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Los Argonath



Son dos colosales estatuas de los reyes Isildur y Anárion situadas sobre ambos márgenes del río Anduin, en la Tierra Media.

Los Argonath fueron construidos hacia el año 1248 de la Tercera Edad del Sol por orden del rey Rómendacil II de Gondor frente a Nen Hithoel, para marcar el punto en que el «Gran Río» cruzaba el antiguo límite norte del reino. Sin embargo, cuando la Compañía del Anillo pasó bajo los Argonath el 25 de febrero de 3019, en su travesía narrada en La Comunidad del Anillo, el reino de Gondor era mucho más reducido en extensión.


El monumento está compuesto por dos enormes pilares tallados, que representan a los hermanos Isildur y Anárion, hijos de Elendil, los primeros reyes humanos del Oeste. Del primero descienden los reyes de Arnor, incluido Aragorn que fue coronado rey del Reino Unificado. Del segundo descienden los reyes de Gondor. Las estatuas representan a ambos en pie a cada lado del río Anduin, en el punto en el que este entra por el norte a Nen Hithoel. Ambas están orientadas hacia el norte; la que asemeja a Isildur custodia la costa oriental, y la entrada a la provincia de Ithilien; mientras que la estatua de Anárion está en la orilla occidental para delimitar la provincia de Anórien. Las figuras representan a cada uno de los hermanos usando corona y casco, con un hacha en la mano derecha y la izquierda levantada en un gesto de desafío a los enemigos de Gondor.


El nombre Argonath significa ‘piedras de los reyes’ en sindarin: ar- (‘rey’ o ‘real’, como en Aragorn o Arador) + gond (‘piedra’, como en Gondor) + -ath (terminación de plural, empleada en ocasiones como dual). También son conocidos como «la puerta de los reyes» (Gate of Kings), «las puertas de los Argonath» (Gates of Argonath), «las puertas de Gondor» (Gates of Gondor) o «los pilares de los reyes» (Pillars of the Kings).




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Instantes de cine: la carga de los Rohirrim


Hay momentos en el cine que se te quedan grabados en la memoria. Te erizan el vello, y puedes verlos en repetidas ocasiones por lo que te llenan. A veces se debe a alguna situación puntual que relacionamos con ese momento, por la fuerza que tenga la escena o por un cúmulo de elementos que la hacen irrepetible. Cada uno tiene el suyo (o los suyos), y no hay nada más grande que compartir ese momento con el resto. Por esta razón, hoy quiero hablar de una de las escenas más míticas de los últimos años, y que estoy seguro de que muchos compartirán conmigo: la carga de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor, durante la última parte de la trilogía de El señor de los anillos: El retorno del rey (2003).

El retorno del rey es una película larga, muy larga. Son más de 3 horas del cierre de una de las trilogías más épicas y famosas de toda la historia del cine. Esta parte está llena de escenas para el recuerdo, y aunque tiene grandes discursos y otros momentos que pueden ser igual de destacados, a nivel personal, mi favorita es esta.




Escuchar el cuerno de Rohan cuando todo parece que está perdido en Minas Tirith, ya de entrada, supone una alegría. Compartimos la alegría de los personajes que se encuentran luchando en la ciudad, tras una cruel batalla, que ha sido prácticamente invadida por las huestes del enemigo a batir, Sauron. Millones y millones de orcos parecen estar a punto de romper la última línea de defensa de la capital del reino de Gondor. Gandalf (Ian McKellen) y Pippin (Billy Boyd) resisten y tienen una conversación que parece destinada a ser la última. Y en ese momento, llegan los Rohirrim.

Los Rohirrim son los jinetes del pueblo de Rohan, una nación que rinde culto a los caballos y que son su principal seña de identidad. Este pueblo ya tuvo su presentación y su protagonismo en la película anterior de la saga: Las dos torres (2002), con otra batalla para el recuerdo, la del abismo de Helm. Durante toda la película hemos visto cómo se reunían y se preparaban para dirigirse a Gondor, y ayudar a su pueblo hermano. El momento en el que aparecen, encabezados por Theoden (Bernard Hill), rey de Rohan, es simplemente perfecto. En un solo vistazo a la ciudad y acompañado de un plano general de Minas Tirith, el rey comprende la grave situación a la que se están enfrentando en Gondor. Pero eso no le amedranta, al contrario.

Tras una reflexión en voz en off, Theoden lanza un discurso que es simplemente perfecto. Lo transcribo:

“Avanzad, sin temor a la oscuridad.
Luchad jinetes de Theoden.
Caerán las lanzas, se quebrarán los escudos. Aún restará la espada.
Rojo será el día, hasta el nacer del sol.
Cabalgad, cabalgad, cabalgad hacia la desolación y el fin del mundo.
Muerte, muerte, muerte.”

Escuchar esto en ese momento, mientras Theoden pasa de punta a punta prácticamente de toda su primera línea de jinetes para arengar a las tropas, es simplemente uno de esos momentos en los que el cine merece la pena, y justifica toda su existencia. El retorno del rey, solo por contener este momento, ya tiene mucha más fuerza que un sinfín de películas.



Entre los jinetes se encuentran otros personajes que ya conocemos de las películas anteriores: Éoywn (Miranda Otto), Merryn (Dominic Monaghan) o Éomer (Karl Urban). Todos ellos se dirigen a la carga contra las huestes de orcos que rodean Minas Tirith, para poder romper la línea y liberar a la ciudad.

Tras la arenga de Theoden, sólo dan ganas de montarse a un caballo que no tienes y cabalgar junto a él. Por supuesto, su caballería está por la labor y se une al motivador discurso de su rey. Ante esto, los orcos, que en un principio no se tomaban demasiado en serio la amenaza, empiezan a inquietarse. Poco a poco, los jinetes de Rohan inician la cabalgata, cada vez a mayor ritmo. Al mismo tiempo, los ejércitos de Sauron se remueven incómodos.

Al final, llega un momento en el que la caballería de Rohan, sus hombres, toman un ritmo imparable. Los orcos se asustan y algunos optan por abandonar la primera línea de batalla. Los gritos de los jinetes de Rohan son ya ensordecedores, junto al galopar de sus caballos. Llegas a sentir realmente lo que es estar dentro de ese momento, de esa batalla.




En un hermoso plano aéreo, el director Peter Jackson tira de épica y de efectos especiales, para mostrar como los Rohirrim están ya encima de los orcos. Todo ello acompañado por una música sublime de Howard Shore, que hasta ese momento sólo ha ido in crescendo. 

Para cuando la música cesa, se pasa al brutal choque para el que te han ido preparando durante los minutos previos, y toda la épica y la emoción contenidas hasta ese momento estalla, se libera en un encuentro que es simplemente espectacular.

Los caballos de Rohan rompen la línea de defensa de los orcos, destrozando todo a su paso, como una marea imparable. Los ejércitos enemigos son arrollados y aniquilados sin compasión por unos hombres deseosos de venganza, de derrotar de una vez por todas a Sauron y liberar a la ciudad hermana de Minas Tirith. La fuerza de ese momento es indescriptible, a pesar de intentar narrarlo con palabras, me quedo corto. 

Planos cortos de los hombres de Theoden destrozando orcos se intercalan con planos generales de la secuencia. Hay sangre y muerte, casi real, como toda batalla. Tras el arrollador choque, los orcos se retiran, huyen despavoridos ante la fuerza del ejército de Rohan, que ha cumplido su objetivo.

Por desgracia para nuestros héroes, esta era sólo la primera parte de la batalla. Los Hombres del este, venidos desde lejos para ayudar a Sauron, llegan con sus enormes olifantes para enfrentarse a los Rohirrim. Theoden lo ve asombrado y rápidamente ordena el contraataque. Una vez liberada Minas Tirith, ahora toca enfrentarse a este otro enemigo.



Sin entrar en detalles sobre el resultado de esta escena que viene a continuación, y que ya no pertenece a la famosa carga de los Rohirrim, hasta este momento todo ha sido perfecto. A quién no se le ha erizado la piel al ver el vídeo de Theoden y sus Rohirrim cargando contra los ejércitos de Mordor. Es difícil no emocionarse, no compartir sus ganas de enfrentarse al enemigo.

Muchas veces en las películas, la épica tiende a forzarse, se subraya con música y largos discursos para arengar. En esta escena de El retorno del rey, apenas necesitan unas líneas y una sublime música, el momento es brutal e irrepetible. Como comentaba más arriba, la película es el cierre de una historia gigante, y contiene muchas otras escenas que también son impresionantes. A pesar de que ni siquiera es el clímax de la película, se siente como tal. 


Pero por la razón que sea, la carga de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor, tiene algo especial que la convierten en uno de esos momentos que justifica la existencia del cine. Simplemente irrepetible. Emoción. De esto también va el cine.


FUENTE: Cinemoción.es

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CONTACT (Robert Zemeckis, 1997): La perspectiva cósmica y el "síndrome del astronauta".


CONTACT (Robert Zemeckis, 1995)
, es una película, basada en la novela del que fuera gran divulgador del mundo de la astronomía Carl Sagan, que está protagonizada por Jodie Foster como la astrónoma Ellie Arroway y Matthew McConaughey como Palmer Joss, nos plantea el clásico conflicto entre Ciencia y Religión a partir de la llegada de una señal de origen extraterrestre que incluye un mensaje que, una vez descifrado, resulta contener el diseño de lo que parece ser una nave para transportar a un viajero a la fuente del origen de esa señal. La elección de ese viajero, como un representante del planeta Tierra, establece el conflicto en cuestión. ¿Qué condiciones debe reunir para que el máximo de la humanidad se vea representado? 


Lo que me interesa destacar de esta película, más que el conflicto citado, hace referencia a la experiencia que Elli Arroway sufre durante su extraño viaje que, finalmente, realizará desde una plataforma construida en paralelo en el Japón, en la isla de Hokkaido, tras un atentado de un fundamentalista cristiano que destruye una primera nave y al tripulante elegido, David Drumlin – interpretado por Tom Skerrit -. Por ello me centraré esencialmente en las escenas finales de la película.


En primer lugar, y durante el viaje que, aparentemente, realiza a través de agujeros de gusano, la lleva a contemplar una galaxia, y ante la gran belleza de la imagen Ellie exclama: “Es un acontecimiento celestial. No hay palabras... no hay palabras... Es poesía. Debieron enviar un poeta." Esa invocación al poeta ya hace referencia a la descripción de algo a lo que el lenguaje científico no puede acceder, y que confronta al ser humano ante la inmensidad del Universo  y la belleza de sus manifestaciones. Algo que toca lo más profundo del alma humana y que muchos poetas y filósofos han definido como la perspectiva cósmica, una perspectiva que genera nuevas visiones y que hace percibir al ser humano su lugar en el cosmos.





La experiencia que sufre Ellie está descrita por los cambios que se han registrado en algunos de los astronautas, y que recibe el nombre del "síndrome del astronauta", y que ante la contemplación del planeta Tierra, con sus colores azules de los grandes océanos, del blanco de las grandes masas de nubes o los distintos tonos marronosos de los continentes, suspendida en el vacío, bajo el fondo oscuro roto por los millones de pequeños puntos blancos correspondientes a estrellas y lejanas galaxias, se caracteriza por las palabras que Ellie describe al final de la película, cuando comparece ante el congreso: "recibí un don maravilloso, algo que me cambió para siempre, una visión del Universo que nos dice, sin la menor duda, lo diminutos e insignificantes, y lo raros y preciosos que somos. Una visión que nos dice que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos..."


Vista de la Tierra desde la Luna. Foto tomada por el Apolo XI.

El "síndrome del astronauta" coincide con dos sentimientos que están relacionados y que fueron definidos por Rudol Otto en relación a la experiencia religiosa: el sentimiento de criatura y lo numinoso. Lo numinoso lo podemos percibir en la reacción de Ellie cuando contempla la galaxia que se le ofrece a su mirada. Observamos en ella el estremecimiento que produce en el ser humano el encuentro con algo que se percibe simultáneamente como misterioso, majestuoso, tremendo y fascinante, y que derivan en un sentimiento de sobrecogimiento y anonadamiento, de pequeñez, de infimidad, el sentimiento de criatura. Ambos sentimientos se relacionarían, en este caso, con la posición que coloca al ser humano la perspectiva cósmica antes citada, y que expresa tan claramente Ellie cuando dice haber adquirido "una visión del Universo que nos dice, sin la menor duda, lo diminutos e insignificantes, y lo raros y preciosos que somos." 



La película refuerza el sentimiento de lo numinoso con el extraño encuentro que mantiene Ellie con los supuestos alienígenas - del que no quedarán pruebas demostrables -, quienes eligen un escenario virtual basado en un dibujo que realizó de pequeña - las playas de Pensacola -, y en el encuentro con la imagen de su padre (David Morse), como una manera de facilitar el encuentro. Como en otras películas, el alien nos observa como "una especie interesante, una mezcla interesante, capaces de los sueños más hermosos y de las más horribles pesadillas. Os sentís tan perdidos, aislados, tan sólos..." Y la recomendación es sabida: "... pero no lo estáis. Verás, a lo largo de nuestra búsqueda el vacío se ha hecho soportable porque nos tenemos los unos a los otros". No es que el alien diga algo desconocido. Cognitivamente todos lo entendemos, pero el ser humano tiene una dimensión narcisista, una complejidad emocional y pulsional que, como bien advierte el alien, lo hace especialmente complejo ("mezcla interesante" lo llama amablemente). Esto que cognitivamente podemos entender, es lo que la perspectiva cósmica, como impacto en la consciencia, permite comprender más plenamente a nivel emocional y hace que nuestra mirada sea menos antropocéntrica y más cósmica.




Estos mismos sentimientos los encontramos en varios de los astronautas del proyecto Apolo y otros, como Wubbo Ockels, el primer astronauta holandés y tripulante del transbordador espacial, quien reconocía la dificultad de expresar en palabras el carácter de la experiencia que se vive allí arriba, en el espacio. En todo caso, en varios de ellos se despiertan los sentimientos de amor y de servicio, y también un sentimiento de protección hacia la Tierra-madre, como muchos de ellos la llaman, así como el ya descrito sentimiento de criatura. Vaya, como un ejemplo, la declaración de Edgar Michell, tripulante del Apolo 14, y el hombre que estuvo más horas en la Luna, quien dice: "Desarrollas una conciencia global instantánea, una orientación hacia la gente, una intensa insatisfacción con el estado del mundo y el impulso de hacer algo. Desde lo alto de la Luna, la política internacional parece insignificante. Te dan ganas de coger a un político del cuello y arrastrarlo a cuatrocientos mil kilómetros de la Tierra para decirle: ¡Mira-bien!" 

Para acabar quisiera citar las siguientes palabras del filósofo Pierre Hadot, quien dice: "Sin viaje cósmico interior, sin mirada desde lo alto vivida como ejercicio espiritual de desprendimiento, de liberación, de purificación, los viajeros del espacio seguiran llevando la tierra con ellos al espacio, no la Tierra parte del cosmos, si no la tierra símbolo de lo humano demasiado humano, la mezquindad humana" [1] y acaba diciendo que, en estas condiciones: "El espacio corre entonces el riesgo de no ser más que el teatro ampliado de estas absurdas guerras de religión - o económicas, añado yo - que continuan desgarrando a la humanidad  en los inicios del siglo XXI. La conquista del espacio corre el riesgo de proporcionar solamente un campo más vasto a la locura humana." [2]


[1] Hadot, Pierre. No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales. Siruela, pág. 89.
[2] Ídem anterior, pág. 89.




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El Bestiario de Tolkien y las criaturas de la Tierra Media, ilustradas en una fantástica infografía




J.R.R Tolkien fue el artífice de uno de los universos más épicos y extensos de toda la literatura existente. Su habilidad para construir un mundo tan vasto como lo es la Tierra Media y otros continentes inventados por él sigue siendo una hazaña increíble hoy en día. Todos los habitantes del imaginario de Tolkien, incluso las criaturas más raras que aparecen en solo algunas páginas en sus libros, tienen una historia de fondo que se vincula con otras razas y hace de su obra una experiencia compleja y a la vez gloriosa.


De hecho, las descripciones, los bocetos y las notas detalladas de Tolkien son tan específicos que configuró por completo las diferentes criaturas y cómo serían. Lástima que nunca vivió para poder verlas en la gran pantalla.


Si bien la mayoría de fans suelen estar más familiarizados con las adaptaciones cinematográficas de Peter Jackson, las sagas de El Hobbit y El Señor de los Anillos (que ocupan principalmente los eventos de la Guerra del Anillo) eso es solo la punta del iceberg. Tanto los viajes de Bilbo como de Frodo Bolsón, esos hobbits amantes de la comodidad, que por motivos del destino son enviados en complicadas misiones a lo largo de la Tierra Media ocurren en lo que Tolkien define como la Tercera Edad.


¿Qué quiere decir eso? Que en las películas se han obviado siglos de historia que ya han tenido lugar cuando la mayoría de nosotros nos familiarizamos por primera vez con Arda y su gente. Arda, para quien no haya leído El Silmarillion, es como el autor llama a su versión ficticia de la Tierra, que abarca tanto la Tierra Media como Valinor, el reino oriental al que parten los Elfos al final de El Retorno del Rey.


Tolkien se inspiró en la historia, la mitología, la filosofía y las religiones del mundo, así como en sus propias experiencias luchando en la Primera Guerra Mundial para crear su mundo de fantasía y sus habitantes. "Hay un anillo para gobernarlos a todos". Pero, ¿quiénes son "todos"? La diseñadora Elena Fever ha traducido y adaptado una infografía preciosa sobre esas criaturas que habitan el imaginario de Tolkien.



Puedes ver el gráfico en su máxima resolución aquí.


En ella encontramos desde elfos, la más antigua y noble de las razas hablantes de la Tierra Media, los primeros hijos de Eru Ilúvatar en venir al mundo y más tarde encontrados por los Valar, como los enanos, también llamados Naugrim, Khazâd y Gonnhirrim: grandes conocedores de la minería y orfebrería y poseedores de una gran longevidad. O los orcos, una raza de criaturas humanoides concebida por Morgoth y que originalmente le sirvieron. Más tarde servirían a su sucesor, Sauron, en su búsqueda por hacerse con el anillo único y dominar la Tierra Media.


Sin embargo, el gráfico no incluye muchas otras criaturas como los Maiar y los Valar, los seres más poderosos del universo de Tolkien. Descendientes de los espíritus mágicos, la mayoría de estos magos de la Tierra Media se trasladaron a las Tierras Imperecederas de Valinor, donde existen como energía pura que nunca puede ser destruida. Aunque hay otros Maiar que adoptaron formas humanas para ayudar al bien o al mal.



Puedes ver el gráfico en su máxima resolución aquí.


Por suerte, la diseñadora Elena Fever ha creado un gráfico donde sí aparecen todas estas criaturas y razas. Por ejemplo, los Nazgûl, que en lengua negra significan "Espectros del Anillo" y eran sirvientes del señor oscuro Sauron. Originalmente grandes guerreros de los Hombres a los que les dieron los nueve anillos de poder que les hicieron inmortales. Sin embargo, eventualmente los corrompieron. La infografía se completa con todo tipo de bestias como las arañas, trolls, huargos, y cada una de las razas de elfos, humanos, enanos y orcos.


Ahora que la serie de Amazon Prime Video Los Anillos de Poder nos ha hecho volver a la Tierra Media y esta semana concluye su primera temporada, estos gráficos son una buena manera para ampliar nuestra comprensión sobre este extenso y vasto universo ficticio.

Gráficos traducidos y adaptados por Elena Fever.


FUENTE: Xataca

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Puro sentimiento




Leer sobre el final de la saga del Witcher escuchando esto... ¿puede haber algo más emocionante?




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