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El pulso sísmico que se repite cada 26 segundos desde hace 60 años


¿La Tierra late? El registro constante de ondas que emanan frente a África occidental y recorren el planeta desconcierta la ciencia. Desde oleaje hasta procesos volcánicos ocultos bajo el Atlántico, cuáles son las teorías sobre su origen




Cada 26 segundos, la Tierra emite un latido sordo, una vibración que atraviesa continentes y océanos con una regularidad desconcertante. No es un fenómeno meteorológico ni un simple ruido de fondo: se trata de un microsísmo que, durante más de seis décadas, aparece puntualmente en los instrumentos de estaciones sísmicas de todo el planeta. Sin embargo, aún se desconoce su origen y las razones de este fenómeno.




El foco de ese pulso se ubica en el Golfo de Guinea, frente a la costa occidental africana. Allí el fenómeno se registra como una señal firme y monocorde que desafía explicaciones fáciles. Es demasiado estable para ser atribuida al azar, y lo suficientemente intensa como para interferir en estudios científicos de fondo.


Las teorías sobre su origen van desde el impacto persistente de olas oceánicas contra la plataforma continental africana, hasta procesos volcánicos o magmáticos bajo el Atlántico. Hasta ahora, ninguna propuesta aporta una respuesta definitiva. El latido invisible recorre el planeta, multiplicando las preguntas y desafiando los límites de la geofísica tradicional.



El hallazgo en los años sesenta

A comienzos de la década de 1960, Jack Oliver, geólogo del Observatorio Geológico Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, detectó la señal al revisar registros en diversas estaciones. Pronto notó que se trataba de algo diferente: una frecuencia estable y una periodicidad tan marcada que destacaba incluso en instrumentos poco sofisticados.


Oliver publicó el hallazgo en 1962 en el Bulletin of the Seismological Society of America. Definió el fenómeno como “una tormenta mundial de microsismos con periodos de unos 26 segundos”. Este pulso persistió durante varios días y se propagó globalmente, comportamiento muy diferente de los microsismos habituales, que son breves y caóticos. Su claridad permitió descartar explicaciones sencillas, como el viento o el mal funcionamiento de los equipos.


Desde el principio, Oliver sugirió dos hipótesis: una apuntaba a olas de gran longitud golpeando la plataforma continental en el Golfo de Guinea, generando ondas Rayleigh; la otra, a procesos magmáticos bajo el Atlántico sur. Ambas alternativas subrayaban la interacción entre mar y geología como origen probable del misterio.




Décadas después, medios como Discover y Popular Mechanics retomaron la historia, describiéndola como un “pitido sísmico regular” que sigue activo desde hace más de sesenta años. Incluso sin la tecnología actual, Oliver impulsó un debate científico que aún continúa abierto.



El Golfo de Guinea bajo sospecha


A medida que avanzaron las investigaciones, la evidencia se concretó: los registros sísmicos de África, Europa y América apuntaban a una región precisa del Atlántico, cerca de la bahía de Bonny y de la isla de Santo Tomé. Desde allí partían —cada 26 segundos— las ondas Rayleigh detectadas en todo el mundo.


En 1963, Oliver reforzó esta hipótesis con testimonios de marinos y capitanes que navegan por la zona en los días del pulso. Hablaron de oleajes inusualmente potentes, olas que superaban muros portuarios en Ghana y Nigeria, y daños en embarcaciones amarradas.


El capitán del African Moon, según recoge el trabajo de Oliver, relató averías en su barco: el mar agitaba tanto el puerto de Tema que las amarras se rompían una y otra vez, pese a estar resguardados.


Estos datos respaldaron la idea de olas largas nacidas de tormentas lejanas en el Atlántico sur, capaces de viajar miles de kilómetros y golpear la plataforma africana, donde la geografía del Golfo de Guinea funcionaría como un tambor natural. “La coincidencia entre los registros sísmicos y los reportes marítimos es demasiado precisa como para ser ignorada”, escribió Oliver.



Sin embargo, la proximidad del epicentro a Santo Tomé abrió otra línea: ¿podría tratarse de un temblor generado por procesos magmáticos o hidrotermales bajo la isla? El dilema: en el área no hay volcanes activos ni signos en superficie —como burbujeos, cambios térmicos o emisiones de gas— que sostengan la hipótesis.




Nuevas pistas, viejas dudas




El siglo XXI trajo nuevas herramientas. La expansión de redes sísmicas globales y el análisis de ruido ambiental permitieron una búsqueda más fina. En 2006, un equipo liderado por Nikolai Shapiro reveló que el pulso proviene del Golfo de Guinea y viaja a unos 3,5 km por segundo, la velocidad típica de las ondas Rayleigh. Descubrieron, también, que la señal aumentaba en el invierno del hemisferio sur, señal de un posible vínculo con fenómenos oceánicos.


En 2013, un estudio publicado en Geophysical Journal International detectó dos fuentes diferentes en el Golfo de Guinea. Una, con frecuencia de 0,036 Hz, se encontraba cerca del volcán de Santo Tomé y parecía tener un motivo volcánico. La otra, de 0,038 Hz —el célebre pulso de 26 segundos— no podía explicarse con movimientos tectónicos ni con el impacto de olas.

La hipótesis oceánica perdió un poco de fuerza. Las olas sí generan microsismos, pero suelen provocar señales más dispersas, no una vibración tan monocromática y persistente.

Por otro lado, los procesos volcánicos pueden producir temblores de frecuencia estable, aunque en la zona del segundo foco sigue sin encontrarse evidencia de volcanes activos. “La señal de 0,038 Hz permanece sin explicación dentro de los modelos actuales”, concluyeron los científicos en su trabajo.

Al cumplirse medio siglo del primer registro, el enigma no hace más que crecer: hay dos focos, y ninguna explicación plenamente convincente.




El enigma se amplía




En 2023, un estudio liderado por Charlotte Bruland y Céline Hadziioannou y publicado en Nature Communications Earth & Environment reveló otro matiz: los glides, o deslizamientos de frecuencia, asociados al mismo microseísmo.


Analizando datos de Marruecos, Camerún y otros continentes, el equipo comprobó que, durante algunos periodos, la señal constante se acompañaba de incrementos progresivos de frecuencia que podían durar días.


Estos glides salían siempre del mismo lugar y arrancaban en la misma frecuencia que el pulso clásico. Su comportamiento repetitivo apunta a la existencia de un proceso físico desconocido, capaz de producir tanto una señal continua como variaciones armónicas. Según las autoras, “es un fenómeno que obliga a repensar lo que sabemos sobre las señales sísmicas de largo periodo”.


Las explicaciones volcánicas consideran sistemas hidrotermales o magmáticos que resuenan y liberan energía de forma intermitente, posiblemente modulados por gases o la geometría de los conductos subterráneos.


También se exploran hipótesis oceánicas: tormentas lejanas en el Atlántico sur que envían oleajes excepcionales hacia la plataforma africana. Ninguna teoría, sin embargo, consigue explicar la regularidad, persistencia y potencia de esta señal detectada durante más de seis décadas.


A pesar del avance científico y la acumulación de datos, el microseísmo de 26 segundos sigue sin explicación. El Golfo de Guinea mantiene su pulso constante, un eco que los sismólogos registran con precisión, pero cuya causa última permanece oculta.


En esa vibración que cruza el planeta, la ciencia reconoce tanto una fuente de frustración como una promesa: la posibilidad de que ese latido oculte una clave aún desconocida para entender la dinámica profunda de la Tierra.

FUENTE: Infobae

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Los Argonath



Son dos colosales estatuas de los reyes Isildur y Anárion situadas sobre ambos márgenes del río Anduin, en la Tierra Media.

Los Argonath fueron construidos hacia el año 1248 de la Tercera Edad del Sol por orden del rey Rómendacil II de Gondor frente a Nen Hithoel, para marcar el punto en que el «Gran Río» cruzaba el antiguo límite norte del reino. Sin embargo, cuando la Compañía del Anillo pasó bajo los Argonath el 25 de febrero de 3019, en su travesía narrada en La Comunidad del Anillo, el reino de Gondor era mucho más reducido en extensión.


El monumento está compuesto por dos enormes pilares tallados, que representan a los hermanos Isildur y Anárion, hijos de Elendil, los primeros reyes humanos del Oeste. Del primero descienden los reyes de Arnor, incluido Aragorn que fue coronado rey del Reino Unificado. Del segundo descienden los reyes de Gondor. Las estatuas representan a ambos en pie a cada lado del río Anduin, en el punto en el que este entra por el norte a Nen Hithoel. Ambas están orientadas hacia el norte; la que asemeja a Isildur custodia la costa oriental, y la entrada a la provincia de Ithilien; mientras que la estatua de Anárion está en la orilla occidental para delimitar la provincia de Anórien. Las figuras representan a cada uno de los hermanos usando corona y casco, con un hacha en la mano derecha y la izquierda levantada en un gesto de desafío a los enemigos de Gondor.


El nombre Argonath significa ‘piedras de los reyes’ en sindarin: ar- (‘rey’ o ‘real’, como en Aragorn o Arador) + gond (‘piedra’, como en Gondor) + -ath (terminación de plural, empleada en ocasiones como dual). También son conocidos como «la puerta de los reyes» (Gate of Kings), «las puertas de los Argonath» (Gates of Argonath), «las puertas de Gondor» (Gates of Gondor) o «los pilares de los reyes» (Pillars of the Kings).




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El poeta anarquista que inventó el Metegol


"Me dolía ver a aquellos niños cojitos, tan tristes porque no podían jugar al balón con los otros niños...Y pensé: si existe el tenis de mesa, ¡también puede existir el fútbol de mesa!".

Fue así como en 1937, quien por entonces se llamaba Alejandro Campos Ramírez, poeta anarquista inventó el Metegol, ("Taca-Taca" o "Futbolín") para la niñez víctima de la Guerra Civil Española.

Esta es una breve historia de cómo Campos Ramírez se las ingenió para crear un rústico metegol que alivió el dolor de la niñez víctima de una guerra brutal.


"Conseguí unas barras de acero y un carpintero vasco refugiado allí, Javier Altuna, me torneó los muñecos en madera. La caja de la mesa la hizo con madera de pino, creo, y la pelota con buen corcho catalán, aglomerado. Eso permitía buen control de la bola, detenerla, imprimir efecto”, así le expresó Alejandro Campos Ramírez al periodista catalán Víctor Amela.

Alejandro era un joven gallego, residente en el pueblito de Finisterre. Soñaba con ser arquitecto, pero ofició de albañil. Su alma bohemia y busquilla que le permitió conseguir un trabajo de junior en una imprenta. Al fin estaba cerca de quienes cultivaban una de sus mayores pasiones: la poesía. Por esos años se definía a sí mismo como un idealista práctico, una versión de libertario que quería crear aquí y ahora el mundo nuevo que llevaba en su corazón. Las ganas de hacer carne los ideales eran su bandera. 

Fue en ese contexto que estalló la Guerra Civil española.

Una bomba hizo pedazos su casa y quedó con graves dificultades respiratorias y un problema crónico en una de sus piernas. “Era el año 1937. Me gustaba el fútbol, pero yo estaba cojo y no podía jugar». Fue de esta forma como, empatizando con los niños y niñas que la guerra mutiló, tomó la resolución de crear una herramienta que aliviara los amargos días de los pequeños inocentes. Patentó la invención en Barcelona en enero de 1937, a la vez que el primer pasahojas de partituras accionado con el pie, creado para una chica pianista de la que estaba enamorado.

Viendo que la Dictadura de Franco iba a terminar asesinándolo, emigra a Francia cruzando los Pirineos a pie, con la desgracia de perder durante el viaje el documento de la patente que llevaba.

Ya en París, en el año 1948, gracias a la patente del pasahojas, consiguió ganar algo de dinero con el que marchó a Quito (Ecuador), donde fundó la revista Ecuador 0°, 0', 0" en la que le dedicaba cada número a poetas de un país diferente. Más tarde, en 1952, fue al Cabo de Santa María en Guatemala, donde mejoró su futbolín y empezó a fabricarlos, haciendo un buen negocio. Esto sucedió mientras había democracia en ese país, ya que tras el golpe de Estado del coronel Carlos Castillo Armas fue robado y secuestrado por sus ideales republicanos, quedando sin nada de valor.


Agentes especiales españoles lo embarcaron en un avión con dirección a España, pero pudo escapar, se refugió en el lavabo del avión y construyó una bomba ficticia envolviendo una pastilla de jabón con papel de aluminio. Con esa "bomba" amenazó a la tripulación y ganó el favor de los viajeros luego de decirles que era "un refugiado español". El avión se desvió a Panamá, en lo que fue uno de los primeros secuestros de avión.

Llegó luego a Guatemala. Retoma la poesía y perfecciona su Futbolín, como le llamó al invento. Más tarde marchó a México, donde encontró amigos poetas y escritores. Allí permaneció dedicándose a las artes gráficas y a la edición. Fundó y presidió la Editorial Finisterre Impresora, desde la que editó la revista del centro gallego de México y diferentes libros de poetas, entre los que se encuentran León Felipe y Juan Larrea. Además fue redactor de El Nacional y editó un facsímil de la revista Galeusca y el primer libro de poemas de Ernesto Cardenal.

Ya radicado en México, cambió su nombre para homenajear a su pueblo. Desde entonces y hasta ahora, sería Alejandro Finisterre.

Humilde, no quiso ningún reconocimiento por el invento que tantas jornadas nos ha alegrado a todos. “Bah..., de no inventarlo yo, lo hubiese inventado otro...”, señaló hace un tiempo. Murió en 2007, confiando en que objetos como el humilde Taca-Taca, fruto del ingenio y la empatía, serían imperecederos, pese al avance de la tecnología.

En sus últimos días escribió: "Yo creo en el progreso: hay un impulso humano hacia la felicidad, la paz, la justicia y el amor, ¡y ese mundo un día llegará!”


Fue su esposa la soprano de trayectoria internacional María Herrero Palacios, natural de Baños de Valderados, en la comarca de la Ribera. Alejandro Finisterre o Alexandre de Fisterra o Alexandre Campos Ramírez, falleció en Zamora, en su casa del barrio de Pinilla, a la edad de 87 años, el 9 de febrero de 2007. Sus cenizas fueron esparcidas en el Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora y en el Atlántico en Finisterre.




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Jacques-Yves Cousteau

"El hombre lleva el peso de la gravedad en sus hombros. Sólo tiene que bajar al fondo del mar para sentirse libre".



 

Jacques-Yves Cousteau (pronunciación en francés: /ʒak iv kusto/; Saint-André-de-Cubzac, 11 de junio de 1910-París, 25 de junio de 1997) fue un oficial naval francés, explorador, investigador y biólogo marino que estudió el mar y sus habitantes. Desarrolló el Aqua-Lung junto con Émile Gagnan, fue pionero en la conservación marina, y miembro de la Academia Francesa. La importancia de Cousteau en las leyes internacionales de conservación y sus aportes a la tecnología del buceo son invalorables y perduraran por muchos años. 

Nacido en Saint-André-de-Cubzac, Francia, en 1910 dedicó toda su vida al mar, antes de ser conocido investigó las maneras de hacer mas seguro y cómodo el buceo, fruto de ello es el “Regulador de oxígeno” que inventó junto con Émile Gagnan en 1943, esto permitió hacer inmersiones mas profundas, prolongadas y seguras sin la conexión con la superficie.

Luego de casarse con Simone, comenzó su tarea de investigador oceanográfico, colaboró con el descubrimiento y clasificación de cientos de nuevas especies marinas, ferviente defensor del medio ambiente es el principal impulsor de el destino científico de la Antártida apartándola de afanes políticos.

Con su barco “Calypso” recorrió todos los océanos y mares del mundo filmando cientos de documentales, los primeros filmados íntegramente bajo el agua, que fueron vistos en casi todos los países del mundo. En 1960 se hizo famoso por interrumpir el paso de un tren con residuos tóxicos y radioactivos franceses que iban a ser arrojados al mar. En una reunión coordinada por el príncipe Rainiero entre De Gaulle y Cousteau, el presidente Francés le dijo: “Usted debe ser más comprensivo con las investigaciones nucleares”, a lo cual Cousteau le respondió: "No señor, son sus investigaciones las que deben ser más comprensivas con nosotros”.

Las Naciones Unidas lo nombraron embajador permanente en la “Conferencia Internacional del Medio Ambiente” y la Nathional Geographic le otorgó la medalla de oro, varios artistas compusieron temas sobre él, aunque el mas destacado es el que le hizo su compatriota “Jean Michell Jarre” con su disco “Waiting for Cousteau” en el que se destaca su tema “Calypso”. 

El 25 de junio de 1997 a los 87 años de edad falleció en París, Francia, su funeral se realizó en la Catedral de Notre-Dame, al que asistieron miles de personas. La “Sociedad de investigaciones marinas "Jacques Cousteau” sigue funcionando mientras sus cenizas descansan en su ciudad natal Saint-André-de-Cubzac.


"La razón de que haya hecho películas sobre el mundo submarino reside simplemente en mi creencia de que la gente protege aquello que ama".


 "Cerrar los ojos a la naturaleza solo nos hace ciegos en un paraíso de tontos".


 "Siempre he explicado a los periodistas que nosotros no teníamos ningún objetivo, ninguna idea de qué íbamos a encontrar en una misión".


 "Las personas solo amamos aquello que conocemos, así de ingenuos somos".


 "Para el delfín y la ballena, la felicidad es existir. El hombre debe descubrir esto y maravillarse por ello".


 -Jacques-Yves Cousteau 

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Exoplanetas Helados y Rocosos

Click para ver completo

Este póster visualiza más de 800 exoplanetas conocidos que se cree que son rocosos o terrestres, ordenados según la cantidad de calor que reciben, comparando sus tamaños relativos y proporcionando una ventana a cómo podrían verse.

Desde el descubrimiento de los primeros exoplanetas conocidos en 1992, en órbita alrededor del púlsar PSR B1257+12, hemos encontrado y confirmado más de 5.332 mundos distintos y diversos en más de 3.930 sistemas estelares repartidos por toda nuestra galaxia.

A grandes rasgos, pueden dividirse en gigantes gaseosos similares a Júpiter o Saturno, gigantes de hielo como Neptuno y planetas rocosos como Mercurio, Venus y la Tierra, algunos de los cuales podrían albergar vida.

Sin embargo, no todos ellos son similares a los planetas de nuestro sistema solar; hemos descubierto mundos exóticos muy diversos, como júpiteres calientes con nubes de roca fundida, mundos de agua cubiertos por un superocéano de una profundidad insondable, planetas de lava al rojo vivo o planetas más oscuros que el carbón.

Con la ayuda de modelos científicos e información actualizada, este póster intenta visualizar artísticamente más de 800 exoplanetas conocidos que se cree que son rocosos o terrestres, ordenados según la cantidad de calor que reciben de sus estrellas, comparando sus tamaños relativos y proporcionando una ventana a cómo podrían ser.

Gracias a métodos como la espectroscopia doppler, la microlente y la fotometría de tránsito, podemos estimar con bastante precisión las dimensiones y la masa de muchos planetas, así como calcular la cantidad de calor que les llega desde su estrella

El telescopio espacial Kepler, en particular, ha proporcionado los datos más valiosos y precisos.




Los planetas con un radio inferior a 1,6 veces el de la Tierra son probablemente planetas terrestres con un interior formado en su mayor parte por roca y metal, la mayoría de los cuales tiene una superficie sólida. Más allá de este punto, es probable que los planetas acumulen cada vez más gases, llegando a parecerse más a una versión caliente de Urano, con una atmósfera gaseosa en transición hacia un manto líquido.

La mayoría de los planetas terrestres conocidos pertenecen a una clase de "supertierras", hasta varias veces más masivas que nuestro planeta.

Los mundos terrestres más fríos estarían cubiertos por una corteza de diversos hielos, como hielo de agua, hielo seco, metano o incluso nitrógeno sólido. Con una atmósfera suficientemente densa de nitrógeno, metano o amoníaco, los planetas terrestres fríos podrían poseer lagos y ríos de amoníaco líquido o diversos hidrocarburos, como la luna Titán de Saturno. Podrían poseer un océano de agua líquida bajo la superficie, donde podría surgir la vida cerca de los respiraderos hidrotermales.

Los mundos helados exóticos podrían presentar nubes criogénicas y lluvia de nitrógeno líquido, neón, monóxido de carbono u oxígeno.

Por encima de una temperatura de equilibrio de -100 °C, con una atmósfera suficientemente densa, los planetas podrían poseer ya lagos u océanos de agua líquida, lo que los haría potencialmente habitables. Algunos exoplanetas podrían estar totalmente cubiertos de agua líquida, formando un océano global de decenas de kilómetros de profundidad.

Dado que las primeras formas de vida se desarrollaron en la Tierra muy poco después de su formación, es probable que muchos planetas de la zona habitable posean al menos vida unicelular primitiva.

Cuanto más tiempo pase un planeta en la zona habitable tras su formación, mayor será la probabilidad de que haya vida compleja en su superficie. Muchos planetas en órbita alrededor de estrellas enanas rojas, como el sistema TRAPPIST, podrían seguir siendo habitables durante cientos de miles de millones de años en el futuro, aunque la mayor actividad estelar y la llamarada de muchas estrellas de este tipo podrían dificultarlo.

Se calcula que sólo en nuestra galaxia hay casi 9.000 millones de planetas del tamaño de la Tierra dentro de la zona habitable de su estrella, ¡más de un planeta por cada persona viva!

En el límite interior de la zona habitable, los planetas con una temperatura de equilibrio superior a 40 ºC pueden sufrir un efecto invernadero galopante. Toda su agua se evaporaría en la atmósfera en forma de vapor, provocando un aumento de las temperaturas en la superficie del planeta hasta niveles inhóspitos.



Muchos de estos planetas acabarían como Venus: el viento solar se llevaría todo el hidrógeno de su atmósfera de vapor, dejando una atmósfera seca y caliente de dióxido de carbono y nitrógeno. Las nubes de estos planetas probablemente estarían compuestas de ácido sulfúrico y otros compuestos de azufre, como en Venus.

A medida que los planetas se calientan, es cada vez más difícil conservar una atmósfera debido al viento estelar y al calor. Los planetas rocosos pequeños probablemente perderían la mayor parte de su atmósfera, por lo que serían desnudos, grises y rocosos.

Sin embargo, los planetas suficientemente grandes podrían seguir teniendo atmósfera, con neblinas de hollín y nubes formadas por diversos compuestos de azufre, cloruros o incluso sal fundida.

Los planetas de más de 800 °C son lo bastante calientes como para irradiar visiblemente un color rojo apagado. A temperaturas aún más altas, el calor puro combinado con los efectos de las mareas fundiría partes de la superficie de los planetas, creando lagos y océanos de lava.

Los planetas rocosos más calientes podrían estar completamente fundidos, con nubes y lluvia de silicatos, vidrio fundido o incluso corindón y hierro.

Es probable que los planetas cercanos a su estrella progenitora estén bloqueados por las mareas, como la Luna lo está por la Tierra. Un lado del planeta estaría siempre orientado hacia la estrella, mientras que el otro estaría envuelto en una oscuridad permanente.


Veamos algunos de los exoplanetas más interesantes de los cientos que se pueden encontrar en el póster.

TRAPPIST-1B:

Es uno de los ocho planetas que orbitan alrededor de una estrella enana roja muy pequeña y débil. Es probable que todos los planetas del sistema sean terrestres, y tres de ellos se encuentran en la zona habitable. Todos ellos encajarían bien en la órbita de Mercurio, y los planetas se acercan tanto entre sí que los planetas vecinos pueden parecer tan grandes y brillantes en el cielo nocturno como nuestra Luna.

PRÓXIMA B:

Exoplaneta terrestre ligeramente mayor que la Tierra, situado en la zona habitable de Próxima Centauri, la estrella más cercana al sistema solar, a 4,25 años luz de distancia. En el futuro, es probable que sea el primer exoplaneta al que enviemos una sonda. Utilizando el motor Orión, diseñado para acelerar una nave espacial detonando continuamente miles de bombas termonucleares detrás de ella, tal viaje podría durar menos de un siglo.

KEPLER-277B:

Un planeta rocoso "megaterrestre" casi tan masivo como Saturno, cuya masa le hace contraerse hacia el interior. Su superficie es sólida y su gravedad aplastante, más de 10 veces superior a la de la Tierra.

55 CANCRI E:

Planeta con un océano de lava que cubre toda su superficie. Es probable que el interior del planeta esté compuesto en gran parte por carbono, la mayor parte en forma de diamante.

KEPLER-70B:

Posiblemente el exoplaneta más caliente conocido, con una superficie más caliente que la del Sol. En su origen, podría haber sido un gigante gaseoso al que su estrella despojó de todos sus gases, dejando sólo un núcleo de roca y metal. El planeta acabará completamente vaporizado por el calor de su estrella.

Los sistemas de anillos de la infografía son un añadido artístico. No es inconcebible que muchos planetas rocosos de la galaxia tengan un sistema de anillos. El propio Marte tendrá su propio sistema de anillos en el futuro, cuando su luna Fobos se acerque demasiado al planeta.


FUENTE: Halcyon Maps


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Cómo se formará el próximo supercontinente en la Tierra

 


Hace casi 500 años, el cartógrafo flamenco Geradus Mercator produjo uno de los mapas más importantes del mundo.


Ciertamente no fue el primer intento de crear un atlas mundial, y tampoco fue particularmente preciso: Australia está ausente y las Américas están dibujadas de forma aproximada.


Desde entonces, los cartógrafos han producido versiones cada vez más precisas de esta configuración continental, corrigiendo los errores de Mercator, así como los sesgos entre hemisferios y latitudes creados por su proyección.

Pero el mapa de Mercator, junto con otros producidos por sus contemporáneos del siglo XVI, reveló una imagen verdaderamente global de las masas terrestres de nuestro planeta, una perspectiva que, desde entonces, ha persistido en la mente de la gente.


Lo que Mercator no sabía es que los continentes no siempre han estado posicionados de esta manera. Él vivió alrededor de 400 años antes de que se confirmara la teoría de la tectónica de placas.



Al mirar las posiciones de los siete continentes en un mapa, es fácil suponer que están fijos. Durante siglos, los seres humanos han librado guerras y hecho la paz por conquistar estos territorios, bajo el supuesto de que su tierra, y la de sus vecinos, siempre ha estado allí y siempre lo estará.


Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra, los continentes son hojas a la deriva en medio de un estanque. Y las preocupaciones humanas son una gota de lluvia en la superficie de la hoja.

Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea. Y antes de eso, hay evidencia de otros que se remontan a más de tres mil millones de años: Pannotia, Rodinia, Columbia/Nuna, Kenorland y Ur.


Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea.



Los geólogos saben que los supercontinentes se dispersan y ensamblan en ciclos: ahora estamos en la mitad de uno.

Entonces, ¿qué tipo de supercontinente podría existir en el futuro en la Tierra? ¿Cómo se reorganizarán las masas de tierra tal como las conocemos a muy largo plazo?


Un terremoto inusual


Resulta que hay al menos cuatro trayectorias diferentes que podrían seguir. Y muestran que los seres vivos de la Tierra algún día residirán en un planeta muy diferente, más parecido a un mundo alienígena.

Para el geólogo Joao Duarte de la Universidad de Lisboa, el camino para explorar los futuros supercontinentes de la Tierra comenzó con un evento inusual en el pasado: un terremoto que sacudió Portugal un sábado por la mañana en noviembre de 1755.


Fue uno de los terremotos más poderosos de los últimos 250 años, que dejó un saldo de 60.000 muertos y provocó un tsunami a través del océano Atlántico. Lo que lo hizo particularmente raro fue su ubicación.


"No debería haber grandes terremotos en el Atlántico", dice Duarte. "Fue extraño".


Ilustracion del terremoto de Lisboa de 1755.


Los terremotos de esta escala generalmente ocurren en o cerca de las principales zonas de subducción, donde las placas oceánicas se sumergen debajo de los continentes y se derriten y consumen en el manto caliente.

Involucran colisión y destrucción. El terremoto de 1755, sin embargo, ocurrió a lo largo de un límite "pasivo", donde la placa oceánica que subyace al Atlántico se transforma suavemente en los continentes de Europa y África.


Proyecciones

En 2016, Duarte y sus colegas propusieron una teoría de lo que podría estar pasando: los puntos de sutura entre estas placas podrían estar deshaciéndose y podría estar avecinándose una ruptura importante.


"Podría ser una especie de mecanismo infeccioso", explica. O como el vidrio que se astilla entre dos pequeños agujeros en el parabrisas de un automóvil.

Si es así, una zona de subducción podría estar a punto de extenderse desde el Mediterráneo a lo largo de África occidental y tal vez más allá de Irlanda y Reino Unido, generando volcanes, formación de montañas y terremotos en estas regiones.


Duarte se dio cuenta de que, si esto sucede, podría provocar el cierre del Atlántico. Y si el Pacífico continuara cerrándose también, lo que ya está ocurriendo a lo largo del "Anillo de Fuego" que lo rodea, eventualmente se formaría un nuevo supercontinente. Lo llamó Aurica, porque las antiguas masas de tierra de Australia y las Américas se ubicarían en su centro.


Se vería así:

Aurica, el supercontinente que podría formarse si el Atlántico y el Pacífico se cerraran


Luego de que Duarte publicara su propuesta para Aurica, se preguntó por otros escenarios futuros. Después de todo, la suya no era la única trayectoria supercontinental que habían propuesto los geólogos.

Entonces, comenzó a conversar con el oceanógrafo Matthias Green, de la Universidad de Bangor, en Gales. La pareja se dio cuenta de que necesitaban a alguien con habilidades computacionales para crear modelos digitales.


"Esa persona tenía que ser alguien un poco especial, a quien no le importara estudiar algo que nunca sucedería en escalas de tiempo humanas", explica.


Esa resultó ser su colega Hannah Davies, otra geóloga de la Universidad de Lisboa. "Mi trabajo consistía en convertir dibujos e ilustraciones de geólogos anteriores en algo cuantitativo, georreferenciado y en formato digitalizado", explica Davies. La idea era crear modelos que otros científicos pudieran desarrollar y perfeccionar.


Pero no fue sencillo. "Lo que nos ponía nerviosos es que se trata de un tema increíblemente nuevo. No es lo mismo que un artículo científico normal", dice Davies. "Queríamos decir: 'Está bien, entendemos mucho sobre la tectónica de placas después de 40 o 50 años. Y entendemos mucho sobre la dinámica del manto y todos los demás componentes del sistema. ¿Hasta dónde podemos llevar ese conocimiento al futuro?'".


Esto llevó a cuatro escenarios. Además de modelar una imagen más detallada de Aurica, exploraron otras tres posibilidades, cada una de las cuales se proyecta hacia el futuro en aproximadamente entre 200 y 250 millones de años a partir de ahora.

El primero fue lo que podría pasar si continúa el statu quo: el Atlántico permanece abierto y el Pacífico se cierra. En este escenario, el supercontinente que se forma se llamará Novopangea. "Es el más simple y el más plausible según lo que entendemos ahora", dice Davies.


Novopangea se formará si la actividad tectónica conocida hoy continúa sin sorpresas


Sin embargo, también podría haber eventos geológicos en el futuro que conduzcan a situaciones diferentes.


Un ejemplo es un proceso llamado "ortoversión" donde el océano Ártico se cierra y el Atlántico y el Pacífico permanecen abiertos. Esto cambia las orientaciones dominantes de la expansión tectónica, y los continentes se desplazan hacia el norte, todos dispuestos alrededor del Polo Norte, excepto la Antártida.


En este escenario, se forma un supercontinente llamado Amasia:


Si se forma Amasia, será porque los continentes se desplazaron hacia el norte


Finalmente, también es posible que la expansión del lecho marino en el Atlántico pueda disminuir. En el medio del océano, hay una cresta gigante que divide dos placas y atraviesa Islandia hasta el océano Antártico.


Aquí, se está formando nueva litosfera, que es como una cinta transportadora. Si esta expansión se ralentizara o se detuviera, y si se formara un nuevo límite de placa en subducción a lo largo de la costa este de las Américas, se obtendría un supercontinente llamado Pangea Ultima, que parece un enorme atolón:



Pangea Ultima se vería rodeado por un gran océano, pero tiene un mar central dentro


Estos cuatro modelos digitales ahora significan que los geólogos tienen una base para probar otras teorías. Por ejemplo, los escenarios podrían ayudar a los científicos a comprender los efectos de diferentes arreglos supercontinentales en las mareas, así como el clima del futuro profundo: ¿cómo sería el clima en un mundo con un océano enorme y una masa terrestre gigante?


Para modelar el clima de un supercontinente, "no se pueden usar los modelos del IPCC [Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático], y punto, porque no están diseñados para eso", dice Duarte. "No puedes cambiar las variables que necesitas cambiar".


Exoplanetas

Los modelos de los futuros supercontinentes de la Tierra también pueden servir como indicador para comprender el clima de los exoplanetas. "La futura Tierra es completamente ajena", explica Davies. "Si estuvieras en órbita sobre Aurica, o Novopangea, probablemente no lo reconocerías como la Tierra, sino como otro planeta con colores similares".


Esta idea llevó al trío a colaborar con Michael Way, físico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Él y sus colegas buscan estudiar climas en mundos alienígenas modelando las variaciones del nuestro a lo largo del tiempo.


"Solo tenemos tantos ejemplos de cómo puede verse un clima templado. Bueno, tenemos un ejemplo para ser honesto: la Tierra, pero tenemos la Tierra a través del tiempo", dice Way. "Tenemos los escenarios del pasado, pero al movernos hacia el futuro y usar estos maravillosos modelos tectónicos para el futuro, esto nos brinda otro conjunto para agregar a nuestra colección".


Necesitas tales modelos porque puede ser difícil saber qué buscar al analizar exoplanetas potencialmente habitables desde lejos.


¿Qué tipo de configuración continental podrían tener los mundos extraterrestres rocosos?


Lo ideal sería saber si un planeta tiene un ciclo de supercontinente, porque la presencia de vida y la tectónica de placas activas podrían estar entrelazadas. El posicionamiento continental también podría afectar la probabilidad de agua líquida.


A través de los telescopios, no se pueden ver los continentes y la composición atmosférica solo se puede inferir. Entonces, los modelos de variaciones climáticas podrían revelar alguna señal indirecta que los astrónomos podrían detectar.


Variaciones


El modelo de Way de los climas del supercontinente -que se demoró meses usando una supercomputadora- reveló algunas variaciones sorprendentes entre los cuatro escenarios.


Amasia, por ejemplo, conduciría a un planeta mucho más frío que el resto. Con la tierra concentrada alrededor del Polo Norte y los océanos menos propensos a llevar corrientes cálidas a latitudes más frías, se acumularían capas de hielo.

Aurica, por el contrario, sería más suave, con un núcleo seco pero con costas similares a las de Brasil hoy día, con más agua líquida.


Un planeta con una configuración continental diferente, tendría otro clima.


Es útil saber todo esto, porque si un exoplaneta similar a la Tierra tiene placas tectónicas, no sabremos en qué etapa del ciclo del supercontinente se encuentra actualmente y, por lo tanto, necesitaremos saber qué buscar para inferir su habitabilidad.

No debemos suponer que las masas terrestres se dispersarán, a mitad de ciclo, como la nuestra.


En cuanto al futuro de nuestro propio planeta, Davies reconoce que los cuatro escenarios de supercontinentes que han modelado son especulativos, y puede haber sorpresas geológicas imprevistas que cambien el resultado.


"Si tuviera una Tardis para ir a ver, no me sorprendería que, en 250 millones de años, el supercontinente no se pareciera en nada a ninguno de estos escenarios. Hay tantos factores involucrados", dice.


Sin embargo, lo que se puede decir con certeza es que las masas de tierra que damos por sentadas algún día se reorganizarán en una configuración completamente nueva.

Los países que alguna vez estuvieron aislados unos de otros serán vecinos cercanos. Y si la Tierra aún alberga seres inteligentes, podrán viajar entre las antiguas ruinas de Nueva York, Pekín, Sídney y Londres sin ver un océano.


FUENTE: BBC News

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El lado oscuro de los vegetarianos: ni más ecológicos ni más sanos


Así lo asegura Lierre Keith, autora de 'El mito vegetariano', que sostiene que, frente a la creencia de los veganos, la agricultura está haciendo un daño incalculable al planeta
"La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros", explica la escritoria, quien fue vegana 20 años... hasta que su dieta le pasó factura
Ni fertilizantes ni antibióticos: así es el granjero más revolucionario del mundo

«La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre». Lo dijo un tal Thomas Malthus allá por 1798. Según sus cálculos, 1880 era la fecha estimada para que la situación fuera insostenible. Pero no tuvo en cuenta hambrunas ni guerras, que diezmaron la población mundial, ni el desarrollo exponencial de las revoluciones industriales que estaban por llegar. Y, sin embargo, esa guillotina sigue ahí, amenazando con cortarnos la cabeza por culpa de un crecimiento que no parece conocer límites.


Esos límites existen y ya los hemos rebasado. Tal y como está montado el tinglado, en 2050 seremos cerca de 10.000 millones de habitantes en este maravilloso y loco planeta. Según varios estudios, la producción de alimentos deberá crecer hasta un 50% para poder satisfacer las demandas de la población. ¿Cómo podemos frenar antes de llegar a ese punto de no retorno? Si, según la FAO, 815 millones de personas pasan hambre hoy en día, ¿cuántas morirán de inanición en 2050? Intentamos adentrarnos en este laberinto de datos, predicciones catastrofistas, modas alimentarias y el poder omnímodo de la industria alimentaria.


La solución mágica para mejorar la alimentación, la salud y combatir los daños que sufre el medio ambiente reside en los vegetales. O eso afirman algunos. Era algo indudable para Lierre Keith, escritora feminista y ecologista, autora de El mito vegetariano (Capitán Swing), un libro a medio camino entre el diario personal, el ensayo y la llamada a las armas. Keith se agarró a esa idea como algo irrefutable durante los 20 años que fue vegana, hasta que su cuerpo dijo basta. Lo que ahora pretende poner en cuestión es la identidad construida en torno al vegetarianismo, tratando de desmontar las razones morales, políticas y de salud que esgrimen los veganos. No siempre lo consigue, pero al disparar contra todo y contra todos provoca al menos un debate que se antoja necesario.


«La gente que más se preocupa por la destrucción medioambiental no entiende que son parte del problema», explica por teléfono desde California. «Hasta que no comprendamos qué es lo que está causando esa destrucción no seremos capaces de pararla. Estoy hablando específicamente de la agricultura». La mayoría de veganos creen que su dieta a base de vegetales es lo mejor que pueden hacer para detener el desastre ecológico. «Y están completamente equivocados, no por sus valores, que son perfectamente válidos, sino porque no entienden que la agricultura es la cosa más destructiva que los humanos le han hecho al planeta», subraya.


Los veganos que esgrimen argumentos éticos para no comer animales se aferran a la idea de que no participan en la muerte de ningún ser vivo. Sus manos no están manchadas de sangre y, por tanto, su conciencia está tranquila. «Los monocultivos arrasan a los habitantes originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra», afirma en el libro. «Es una limpieza biológica, un biocidio. No es pacífico. No es sostenible. Y cada pequeña porción de alimento está cargada de muerte». La agricultura industrial acaba con la riqueza del suelo, desplaza y extingue especies, modifica los cauces de los ríos, los deseca y contamina: «La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros»






LOS VEGANOS NO ENTIENDEN QUE LA AGRICULTURA ES LO MÁS DESTRUCTIVO QUE LOS HUMANOS LE HAN HECHO AL PLANETA  Lierre Keith, autora de 'El mito vegetariano' 



Keith es consciente de que hasta el 70% del grano que se produce en el mundo está destinado al consumo animal, una manera eficaz de engordar al ganado para producir carne barata pero no exenta de riesgos y consecuencias devastadoras. «Todo lo que dicen sobre la ganadería industrial es verdad. Es una actividad cruel, despilfarradora y destructiva». Pero, sostiene Keith, comerse una hamburguesa de tofu y una de ternera no difiere tanto en cuanto al impacto que eso tiene en el medio ambiente y en la biodiversidad. 


¿Es cierto que cuanta más carne comemos más huella de carbono tiene nuestra alimentación? 

El problema real es que sólo se tienen en cuenta los costes medioambientales de la carne de ganadería industrial, que tiene una gigantesca huella de carbono porque está alimentando a los animales erróneamente. Sobre todo se utiliza maíz, que contribuye directamente al calentamiento global, porque todos sus fertilizantes están hechos a base de petróleo y gas. Pero el maíz no es el alimento natural de los rumiantes, sino la hierba. En el momento en el que pones de nuevo al ganado a comer pasto, recuperas un sistema biológico que funciona a la perfección y que absorbe carbono en vez de liberarlo. El problema no son los rumiantes, sino la dependencia del ser humano de los combustibles fósiles. 



Luis Ferreirim, portavoz de Agricultura de Greenpeace, está de acuerdo con Keith en que «uno de los grandes problemas de la agricultura industrial es la uniformidad. Son cultivos que generan una dependencia brutal de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, lo que provoca desequilibrios ecológicos muy grandes. Eso tiene graves consecuencias sobre el medio ambiente, desde la contaminación directa de suelos y agua, hasta poner en riesgo especies tan fundamentales para la agricultura como los polinizadores».


Eso sí, Ferreirim prefiere poner el foco en el desperdicio alimentario: «La propia FAO asume que la Revolución Verde, que se diseñó para incrementar de forma exponencial la producción de alimentos, es un modelo agotado y nos ha dejado una herencia terrible. Ese modelo productivista nos ha llevado a producir tal cantidad de cereales que al final estamos tirando una tercera parte, un excedente con el que se podría alimentar a la población que tendremos en 2050».

Chúpate ésa, Malthus.


La Revolución Verde de la que habla el portavoz de Greenpeace se inició a finales de los años 60 y estaba basada en variedades de alto rendimiento de granos de cereales, distribución de semillas híbridas, fertilizantes sintéticos y pesticidas. La iniciativa se vio reforzada en EEUU, sostiene Keith, «por una política pública que defendía que todo el mundo debía adoptar una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos. Fue un experimento llevado a cabo con toda la población estadounidense. 50 años después, podemos decir que todo lo que consiguieron fue hacernos más gordos, más enfermos y más estúpidos. Y no son insultos, sino la descripción de una realidad. Es algo que nos ha destruido».


Ahora llegamos al otro caballo de batalla de la autora de El mito vegetariano, la principal razón por la que se lanzó a escribir el libro: su deteriorada salud. Tras 20 años de dieta vegana, desarrolló una enfermedad degenerativa articular (espondilosis) que la acompañará el resto de su vida. A eso hay que sumarle episodios de hipoglucemia, agotamiento, náuseas, ansiedad, depresión, desaparición de la regla... Síntomas que se encarga de ligar a las deficiencias de su dieta en las páginas del libro. 



LA AGRICULTURA ES CARNÍVORA: LO QUE COME SON ECOSISTEMAS Y LOS INGIERE ENTEROS. ES UN BIOCIDIO. CADA PEQUEÑA PORCIÓN DE ALIMENTO ESTÁ CARGADA DE MUERTE 



¿Culpa a la alimentación vegana de todas sus enfermedades? 

Sí, porque todas mejoraron cuando dejé de serlo. Algunas desaparecieron por completo, otras son permanentes, pero al menos sufro mucho menos dolor que antes. Para mí no hay duda alguna: comer una dieta con presencia de grasas de animales que yo misma crío ha hecho mi vida mejor y más sana. Es muy habitual que me escriban veganos y ex veganos. Y muchos de ellos sufren exactamente los mismos problemas de salud que yo tuve. Puedes darte cuenta de cuando una ideología anula la realidad física porque la gente es capaz de hacer cosas terribles por un supuesto bien común. Algunos de ellos son fanáticos, y aunque ven con sus propios ojos cómo se deteriora su salud y la de sus hijos, siempre anteponen su ideología. 


Para confrontar su versión, consultamos la opinión de Aitor Sánchez, dietista-nutricionista del Centro de Alimentación Aleris y autor del libro Mi dieta cojea (Ediciones Paidós). «Es posible tener una dieta vegana que no afecte a la salud o que sea beneficiosa si está bien planificada. ¿Cuál es el conflicto? Que mucha gente adopta esta dieta por su cuenta y riesgo, como quien sigue una dieta omnívora mal diseñada y acaba con problemas de salud como los que se ven en nuestro entorno».


En el día a día recibimos un bombardeo constante. Aliméntate a base de quinoa y aguacate como si no hubiera un mañana (a pesar del impacto que eso pueda tener en los productores locales). No te olvides del bífidus y los omega-3. Come menos carne y lácteos. Estos consejos nos llegan de todas las fuentes posibles, algunas fiables, otras no tanto. ¿En quién confiar? «Conviene dejarse guiar por el sentido común y el rigor científico, y eso a veces no es nada fácil», apunta Sánchez. «Si no son gurús, te está intentando timar la industria alimentaria, o puede que des con sanitarios desactualizados y con anuncios de televisión que dicen barbaridades. Hay demasiados intereses privados de por medio. Los dietistas-nutricionistas nos dedicamos a esto pero sucede, como en cualquier otra profesión, que el hecho de serlo no te garantiza tener buenas pautas. Conviene fiarse de profesionales actualizados, rigurosos e independientes».


Lierre Keith asume que las decisiones personales no van a transformar el ritmo vertiginoso al que agotamos los recursos y la fertilidad del suelo. La catástrofe malthusiana sigue ahí, acechando sobre nuestras cabezas. Lo que defiende, y en esto están de acuerdo los tres entrevistados, es que la respuesta tiene que proceder de técnicas agrícolas que garanticen la diversidad. La ganadería extensiva, el policultivo de plantas vivaces y el consumo de proximidad son las armas más eficaces, según ellos, en esta lucha por la sostenibilidad del planeta y sus habitantes.

FUENTE:EL MUNDO
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El hombre que en 1938 “descubrió” el calentamiento global pero nadie quiso escuchar

El ingeniero británico canadiense Guy Stewart Callendar tomó la meteorología como un pasatiempo y fue el primero en descubrir que la temperatura del planeta había aumentado. Murió en 1966, sin recibir el reconocimiento por su profecía de la catástrofe que se viene.


El aumento de la temperatura global ya es de 1,1 grados respecto de la era preindustrial y podría incrementarse a entre 1,5°C y 2°C para 2030, Callendar pensó que esto podría ocurrir dentro de cientos de años





Faltaba un año para que se desatara la Segunda Guerra Mundial cuando Guy Stewart Callendar, un científico británico canadiense, notó mientras observaba a través de las estaciones meteorológicas del mundo que las temperaturas se habían incrementado a lo largo de los últimos años. Fue una señal tenue pero a la vez concreta. Estaba pasando.

Eso lo llevó a buscar en el archivo de las investigaciones sobre una posible causa, y todo lo que leyó apuntaba a las emisiones de dióxido de carbono, consecuencia directa de la Revolución Industrial. Pensó que si se duplicaban las concentraciones del CO2 el mundo podría girar y girar hacia un aumento de 2°C con el paso de los siglos. Lo llamó “efecto Callendar”, e incluso en ese momento creyó que un poco más de clima cálido podía ser beneficioso para el planeta.

No pasó ni siquiera un siglo. Ochenta y tres años más tarde, la humanidad y el resto de los seres vivos de la Tierra ya estamos amenazados por aquello que Callendar detectó solo. La última cumbre COP 26 en Glasgow, Escocia, días atrás, dejó la preocupación en nivel de alerta máxima. El cambio climático ya complica la vida en todas las regiones del planeta.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC) presentó un informe en agosto pasado con predicciones catastróficas si no se logran disminuir las emisiones de CO2 y de gas metano ni se detiene la deforestación: el aumento de la temperatura global ya es de 1,1 grados respecto de la era preindustrial y podría incrementarse a entre 1,5°C y 2°C para 2030. El año que se termina, de hecho, dejó cientos de muertes por inundaciones, olas de calor, huracanes e incendios forestales. Estos eventos son cada vez más comunes y más intensos. Y según los científicos es consecuencia del cambio climático.

Callendar, nacido en Montreal, Canadá en 1898, lo vio, con las limitaciones técnicas de la época, en 1938, a sus 40 años. Ingeniero especialista en tecnología de vapor, tomó la meteorología como un pasatiempo y desde ahí empezó a escuchar y leer comentarios sobre otras personas que al mirar el historial meteorológico veía ciertos aumentos de temperatura. Entonces comparó los registros de 147 estaciones meteorológicas de todo el mundo y pudo constatar que las temperaturas efectivamente habían aumentado durante el siglo anterior, el XIX.

“Callendar fue el primero en descubrir que el planeta se había calentado. Recopiló mediciones de la temperatura mundial y sugirió que este calentamiento estaba relacionado con las emisiones de dióxido de carbono”, explicó el profesor Phil Jones, de la Universidad de East Anglia en Norwich, que estudió el legado del científico.


Guy Stewart Callendar, ingeniero especialista en tecnología de vapor, tomó la meteorología como un pasatiempo y fue el primer en descubrir que la temperatura del planeta había aumentado


El científico concluyó que durante los últimos cien años la concentración del gas había aumentado aproximadamente el 10%. Callendar entendió que el aumento podría explicar el calentamiento detectado. Él había leído a sus colegas del siglo anterior, que se dieron cuenta de que los gases de la atmósfera provocan un “efecto invernadero” que afecta la temperatura del planeta. Ellos estaban interesados principalmente en la posibilidad de que un nivel más bajo de gas de dióxido de carbono pudiera explicar las edades de hielo del pasado distante.

Entre ellos estaba el sueco Svante Arrhenius, quien calculó que las emisiones de la industria humana podrían traer algún día un calentamiento global, pero muchos de sus colegas descartaron su idea, la consideraron errónea. En 1896 completó un trabajoso cálculo numérico que sugirió que reducir a la mitad la cantidad de CO2 en la atmósfera podría bajar la temperatura en Europa unos 4 ó 5°C, es decir, a un nivel de la Edad de Hielo.

Pero esta idea solo podría responder al enigma de las edades de hielo si realmente fueran posibles cambios tan grandes en la composición atmosférica. Para esa pregunta, Arrhenius contactó a un colega, Arvid Högbom, quien había compilado estimaciones sobre cómo el dióxido de carbono circula a través de procesos geoquímicos naturales, incluida la emisión de los volcanes o la absorción por los océanos.

En el camino se le ocurrió una idea extraña, casi increíble para la época: calcular las cantidades de CO2 emitidas por las fábricas y otras fuentes industriales. Así, descubrió que las actividades humanas estaban agregando dióxido de carbono a la atmósfera a una velocidad aproximadamente comparable a los procesos geoquímicos naturales que emitían o absorbían el gas. Otro científico lo resumiría una década más tarde: la humanidad estaba “evaporando” las minas de carbón en el aire. El CO2 liberado por la quema de carbón en 1896 elevaría el nivel apenas en una milésima parte, pero eso podría ser un incremento significativo si continuaban el tiempo suficiente. Exactamente lo que ocurre.

Pero en su momento, Arrhenius no lo vio eso un problema. Calculó que si la industria continuaba quemando combustible al ritmo de 1896, se necesitarían quizás 3.000 años para que el nivel de CO2 subiera de modo que aumente la temperatura del planeta 4 grados. Högbom, de hecho, dudaba que alguna vez se elevara tanto.


Los huracanes y las mareas altas son otras de las consecuencias del aumento de la temperatura global



Arrhenius planteó la posibilidad de un calentamiento futuro en un artículo científico muy divulgado en su época y en un libro publicado en 1908, cuando la tasa de quema de carbón ya era significativamente más alta que en 1896. El científico sugirió que el calentamiento global podría ser notorio en “unos pocos siglos” en lugar de milenios. Sin embargo lo mencionó solo de pasada durante una discusión sobre de lo que realmente interesaba a los científicos de su tiempo: la causa de las edades de hielo. Arrhenius no había descubierto del todo el calentamiento global, sino solo un curioso concepto teórico.

Pero en 1938, apareció Callendar, con su argumento de que el nivel de dióxido de carbono estaba subiendo y elevando la temperatura global. A él tampoco le prestó demasiada atención la mayoría de los científicos de la época, que encontraron sus argumentos inverosímiles, a pesar de los antecedentes de Arrhenius.

Para el futuro, Callendar estimó, sobre bases vistas desde ahora endebles, que una duplicación del CO2 podría traería gradualmente un aumento de 2°C en un futuro lejano. Aunque entendió que las emisiones industriales ya eran mucho mayores que en la época de Arrhenius, Callendar nunca imaginó la escalada exponencial que haría posible la duplicación a finales del siglo XXI.

“La gente se mostró escéptica sobre algunos de los resultados de Callendar, en parte porque la acumulación de CO2 en la atmósfera no era muy conocida y porque sus estimaciones del calentamiento causado por el CO2 eran bastante simplistas para los estándares modernos”, comentó Ed Hawkins, del Centro Nacional de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Reading, autor en 2013 junto a Phil Jones de un artículo que revisita el legado de Callendar.




Para el científico canadiense con el paso de los siglos el aumento podría desencadenar un cambio hacia un clima más cálido y autosuficiente. Eso no le pareció una mala perspectiva, pero tampoco lo vio tan claro porque también él estaba interesado en la era de las glaciaciones.

A pesar de que no fue tomado muy en cuenta, los libros de texto de climatología de las décadas de 1940 y 1950 incluían breves referencias a sus estudios. La mayoría de los meteorólogos dio poca entidad a la idea de Callendar. Desconfiaban de que el CO2 hubiera aumentado en la atmósfera.

“Fue solo en la década de 1950, cuando los instrumentos mejorados mostraron con mayor precisión cómo el agua y el CO2 absorbían la radiación infrarroja, que llegamos a una mejor comprensión de la importancia de las emisiones de carbono. Los científicos de la época tampoco podían creer realmente que los humanos pudieran afectar un sistema tan grande como el clima, un problema que la ciencia climática todavía encuentra en algunas personas hoy en día, a pesar de la evidencia convincente de lo contrario”, agregó Hawkins.

“Las estimaciones de Callendar para la cantidad de calentamiento observado han resistido la prueba del tiempo y concuerdan notablemente bien con los análisis más modernos del mismo período. Lo que hace que el trabajo de Callendar sea más notable es que era un aficionado que hacía todos los tediosos cálculos él mismo en su tiempo libre, a mano, sin el uso de computadoras”, se sorprende Jones.


En años en los que ya parece no haber más tiempo para dilatar una decisión seria sobre el calentamiento global, la figura de Callendar reapareció entre los expertos que se juntaron en la COP26 de Glasgow. Si el debate sobre la influencia del hombre en el clima global es hoy uno de los temas que pone en jaque la supervivencia de la especie humana, es en parte responsabilidad del ingeniero canadiense, que alertó sobre la cuestión mucho antes y casi sin saber lo que decía.

“Las alarmas son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable: las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación están asfixiando nuestro planeta y poniendo a miles de millones de personas en riesgo inmediato. El calentamiento global está afectando a todas las regiones de la Tierra, y muchos de los cambios se vuelven irreversibles”, remarcó en agosto pasado el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. Callendar murió en Londres a los 66 años, antes de que, tristemente, el planeta, herido de gravedad, le diera la razón.


FUENTE:Infobae
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El terror de las ballenas.

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