obra algunos de sus elementos. Por ejemplo, Sigfrid se ve envuelto en una arriesgada misión de matar a un dragón y recuperar un gran tesoro en el que encuentra un anillo mágico que está maldito (¿os recuerda al argumento de ‘El hobbit’?). También encontramos paralelismos con la espada Gram, que debe ser forjada a partir de sus fragmentos rotos al igual que la Andúril de Aragorn, o la escena en la que el rey Gunter saca el anillo mágico del fondo del río Rin como hizo en su día el buen Sméagol. Incluso, si profundizamos un poco, hay ciertas semejanzas entre Hagen (Lengua de serpiente), que persuadió al rey Gunter (Théoden) con palabras envenenadas para quitarse de en medio a su leal servidor Sigfrid (Éomer).







17. MacBeth


Parecía imposible tratar la literatura inglesa sin mencionar al eterno bardo, William Shakespeare. Curiosamente, Tolkien consideraba que la obra ‘MacBeth’ contaba con dos fallos en su argumento que decidió resolver en ‘El señor de los anillos’. En el teatro de Shakespeare, las brujas profetizan al rey escocés que “nunca será vencido hasta que el Gran Bosque de Birnam a la alta Colina de Dunsinane marche contra él”, cosa que sucede cuando el ejército enemigo corta ramas de los árboles para simular que el bosque se mueve, y que “ningún hombre nacido de mujer podría matarle”, lo que se soluciona haciendo que McDuff naciera por cesárea tras la muerte de su madre. Tolkien corrigió la escena del bosque marchando con el ataque de los Ents a Isengard y la solución de la cesárea con el Rey Brujo de Angmar, de quien también se había dicho que ningún hombre podía matarle, y que cayó bajo la espada de Éowyn, la Dama Blanca de Rohan.







18. El Silmarilion, la biblia de la Tierra Media


John Ronald quiso, como ya hemos comentado, otorgar a la Tierra Media de una historia completa y llena de distintas culturas, catástrofes, leyendas y detalles. Durante años, fue redactando ese génesis fantástico en lo que él bautizó como sus ‘cuentos perdidos’ y que, años después de su muerte, su hijo Christopher Tolkien ordenaría, reuniría en un solo tomo y publicaría bajo el título de ‘El Silmarilion’. El hecho de que narre desde la creación del mundo hasta la Tercera Edad, en la que tiene lugar ‘El señor de los anillos’, además del estilo con que compuso y escribió este relato hacen que sea considerada, y con razón, la Biblia de la Tierra Media.







19. Resucitados y encarnaciones del mal


La influencia del catolicismo en la obra de Tolkien ha sido largamente analizada y debatida, ya que el autor no solía hablar sobre el simbolismo de sus personajes. Muchos estudiosos de su obra han llegado a identificar a la Dama elfo Galadriel con la Virgen María, pero hay otras semejanzas que parecen más obvias. Por ejemplo, el villano principal de ‘El Silmarilion’ es Melkor, un Valar o ángel que se rebeló contra Eru Ilúvitar y se convirtió en el maestro de todos los males de la Tierra Media. En ‘El señor de los anillos’, el mago Gandalf se sacrifica por la Compañía y resucita para seguir guiando a sus aliados hasta la victoria contra Sauron, la encarnación del mal. Incluso hay cierto grupo de jinetes negros (vale que son nueve en lugar de cuatro) que anuncian el resurgir de Sauron y el fin de la Tierra Media. El origen del diablo como ángel caído o la resurrección de Jesucristo parecen haber sido referencias directas en el desarrollo de algunos de los personajes principales de Tolkien.









20. La Comarca e Isengard


Tolkien amaba Inglaterra. Los paisajes y la historia de su país le fascinaban y era lógico que hicieran acto de presencia en su obra. Siempre se definió como un defensor y amante de la naturaleza tan característica de la campiña inglesa y manifestó abiertamente el rechazo que le producía el final de esta vida tranquila con la llegada de las grandes industrias. Esta forma de pensar se ve claramente reflejada en el estilo de vida de los hobbits y la Comarca (basada en la región de Sarehol) y en la destrucción del bosque de Fangorn a manos de Saruman para crear a su ejército de Uruk-Hai, metáfora de la industrialización que vivieron ciudades como Birmingham.










21. El mapa de la Tierra Media y la Europa de 1939


Aunque Tolkien siempre negó que hubiera algún tipo de conexión entre la Tierra Media y la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial, las coincidencias encontradas por los estudiosos del autor son muy numerosas. Si se superpone el mapa de la Tierra Media sobre uno de Europa (suponiendo que Inglaterra es la Comarca), nos encontramos con que Mordor se sitúa más o menos donde está la Alemania nazi de Hitler. Ese peligro latente que se oculta a plena vista en el este parece una pequeña crítica de Tolkien a la expansión del nazismo y el claro camino hacia la Segunda Guerra Mundial. Aunque, como decíamos, no hay nada confirmado.







22. Rohan y los anglosajones


Si las descripciones que se dan en los libros ya hacían pensar que existían ciertas semejanzas, la estética que se les concedió en las películas parecía confirmar que el fiero pueblo de Rohan estaba basado precisamente en las tribus anglosajonas y germanas del siglo IX y X. Salvo por la importancia que los rohirrim dan a sus caballos, animales con los que los anglosajones no tenían demasiada relación, Tolkien basó a los hombres de Rohan en las tribus islandesas de Beowulf (cuyo poema fue traducido al inglés por él mismo), los francos que se asentaron en la Marca Danesa y asimilaron las costumbres escandinavas y en los anglosajones que ocuparon Mercia, de los que supuestamente descendía su madre. El escudo de Rohan, un caballo blanco sobre fondo verde, está inspirado en la imagen de la White Horse Hill, a la cual Tolkien viajó con su familia mientras escribía ‘El señor de los anillos’.







23. Gondor, el nuevo Sacro Imperio Romano


El reino de Gondor se muestra casi como un concepto abstracto e ideal, el último bastión de defensa de los hombres contra Mordor y cuna de su civilización. Tolkien relató la división del reino de Gondor y Arnor frente al avance de las fuerzas de Sauron y lo comparó con los grandes imperios de la Antigüedad que habían tenido que hacer frente a la desmembración de su territorio. Desde los faraones egipcios hasta el decadente final del Imperio Romano, Gondor es ese lugar cuya cultura resulta exuberante y rica para cualquiera pero que sufre constantes divisiones y disputas internas sobre la organización de sus dominios. El reino de Gondor que se conoce en ‘El señor de los anillos’ se basa en el Sacro Imperio Romano que se enfrentó a las invasiones otomanas. Por otro lado, Minas Tirith siempre ha sido considerada como una reinterpretación de la Florencia medieval, lugar donde la cultura y el arte crecían con esplendor.











24. Los puertos grises y la isla de Avalon


Los puertos grises son el lugar desde donde los navíos élficos zarpan hacia el Oeste, su tierra natal, para vivir eternamente y no volver jamás a la Tierra Media. Al final de ‘El retorno del rey’ descubrimos que Bilbo y Gandalf han sido invitados a partir junto a los elfos, pero así también Frodo. La herida que la daga de Morgul le causó en la Cima de los Vientos y las secuelas que el anillo de poder dejaron en su mente hacen que su estancia en la Tierra Media sea insoportable, y es por ello que decide marcharse. Si echamos un vistazo a la mitología artúrica, el legendario rey es llevado por Morgana a la isla de Avalon, donde sus heridas mortales sanarían y podría descansar hasta que llegara el momento de luchar por última vez. Es muy probable que Tolkien se basara en el final del rey Arturo para crear el broche de su gran historia.











25. Aragorn, el rey prometido


En los libros, Aragorn se nos muestra como un personaje sabio y recto, consciente de su deber como rey y capaz de luchar hasta la muerte por el bien de la Tierra Media. Es uno de los personajes más perfectos de Tolkien y su personalidad e historia parecen apuntar a ciertas similitudes con Arturo Pendragón. Ambos fueron conscientes de su destino desde pequeños y preparados para ello, convirtiéndose en reyes idealizados y personajes sin sombra alguna. Las semejanzas entre Excalibur y Andúril también resultan llamativas: ambas indican el derecho a reinar, poseen cierto elemento mágico y son objetos clave en sus respectivas historias.








26. Gandalf, mago y consejero


Los elfos le llamaban Mithrandir, el peregrino gris. Gandalf es probablemente el personaje más importante de todos los creados por Tolkien, jugando un gran papel a lo largo de la historia de la Tierra Media. Por eso, es en la construcción de este donde se reúnen más influencias diferentes. Su aspecto procede de una vieja postal que Tolkien vio cuando viajó a Suiza en la que aparecía un viejo de sombrero alto y larga barba bajo el título ‘El espíritu de la montaña’, pero también cogió ciertos rasgos del mago artúrico Merlín, del dios nórdico Odín o de su tutor, el padre Francis. John Ronald Reuel Tolkien reunió en un solo personaje las influencias que marcaron su obra, lo que resalta la importancia de ese viejo perturbador de la paz en su fantástico mundo.





FUENTE: Muy Historia

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