• La paradoja de Fermi

    Todo el mundo siente algo cuando está en un sitio desde el que se ven muy bien las estrellas en una noche especialmente estrellada y mira hacia arriba y ve esto. El físico Enrico Fermi también sintió algo: ”¿Dónde está todo el mundo?”...

  • Grandes imágenes de la ciencia

    Una colección de 20 imágenes que hicieron historia en diversos campos de la ciencia.

  • ¿Qué te hace a tí?

    Cuando dices la palabra "yo", probablemente entiendes bastante claro lo que eso significa. Pero cuando te detienes y realmente piensas en ello por un minuto, y reduces a su núcleo al "YO" , las cosas comienzan a ponerse bastante extrañas.

  • Porque se niegan a salvar animales en peligro de extinción

    Cada 50–100 millones de años, en la Tierra se produce la muerte masiva de hasta el 95 % de todas las especies que la habitan. Los científicos están de acuerdo en que ahora estamos en proceso de experimentar otra extinción. Y, por eso, algunos expertos creen que salvar las especies que peligran en estas circunstancias no tiene sentido, porque todo debe seguir su propio curso.

  • Hechos que inspiraron la Tierra Media

    John Ronald termina de revisar el texto, tacha con su pluma los errores y lo puntúa con la precisión milimétrica que le caracteriza. Lo deja a un lado, es el vigesimoquinto examen que corrige y su mente empieza a cansarse. Algo le hace volver a los exámenes y, sobre el primero del montón, plasma con su pluma una pequeña idea: “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit”.

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Artesanía nivel Asia




Impresionante nivel de artesanía para darle hasta el más mínimo detalle al "Venganza de la Reina Anna" de la saga Piratas del Caribe.






 

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Los Argonath



Son dos colosales estatuas de los reyes Isildur y Anárion situadas sobre ambos márgenes del río Anduin, en la Tierra Media.

Los Argonath fueron construidos hacia el año 1248 de la Tercera Edad del Sol por orden del rey Rómendacil II de Gondor frente a Nen Hithoel, para marcar el punto en que el «Gran Río» cruzaba el antiguo límite norte del reino. Sin embargo, cuando la Compañía del Anillo pasó bajo los Argonath el 25 de febrero de 3019, en su travesía narrada en La Comunidad del Anillo, el reino de Gondor era mucho más reducido en extensión.


El monumento está compuesto por dos enormes pilares tallados, que representan a los hermanos Isildur y Anárion, hijos de Elendil, los primeros reyes humanos del Oeste. Del primero descienden los reyes de Arnor, incluido Aragorn que fue coronado rey del Reino Unificado. Del segundo descienden los reyes de Gondor. Las estatuas representan a ambos en pie a cada lado del río Anduin, en el punto en el que este entra por el norte a Nen Hithoel. Ambas están orientadas hacia el norte; la que asemeja a Isildur custodia la costa oriental, y la entrada a la provincia de Ithilien; mientras que la estatua de Anárion está en la orilla occidental para delimitar la provincia de Anórien. Las figuras representan a cada uno de los hermanos usando corona y casco, con un hacha en la mano derecha y la izquierda levantada en un gesto de desafío a los enemigos de Gondor.


El nombre Argonath significa ‘piedras de los reyes’ en sindarin: ar- (‘rey’ o ‘real’, como en Aragorn o Arador) + gond (‘piedra’, como en Gondor) + -ath (terminación de plural, empleada en ocasiones como dual). También son conocidos como «la puerta de los reyes» (Gate of Kings), «las puertas de los Argonath» (Gates of Argonath), «las puertas de Gondor» (Gates of Gondor) o «los pilares de los reyes» (Pillars of the Kings).




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Instantes de cine: la carga de los Rohirrim


Hay momentos en el cine que se te quedan grabados en la memoria. Te erizan el vello, y puedes verlos en repetidas ocasiones por lo que te llenan. A veces se debe a alguna situación puntual que relacionamos con ese momento, por la fuerza que tenga la escena o por un cúmulo de elementos que la hacen irrepetible. Cada uno tiene el suyo (o los suyos), y no hay nada más grande que compartir ese momento con el resto. Por esta razón, hoy quiero hablar de una de las escenas más míticas de los últimos años, y que estoy seguro de que muchos compartirán conmigo: la carga de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor, durante la última parte de la trilogía de El señor de los anillos: El retorno del rey (2003).

El retorno del rey es una película larga, muy larga. Son más de 3 horas del cierre de una de las trilogías más épicas y famosas de toda la historia del cine. Esta parte está llena de escenas para el recuerdo, y aunque tiene grandes discursos y otros momentos que pueden ser igual de destacados, a nivel personal, mi favorita es esta.




Escuchar el cuerno de Rohan cuando todo parece que está perdido en Minas Tirith, ya de entrada, supone una alegría. Compartimos la alegría de los personajes que se encuentran luchando en la ciudad, tras una cruel batalla, que ha sido prácticamente invadida por las huestes del enemigo a batir, Sauron. Millones y millones de orcos parecen estar a punto de romper la última línea de defensa de la capital del reino de Gondor. Gandalf (Ian McKellen) y Pippin (Billy Boyd) resisten y tienen una conversación que parece destinada a ser la última. Y en ese momento, llegan los Rohirrim.

Los Rohirrim son los jinetes del pueblo de Rohan, una nación que rinde culto a los caballos y que son su principal seña de identidad. Este pueblo ya tuvo su presentación y su protagonismo en la película anterior de la saga: Las dos torres (2002), con otra batalla para el recuerdo, la del abismo de Helm. Durante toda la película hemos visto cómo se reunían y se preparaban para dirigirse a Gondor, y ayudar a su pueblo hermano. El momento en el que aparecen, encabezados por Theoden (Bernard Hill), rey de Rohan, es simplemente perfecto. En un solo vistazo a la ciudad y acompañado de un plano general de Minas Tirith, el rey comprende la grave situación a la que se están enfrentando en Gondor. Pero eso no le amedranta, al contrario.

Tras una reflexión en voz en off, Theoden lanza un discurso que es simplemente perfecto. Lo transcribo:

“Avanzad, sin temor a la oscuridad.
Luchad jinetes de Theoden.
Caerán las lanzas, se quebrarán los escudos. Aún restará la espada.
Rojo será el día, hasta el nacer del sol.
Cabalgad, cabalgad, cabalgad hacia la desolación y el fin del mundo.
Muerte, muerte, muerte.”

Escuchar esto en ese momento, mientras Theoden pasa de punta a punta prácticamente de toda su primera línea de jinetes para arengar a las tropas, es simplemente uno de esos momentos en los que el cine merece la pena, y justifica toda su existencia. El retorno del rey, solo por contener este momento, ya tiene mucha más fuerza que un sinfín de películas.



Entre los jinetes se encuentran otros personajes que ya conocemos de las películas anteriores: Éoywn (Miranda Otto), Merryn (Dominic Monaghan) o Éomer (Karl Urban). Todos ellos se dirigen a la carga contra las huestes de orcos que rodean Minas Tirith, para poder romper la línea y liberar a la ciudad.

Tras la arenga de Theoden, sólo dan ganas de montarse a un caballo que no tienes y cabalgar junto a él. Por supuesto, su caballería está por la labor y se une al motivador discurso de su rey. Ante esto, los orcos, que en un principio no se tomaban demasiado en serio la amenaza, empiezan a inquietarse. Poco a poco, los jinetes de Rohan inician la cabalgata, cada vez a mayor ritmo. Al mismo tiempo, los ejércitos de Sauron se remueven incómodos.

Al final, llega un momento en el que la caballería de Rohan, sus hombres, toman un ritmo imparable. Los orcos se asustan y algunos optan por abandonar la primera línea de batalla. Los gritos de los jinetes de Rohan son ya ensordecedores, junto al galopar de sus caballos. Llegas a sentir realmente lo que es estar dentro de ese momento, de esa batalla.




En un hermoso plano aéreo, el director Peter Jackson tira de épica y de efectos especiales, para mostrar como los Rohirrim están ya encima de los orcos. Todo ello acompañado por una música sublime de Howard Shore, que hasta ese momento sólo ha ido in crescendo. 

Para cuando la música cesa, se pasa al brutal choque para el que te han ido preparando durante los minutos previos, y toda la épica y la emoción contenidas hasta ese momento estalla, se libera en un encuentro que es simplemente espectacular.

Los caballos de Rohan rompen la línea de defensa de los orcos, destrozando todo a su paso, como una marea imparable. Los ejércitos enemigos son arrollados y aniquilados sin compasión por unos hombres deseosos de venganza, de derrotar de una vez por todas a Sauron y liberar a la ciudad hermana de Minas Tirith. La fuerza de ese momento es indescriptible, a pesar de intentar narrarlo con palabras, me quedo corto. 

Planos cortos de los hombres de Theoden destrozando orcos se intercalan con planos generales de la secuencia. Hay sangre y muerte, casi real, como toda batalla. Tras el arrollador choque, los orcos se retiran, huyen despavoridos ante la fuerza del ejército de Rohan, que ha cumplido su objetivo.

Por desgracia para nuestros héroes, esta era sólo la primera parte de la batalla. Los Hombres del este, venidos desde lejos para ayudar a Sauron, llegan con sus enormes olifantes para enfrentarse a los Rohirrim. Theoden lo ve asombrado y rápidamente ordena el contraataque. Una vez liberada Minas Tirith, ahora toca enfrentarse a este otro enemigo.



Sin entrar en detalles sobre el resultado de esta escena que viene a continuación, y que ya no pertenece a la famosa carga de los Rohirrim, hasta este momento todo ha sido perfecto. A quién no se le ha erizado la piel al ver el vídeo de Theoden y sus Rohirrim cargando contra los ejércitos de Mordor. Es difícil no emocionarse, no compartir sus ganas de enfrentarse al enemigo.

Muchas veces en las películas, la épica tiende a forzarse, se subraya con música y largos discursos para arengar. En esta escena de El retorno del rey, apenas necesitan unas líneas y una sublime música, el momento es brutal e irrepetible. Como comentaba más arriba, la película es el cierre de una historia gigante, y contiene muchas otras escenas que también son impresionantes. A pesar de que ni siquiera es el clímax de la película, se siente como tal. 


Pero por la razón que sea, la carga de los Rohirrim en la batalla de los campos de Pelennor, tiene algo especial que la convierten en uno de esos momentos que justifica la existencia del cine. Simplemente irrepetible. Emoción. De esto también va el cine.


FUENTE: Cinemoción.es

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CONTACT (Robert Zemeckis, 1997): La perspectiva cósmica y el "síndrome del astronauta".


CONTACT (Robert Zemeckis, 1995)
, es una película, basada en la novela del que fuera gran divulgador del mundo de la astronomía Carl Sagan, que está protagonizada por Jodie Foster como la astrónoma Ellie Arroway y Matthew McConaughey como Palmer Joss, nos plantea el clásico conflicto entre Ciencia y Religión a partir de la llegada de una señal de origen extraterrestre que incluye un mensaje que, una vez descifrado, resulta contener el diseño de lo que parece ser una nave para transportar a un viajero a la fuente del origen de esa señal. La elección de ese viajero, como un representante del planeta Tierra, establece el conflicto en cuestión. ¿Qué condiciones debe reunir para que el máximo de la humanidad se vea representado? 


Lo que me interesa destacar de esta película, más que el conflicto citado, hace referencia a la experiencia que Elli Arroway sufre durante su extraño viaje que, finalmente, realizará desde una plataforma construida en paralelo en el Japón, en la isla de Hokkaido, tras un atentado de un fundamentalista cristiano que destruye una primera nave y al tripulante elegido, David Drumlin – interpretado por Tom Skerrit -. Por ello me centraré esencialmente en las escenas finales de la película.


En primer lugar, y durante el viaje que, aparentemente, realiza a través de agujeros de gusano, la lleva a contemplar una galaxia, y ante la gran belleza de la imagen Ellie exclama: “Es un acontecimiento celestial. No hay palabras... no hay palabras... Es poesía. Debieron enviar un poeta." Esa invocación al poeta ya hace referencia a la descripción de algo a lo que el lenguaje científico no puede acceder, y que confronta al ser humano ante la inmensidad del Universo  y la belleza de sus manifestaciones. Algo que toca lo más profundo del alma humana y que muchos poetas y filósofos han definido como la perspectiva cósmica, una perspectiva que genera nuevas visiones y que hace percibir al ser humano su lugar en el cosmos.





La experiencia que sufre Ellie está descrita por los cambios que se han registrado en algunos de los astronautas, y que recibe el nombre del "síndrome del astronauta", y que ante la contemplación del planeta Tierra, con sus colores azules de los grandes océanos, del blanco de las grandes masas de nubes o los distintos tonos marronosos de los continentes, suspendida en el vacío, bajo el fondo oscuro roto por los millones de pequeños puntos blancos correspondientes a estrellas y lejanas galaxias, se caracteriza por las palabras que Ellie describe al final de la película, cuando comparece ante el congreso: "recibí un don maravilloso, algo que me cambió para siempre, una visión del Universo que nos dice, sin la menor duda, lo diminutos e insignificantes, y lo raros y preciosos que somos. Una visión que nos dice que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos..."


Vista de la Tierra desde la Luna. Foto tomada por el Apolo XI.

El "síndrome del astronauta" coincide con dos sentimientos que están relacionados y que fueron definidos por Rudol Otto en relación a la experiencia religiosa: el sentimiento de criatura y lo numinoso. Lo numinoso lo podemos percibir en la reacción de Ellie cuando contempla la galaxia que se le ofrece a su mirada. Observamos en ella el estremecimiento que produce en el ser humano el encuentro con algo que se percibe simultáneamente como misterioso, majestuoso, tremendo y fascinante, y que derivan en un sentimiento de sobrecogimiento y anonadamiento, de pequeñez, de infimidad, el sentimiento de criatura. Ambos sentimientos se relacionarían, en este caso, con la posición que coloca al ser humano la perspectiva cósmica antes citada, y que expresa tan claramente Ellie cuando dice haber adquirido "una visión del Universo que nos dice, sin la menor duda, lo diminutos e insignificantes, y lo raros y preciosos que somos." 



La película refuerza el sentimiento de lo numinoso con el extraño encuentro que mantiene Ellie con los supuestos alienígenas - del que no quedarán pruebas demostrables -, quienes eligen un escenario virtual basado en un dibujo que realizó de pequeña - las playas de Pensacola -, y en el encuentro con la imagen de su padre (David Morse), como una manera de facilitar el encuentro. Como en otras películas, el alien nos observa como "una especie interesante, una mezcla interesante, capaces de los sueños más hermosos y de las más horribles pesadillas. Os sentís tan perdidos, aislados, tan sólos..." Y la recomendación es sabida: "... pero no lo estáis. Verás, a lo largo de nuestra búsqueda el vacío se ha hecho soportable porque nos tenemos los unos a los otros". No es que el alien diga algo desconocido. Cognitivamente todos lo entendemos, pero el ser humano tiene una dimensión narcisista, una complejidad emocional y pulsional que, como bien advierte el alien, lo hace especialmente complejo ("mezcla interesante" lo llama amablemente). Esto que cognitivamente podemos entender, es lo que la perspectiva cósmica, como impacto en la consciencia, permite comprender más plenamente a nivel emocional y hace que nuestra mirada sea menos antropocéntrica y más cósmica.




Estos mismos sentimientos los encontramos en varios de los astronautas del proyecto Apolo y otros, como Wubbo Ockels, el primer astronauta holandés y tripulante del transbordador espacial, quien reconocía la dificultad de expresar en palabras el carácter de la experiencia que se vive allí arriba, en el espacio. En todo caso, en varios de ellos se despiertan los sentimientos de amor y de servicio, y también un sentimiento de protección hacia la Tierra-madre, como muchos de ellos la llaman, así como el ya descrito sentimiento de criatura. Vaya, como un ejemplo, la declaración de Edgar Michell, tripulante del Apolo 14, y el hombre que estuvo más horas en la Luna, quien dice: "Desarrollas una conciencia global instantánea, una orientación hacia la gente, una intensa insatisfacción con el estado del mundo y el impulso de hacer algo. Desde lo alto de la Luna, la política internacional parece insignificante. Te dan ganas de coger a un político del cuello y arrastrarlo a cuatrocientos mil kilómetros de la Tierra para decirle: ¡Mira-bien!" 

Para acabar quisiera citar las siguientes palabras del filósofo Pierre Hadot, quien dice: "Sin viaje cósmico interior, sin mirada desde lo alto vivida como ejercicio espiritual de desprendimiento, de liberación, de purificación, los viajeros del espacio seguiran llevando la tierra con ellos al espacio, no la Tierra parte del cosmos, si no la tierra símbolo de lo humano demasiado humano, la mezquindad humana" [1] y acaba diciendo que, en estas condiciones: "El espacio corre entonces el riesgo de no ser más que el teatro ampliado de estas absurdas guerras de religión - o económicas, añado yo - que continuan desgarrando a la humanidad  en los inicios del siglo XXI. La conquista del espacio corre el riesgo de proporcionar solamente un campo más vasto a la locura humana." [2]


[1] Hadot, Pierre. No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales. Siruela, pág. 89.
[2] Ídem anterior, pág. 89.




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El Bestiario de Tolkien y las criaturas de la Tierra Media, ilustradas en una fantástica infografía




J.R.R Tolkien fue el artífice de uno de los universos más épicos y extensos de toda la literatura existente. Su habilidad para construir un mundo tan vasto como lo es la Tierra Media y otros continentes inventados por él sigue siendo una hazaña increíble hoy en día. Todos los habitantes del imaginario de Tolkien, incluso las criaturas más raras que aparecen en solo algunas páginas en sus libros, tienen una historia de fondo que se vincula con otras razas y hace de su obra una experiencia compleja y a la vez gloriosa.


De hecho, las descripciones, los bocetos y las notas detalladas de Tolkien son tan específicos que configuró por completo las diferentes criaturas y cómo serían. Lástima que nunca vivió para poder verlas en la gran pantalla.


Si bien la mayoría de fans suelen estar más familiarizados con las adaptaciones cinematográficas de Peter Jackson, las sagas de El Hobbit y El Señor de los Anillos (que ocupan principalmente los eventos de la Guerra del Anillo) eso es solo la punta del iceberg. Tanto los viajes de Bilbo como de Frodo Bolsón, esos hobbits amantes de la comodidad, que por motivos del destino son enviados en complicadas misiones a lo largo de la Tierra Media ocurren en lo que Tolkien define como la Tercera Edad.


¿Qué quiere decir eso? Que en las películas se han obviado siglos de historia que ya han tenido lugar cuando la mayoría de nosotros nos familiarizamos por primera vez con Arda y su gente. Arda, para quien no haya leído El Silmarillion, es como el autor llama a su versión ficticia de la Tierra, que abarca tanto la Tierra Media como Valinor, el reino oriental al que parten los Elfos al final de El Retorno del Rey.


Tolkien se inspiró en la historia, la mitología, la filosofía y las religiones del mundo, así como en sus propias experiencias luchando en la Primera Guerra Mundial para crear su mundo de fantasía y sus habitantes. "Hay un anillo para gobernarlos a todos". Pero, ¿quiénes son "todos"? La diseñadora Elena Fever ha traducido y adaptado una infografía preciosa sobre esas criaturas que habitan el imaginario de Tolkien.



Puedes ver el gráfico en su máxima resolución aquí.


En ella encontramos desde elfos, la más antigua y noble de las razas hablantes de la Tierra Media, los primeros hijos de Eru Ilúvatar en venir al mundo y más tarde encontrados por los Valar, como los enanos, también llamados Naugrim, Khazâd y Gonnhirrim: grandes conocedores de la minería y orfebrería y poseedores de una gran longevidad. O los orcos, una raza de criaturas humanoides concebida por Morgoth y que originalmente le sirvieron. Más tarde servirían a su sucesor, Sauron, en su búsqueda por hacerse con el anillo único y dominar la Tierra Media.


Sin embargo, el gráfico no incluye muchas otras criaturas como los Maiar y los Valar, los seres más poderosos del universo de Tolkien. Descendientes de los espíritus mágicos, la mayoría de estos magos de la Tierra Media se trasladaron a las Tierras Imperecederas de Valinor, donde existen como energía pura que nunca puede ser destruida. Aunque hay otros Maiar que adoptaron formas humanas para ayudar al bien o al mal.



Puedes ver el gráfico en su máxima resolución aquí.


Por suerte, la diseñadora Elena Fever ha creado un gráfico donde sí aparecen todas estas criaturas y razas. Por ejemplo, los Nazgûl, que en lengua negra significan "Espectros del Anillo" y eran sirvientes del señor oscuro Sauron. Originalmente grandes guerreros de los Hombres a los que les dieron los nueve anillos de poder que les hicieron inmortales. Sin embargo, eventualmente los corrompieron. La infografía se completa con todo tipo de bestias como las arañas, trolls, huargos, y cada una de las razas de elfos, humanos, enanos y orcos.


Ahora que la serie de Amazon Prime Video Los Anillos de Poder nos ha hecho volver a la Tierra Media y esta semana concluye su primera temporada, estos gráficos son una buena manera para ampliar nuestra comprensión sobre este extenso y vasto universo ficticio.

Gráficos traducidos y adaptados por Elena Fever.


FUENTE: Xataca

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El cuento del cortador de bambú

El cuento del cortador de bambú (竹取物語 Taketori Monogatari) es un cuento folclórico japonés del siglo X. Se le considera como el texto japonés más antiguo que existe, a pesar de que el manuscrito más antiguo data de 1592. El cuento también es conocido como La historia de la princesa Kaguya (かぐや姫の物語 Kaguya-hime no Monogatari), siendo nombrado tras su protagonista.



La historia trata sobre una pareja de ancianos sin hijos y de cómo un día mientras el anciano cortaba bambú, encontró a una niña dentro del tallo. La niña era Kaguya o princesa Kaguya, quien provenía de la Luna. En 2013, el cuento fue adaptado a una película animada por parte del Studio Ghibli, llamada Kaguya-hime no Monogatari.​ En 2015, fue producido un musical basado en el cuento titulado Prince Kaguya, donde el género de Kaguya es cambiado de femenino a masculino.​


El descubrimiento de la princesa Kaguya, ilustración perteneciente al Cuento del Bambú de Tosa Horomichi.

Un anciano cortador de bambú sin hijos llamado Taketori no Okina (竹取翁 lit. El anciano que cosecha bambú?) se encontró con un árbol de bambú que tenía luz en su interior. Se preguntó por qué y sintió una gran curiosidad acerca de lo que habría dentro. Cuidadosamente cortó el bambú y quedó asombrado al encontrar a una pequeña bebé del tamaño de su pulgar en el interior. Decidió recogerla y llevarla a su hogar, donde consultó con su mujer qué hacer con el bebé y llegaron a la conclusión de que era un regalo del Cielo. Decidieron llamar a la niña princesa Kaguya (princesa de la luz brillante). A partir de aquel día, cada vez que el anciano cortaba bambú, encontraba oro dentro de él, no tardó en hacerse rico y construir una gran casa. Varios años después, Kaguya creció y se convirtió en una hermosa joven. Todo el mundo la conocía porque era elegante y bella. Cinco príncipes llegaron a su casa para pedir su mano en matrimonio. Ella era reacia a casarse, así que les propuso varias tareas imposibles para llevar a cabo antes de conseguir casarse con ella.


El primero fue encargado de traer el cáliz sagrado de Buda que se encontraba en la India. Al segundo príncipe se le encargó encontrar una legendaria rama hecha de plata y oro. El tercero tenía que conseguir la legendaria túnica hecha con el pelo de la rata de fuego, que se dice que está en China. Al cuarto, una joya de colores que brillaba al cuello de un dragón. Al último príncipe, le encargó una concha preciosa que nace de las golondrinas. La princesa pidió cosas que nadie sabía que existían y sus pretendientes quedaron muy desilusionados. Luego de esto, los jóvenes dejaron de ir por algún tiempo a la casa del viejo ya que todos estaban buscando los deseos de la princesa. Un día, llegó el primer hombre, con la taza de Buda que la princesa había pedido, pero él no había ido a la India y en su lugar traía una taza sucia de un templo cerca de Kioto. Cuando la princesa lo vio, ella supo inmediatamente que esta no era la taza de Buda, porque aunque era muy vieja y estaba hecha de piedra, la taza que era de la India siempre tenía un brillo sagrado. El segundo no tenía idea de donde podría encontrarse una rama de plata y oro, además no quería hacer un largo viaje y como era muy rico, decidió ordenárselo a unos joyeros. Luego llevó el regalo a la princesa. La rama era tan maravillosa que Kaguya pensó que realmente se trataba de lo que había pedido y pensó que no podría escapar del matrimonio con este joven de no ser porque los joyeros aparecieron preguntando por su dinero. De esta manera la princesa supo que la rama no era la verdadera, y por tanto, no era lo que ella había deseado.


Taketori no Okina lleva a Kaguya a su hogar, por Tosa Horomichi.


El tercero, a quién se le había pedido la túnica de pelo de rata de fuego, les dio una gran cantidad de dinero a algunos comerciantes que iban a China. Ellos le trajeron una piel vistosa y le dijeron que pertenecía a la rata de fuego. Se la llevó a la princesa y ella dijo "Realmente es una piel muy fina. Pero el pelo de la rata de fuego no arde, aun cuando se tire al fuego. Probémoslo". Kaguya tiró la piel en el fuego y tal como era de esperar la piel ardió en unos minutos, el joven se fue enfadado y avergonzado. El cuarto era muy valiente e intentó encontrar el dragón por sí mismo. Navegó y vagó durante mucho tiempo, porque nadie supo donde vivía el dragón. Pero durante una jornada, fue asediado por una tormenta y casi muere. No podía buscar más al dragón y se marchó. De vuelta en su hogar, se encontraba muy enfermo y no pudo volver con la princesa Kaguya. El quinto y último de los hombres buscó en todos los nidos y en uno de ellos pensó que la había encontrado; pero al bajar tan aprisa por la escalera cayó y murió. Ni siquiera lo que tenía en su mano era la concha que la princesa había pedido, sino una golondrina vieja y dura. De este modo todos habían fallado y ninguno podría casarse con la princesa. La reputación de la princesa era tal, que un día el emperador quiso conocer su extraordinaria belleza. El emperador quedó prendado de la joven y le pidió que se casara con él y fuera a vivir a su palacio. Pero la princesa rechazó también su propuesta, diciéndole que era imposible ya que ella no había nacido en el planeta y no podía ir con él. No obstante, el emperador no pudo olvidarla y siguió insistiendo. Ese verano, cada vez que la princesa miraba la Luna sus ojos se llenaban de lágrimas. Su anciano padre quiso saber qué le ocurría, pero ella no respondió. Cada día que pasaba la joven estaba más triste y siempre que miraba la luna no podía dejar de llorar. Los ancianos estaban muy preocupados, pero la princesa guardaba silencio. Un día antes de la luna llena de mediados de agosto, la princesa explicó por qué estaba tan triste. Explicó que no había nacido en el planeta, sino que procedía de la Luna, a dónde debía regresar en la próxima luna llena y que vendrían a buscarla.


Los ancianos trataron de convencerla de que no partiera, pero Kaguya contestó que debía hacerlo. Así que el anciano corrió en busca del emperador y le contó toda la historia, enviando este último una gran cantidad de soldados a casa de la princesa. En la noche de la luna llena de mediados de agosto, los guerreros rodearon la casa en su intento de proteger a la princesa, mientras esta se hallaba en el interior con sus padres esperando por la gente de la luna que vendrían por ella. Cuando la luna se puso llena, una inmensa luz los cegó a todos y la gente de la luna bajó a por la princesa, los soldados no pudieron combatir porque estaban cegados por aquella inmensa luz y porque extrañamente habían perdido las ganas de luchar. La princesa se despidió de sus padres, y les dijo que no deseaba irse, pero que tenía que hacerlo. Antes de irse le dejó al emperador una carta de despedida y una botella con el Elixir de la Vida. El desolado emperador envió un ejército entero de soldados a la montaña más alta de Japón. La misión encargada era subir hasta la cima y quemar la carta que la princesa Kaguya había escrito y la botella que le había dejado, con la esperanza de que el humo llegara a la ahora distante princesa.

 

Kaguya regresa a la Luna. Pintura perteneciente al Cuento del Bambú de Tosa Horomichi.


La leyenda cuenta que la palabra inmortalidad (不死 fushi?), se convirtió en el nombre de la montaña, el Monte Fuji. También se dice que el kanji para montaña (富士山), deriva del ejército del emperador que ascendió las laderas de la montaña para llevar a cabo su misión. También se cree que el humo de la carta quemada aún se deja ver hasta el día de hoy (en el pasado, el monte Fuji era mucho más activo volcánicamente y, por lo tanto, producía más humo).


FUENTE: Wikipedia
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¿Por qué se cortó la oreja Vincent Van Gogh?


 


La teoría de la absenta

Según los historiadores, la versión más oficial sobre la razón por la que Van Gogh se mutiló la oreja aquella noche de 1888, es que el pintor en medio de una crisis existencial y posiblemente bajo los efectos de la absenta en exceso que bebía, cortó su oreja izquierda con una hoja de afeitar, la envolvió en un pañuelo y corrió a un burdel para regalársela a una prostituta y se fue. Ella se quedó en shock, habló a la policía y les contó lo ocurrido.

La policía fue a buscar a Van Gogh a su casa y lo encontraron desangrado y muy débil.


 

La teoría de Paul Gauguin

Otra de las teorías es que el artista francés Paul Gauguin fue quien le cortó la oreja a Van Gogh para defenderse de una pelea que tuvieron, pues también se cuenta que tenían una relación secreta.

Se dice que ambos estaban en estado de ebriedad y comenzaron a discutir debido a que Gauguin le pidió a Van Gogh que se fuera a vivir a París, ya que el pintor vivía en Arles en ese momento y se molestó.

Iniciaron una pelea y al momento de defenderse Gauguin le cortó la oreja a Van Gogh, pero éste negó que Gauguin le cortó la oreja posiblemente para que no se le acusara.


La teoría de Bernadette Murphy

En relación a la primera teoría, existe una nueva versión publicada en el libro 'La oreja de Van Gogh: la verdadera historia' de la escritora inglesa Bernardette Murphy.

La autora cuenta en el libro que el propio Van Gogh se cortó la oreja mirándose en el mismo espejo que usaba para sus famosos autorretratos, y la supuesta prostituta que la recibió "como regalo" era la hija de un granjero que trabajaba como encargada de la limpieza del burdel.


Sea la teoría que sea, sin duda es uno de los misterios más grandes en el mundo del arte.


FUENTE: RSVP Online

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Extracto de la pesadilla de Jaime Lannister





 

Escudriñó la penumbra hasta que él también lo vio. Algo se movía en la oscuridad, aunque no alcanzaba a distinguir qué era…

Un hombre a caballo. No, dos. Dos jinetes, hombro con hombro.

¿Aquí, bajo la Roca?

No tenía sentido. Pero los dos jinetes se acercaban a lomos de sus caballos claros, ellos llevaban armaduras y sus monturas iban protegidas para la batalla. Emergieron de la oscuridad a paso lento.

«No hacen el menor ruido —advirtió Jaime—. No chapotean en el agua, las armaduras no tintinean, los cascos no resuenan contra el suelo.» Recordó a Eddard

Stark, cuando recorrió la sala del trono de Aerys en el más absoluto silencio. Sólo habían hablado sus ojos: los ojos de un señor, fríos, grises, juzgándolo.

¿Sois vos, Stark? —llamó Jaime—. Adelante. No os temí en vida y no os temo ahora que estáis muerto.

Vienen más —le advirtió Brienne tocándole el brazo.

Él también los vio. Parecía que sus armaduras eran de nieve, y jirones de niebla les ondeaban desde los hombros sobre las espaldas. Llevaban los visores de los yelmos cerrados, pero Jaime Lannister no tenía que verles los rostros para reconocerlos.

Cinco habían sido sus hermanos. Oswell Whent y Jon Darry. Lewyn Martell, un príncipe de Dorne. El Toro Blanco, Gerold Hightower. Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer. Y junto a ellos, coronado de niebla y dolor, con la larga cabellera ondeando a la espalda, cabalgaba Rhaegar Targaryen, príncipe de Rocadragón y heredero legítimo del Trono de Hierro.

No me dais miedo —exclamó mientras se dividían para colocarse a ambos lados de él. No sabía hacia dónde mirar—. Lucharé con vosotros de uno en uno, o

contra todos a la vez. Pero ¿quién se va a enfrentar a la moza? Se enfada mucho cuando la dejan al margen.

Juré que lo mantendría a salvo —dijo ella a la sombra de Rhaegar—. Pronuncié un juramento sagrado.

Todos hicimos juramentos —dijo Ser Arthur Dayne con voz de tristeza infinita.

Las sombras desmontaron de sus caballos espectrales. No hicieron ruido alguno al desenvainar las espadas largas.

Iba a quemar la ciudad —dijo Jaime—. No quería dejar más que cenizas para Robert.

Era vuestro rey —dijo Darry.

Jurasteis protegerlo —dijo Whent.

Y también a los niños —apuntó el príncipe Lewyn.

Dejé en vuestras manos a mi esposa y a mis hijos. —El príncipe Rhaegar ardía con luz fría, blanca, roja y oscura alternativamente.

Jamás pensé que les haría daño. —La luz de la espada de Jaime era cada vez menos brillante—. Yo estaba con el rey…

Matando al rey —dijo Ser Arthur.

Cortándole el cuello —dijo el príncipe Lewyn.

El mismo rey por el que juraste que darías la vida —dijo el Toro Blanco.

Las llamas que recorrían la hoja de la espada se estaban apagando, y Jaime recordó lo que había dicho Cersei. «No.» El terror le atenazó la garganta como un puño. De pronto, la espada se le quedó a oscuras, sólo la de Brienne ardía, y los fantasmas se cernieron sobre ellos.

No —dijo—. No, no, no, ¡nooo!



 

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La tumba de las luciérnagas.




 La tumba de las luciérnagas (火垂るの墓 Hotaru no Haka?) es una película de animación japonesa producida por Studio Ghibli y dirigida por Isao Takahata. Fue la primera película dirigida por Takahata con Studio Ghibli y el tercer largometraje del estudio. Está basada en la historia corta homónima del autor Akiyuki Nosaka publicada en 1967, la cual, a su vez, se basa en las propias experiencias de Nosaka vividas durante la guerra.2​ La película está protagonizada por Tsutomu Tatsumi, Ayano Shiraishi, Yoshiko Shinohara y Akemi Yamaguchi. Centrada en la ciudad de Kōbe, Japón, narra la dura historia de dos hermanos, Seita y Setsuko, y de su lucha desesperada por sobrevivir durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.





Aclamada por la crítica, La tumba de las luciérnagas fue considerada por el renombrado crítico cinematográfico Roger Ebert como una de las mejores y más poderosas películas sobre la guerra, quien en 2000, la incluyó en su lista de las mejores películas de todos los tiempos.3​ Además, es considerada junto a La lista de Schindler de Steven Spielberg y El pianista de Roman Polanski, como una de las mejores películas antibelicistas de la historia, a pesar de que esta interpretación ha sido negada por el director.4​


El filme ha recibido dos remakes en live action, uno en 2005 y otro en 2008. La versión de 2005 cuenta con los actores Hōshi Ishida como Seita, Mao Sasaki como Setsuko y Nanako Matsushima como Hisako, la tía de los niños. La segunda adaptación cuenta con Reo Yoshitake como Seita, Rina Hatakeyama como Setsuko y Keiko Matsuzaka como la tía.


FUENTE: Wikipedia




Película completa en español latino.

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Sci-Fi y Fantasía: dos géneros completamente diferentes



Muy a menudo, en Blogdecine, con motivo de textos acerca de películas como ‘La guerra de las galaxias’, tiene lugar, entre lectores y redactores, una acalorada discusión (que a veces se salta las normas mínimas de respeto, como en tantos otros temas en esta nación estupenda) acerca de qué es la sci-fi (cuya traslación literal sería ficción científica, aunque también pueda usarse el erróneo, y ya aceptado por el uso en la academia, ciencia ficción) y qué es la fantasía, y que películas son para unos lo primero, y qué películas son para otros lo segundo, etc.


En primer lugar es importante zanjar que la fantasía o la ficción científica no son ideas abstractas que cada cual puede definir en su intimidad. Eso sería como que el vecino de arriba decidiera lo que es un relato negro, y el de abajo lo que es un melodrama. Estamos en una época en la que nadie quiere aprender, sino en la que cada cual (en nombre de un individualismo mal entendido que obliga a muchos a volver a inventar la bicicleta, y que nos sume a todos en una confusión general) va por libre, complicando mucho las cosas. Vamos a tratar, todo lo humilde pero contundemente que se pueda, de aclararlas.


Definamos con perspectiva

A pesar de que en el sitio Imdb muchas películas de sci-fi también son situadas con la etiqueta de fantasía, y de que existen muchos híbridos entre ambos géneros, no puede resultar más diferente de la fantasía. La ficción científica pura es un género eminentemente especulativo, que pretende narrar acontecimientos plausibles, en cualquier marco temporal (no sólo el futuro, también el presente y el pasado), fundamentados en las ciencias naturales, físicas o sociales. No resulta fácil acotar sus temas porque a partir de estas bases se puede escribir prácticamente de todo, sin embargo la regla básica es que “ha de ser posible” que eso ocurra.


La fantasía, por su parte, es lo opuesto a estos fundamentos. No especula sino que se adentra en fantasías que jamás serán posibles en este mundo, y su marco temporal, a menudo, está indefinido o no es crucial narrativamente (mientras que en la sci-fi siempre lo es), y su intención es menos profética y más romántica, generalmente. No trata de alertar sobre funestas posibilidades, sino que es la evasión por excelencia. Por tanto, que en una película aparezcan naves espaciales, no significa que nos encontremos en un sci-fi, pues este género es mucho más que la escenografía.




Lo que hace dos siglos eran llamados relatos o novelas científicos, derivaban el espíritu del Racionalismo Cartesiano del siglo XVII, que fue el que sentó las bases de la ciencia moderna. No hay mucho consenso sobre las primeras obras realmente científicas, y pueden nombrarse obras de Tomas Moro, o de Cyrano de Bergerac, pero no hay duda de que la cristalización del género literario llegó en el siglo XIX, y no podía ser de otra manera, pues fue el siglo de la industrialización, y de todo lo que esto conlleva.


De esta manera, surgieron los nombres ineludibles de Mary Shelley, Julio Verne, H.G. Wells, Edgar Allan Poe, John Wyndham... y luego los de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert Heinlein, Ray Bradbury, Philip K. Dick, y algunos nombres ilustres más que delinearon bien el género: un marco en el que situar sus preocupaciones científicas, tecnológicas y sociales, para hablarnos del mañana más terrible, o del ahora mismo incluso. Y este espíritu fue el que recogieron las primeras películas de sci-fi, como por ejemplo el ‘20.000 leguas de viaje submarino’ de Stuart Paton en 1916, el ‘Doctor Jekyll y Mr. Hyde’ de John S. Robertson en 1920, ‘El mundo perdido’ de Harry O. Hoyt en 1925, y ya más concretamente, el primer gran hito que significó el ‘Metrópolis’ de Fritz Lang de 1927.


Ya en los años 30, no sólo el ‘King Kong’ más famoso y extraordinario que ha existido, también la obra legendaria de James Whale (que adaptó a Mary Shelley de manera libérrima, y también a H.G. Wells), sin olvidarnos de ‘Things to come’ (‘La vida futura’, William Cameron Menzies, 1936), de nuevo sobre un original de Wells, y que asienta las bases definitivas del género como alertador de la conciencia social, como profeta de un futuro terrible. Esto es la sci-fi pura. Quizá por eso en los años 40, 50 y casi todos los sesenta, fue un género menospreciado y adulterado: a nadie le gusta que le retraten un futuro probable, o un presente gris. Salvo excepciones maravillosas como ‘Invasión de los ladrones de cuerpos’ (Don Siegel, 1956) hubo que esperar hasta el crucial año de 1968, en que llegaron ‘El planeta de los simios’ y ‘2001, una odisea del espacio’.


De pronto, la sci-fi en cine recobró prestigio e interés, y dejó de ser divertimento para productos de adolescentes. Y no puede casual que fuera el año de las mayores protestas sociales en la historia de Europa, que se conoció como Mayo del 68. Pero hay pocos verdaderos hitos del género en las últimas décadas, que pasan por la obra de Steven Spielberg, James Cameron, Andrei Tarkovski, o títulos puntuales como ‘Soylent Green’ (Richard Fleischer, 1973), ‘Alien’, ‘Saturno 3’ (Stanley Donen, 1980), ‘Escape de Nueva York’, ‘Blade Runner’, ‘Starman’ o la serie ‘Mad Max’, hasta el presente, en que podemos citar ‘Hijos de los hombres’ como la gran obra maestra reciente del género. Y todo esto sin ánimo de exhaustividad.



En cuanto a la fantasía, es un género mucho más anárquico y prolijo, y no sólo tiene tradición anglosajona mayoritaria, como el caso de la sci-fi, sino prácticamente en cualquier cinematografía. La literatura fantástica partía de lo sobrenatural, lo mágico y lo mitológico, conque las rastrear sus raíces puede hacerse prácticamente imposible. En el cine, como la sci-fi, puede ahondar también, por supuesto, en lo terrorífico. La gran mayoría del cine de evasión actual es cine fantástico, y sería quimérico nombrar títulos, porque todos los conocemos.


Los grandes directores de fantasía, los que han dejado un poso más duradero, son, por supuesto, George Lucas, Terence Fisher, Jean Copcteau, Tim Burton, Ronny Yu, Roman Polanski, M. Night Shyamalan, Todd Browning, Terry Gilliam, Roger Corman, Mario Bava, Jacques Tourneur, Jack Clayton, Alfred Hitchcock, John Carpenter, Peter Jackson, Federico Fellini, Jirí Trnka, Joel Schumacher, Wim Wenders, Hayao Miyazaki y otros muchos cuyo gusto por lo extraño y lo maravilloso se aleja completamente de un puñetazo visual, sino que se acerca más a una evasión audiovisual, aunque con algo de dolor, gozosa.


Los mejores frutos de la fantasía tienen lugar cuando se alejan de la sci-fi, y lo mismo ocurre con la ciencia ficción. En la mixtura de géneros del cine post-moderno puede darse de todo, y a veces de manera estimulante, pero pierden su espíritu original. Con todo, para muchos, los géneros los establece la mirada del director, y así casi todo el cine de Cronenberg, aunque no se base en prespuestos científicos, ni sea futurible, ni distópico, ni muchas veces industrial, se acerca a la sci-fi, y casi todo el cine de Lynch, aunque no salgan vampiros, ni hadas (a veces sí), ni se pliegue a los cánones del género, parece “dark fantasy”. Y es que al final los géneros deberían ser una excusa, no un fin (como con los hermanos Wachowski) para hablar de las personas y los conflictos que más le interesen al cineasta.


Pero para terminar es importante dejar claro que la fantasía propone otros mundos que nunca tendrán que ver con este, que nos hacen soñar con otra realidad, mientras que la sci-fi pura lo que nos ayuda es a ver esta realidad con ojos más críticos y más dolorosos, y el futuro al que caminamos sin tregua debido a los errores que cometemos en esta realidad. Por tanto, ‘Star Wars’ es Fantasía, nunca Sci-fi. La fantasía nos deja ese regusto dulce (a pesar de las muchas tinieblas que pueda contener), mientras que la sci-fi nos deja un sabor amargo (aunque sólo enfrentándonos a la realidad somos verdaderamente libres).


FUENTE: Espinof.com

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Valses selectos.


 

(mejor ver en Youtube)

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La batalla de Lepanto: dos armadas frente a frente.

 

 

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la mayor batalla naval de la historia moderna. Más de 400 galeras y casi 200.000 hombres se enfrentaron en una lucha que mostró el poder de la artillería europea sobre la marina otomana.

 

 

 

AKG / ALBUM
En 1580, el pintor veneciano Andrea Vicentino realizó un gran óleo sobre la batalla de Lepanto para el palacio Ducal de Venecia, en sustitución de una obra anterior de Tintoretto que resultó destruida en un incendio. Basado en el testimonio de los participantes, recrea con gran realismo el choque entre los dos ejércitos en el momento culminante de la batalla. Palacio de los Dogos, Venecia.


 

Hacía años que las naves turcas se habían lanzado al control del Mediterráneo occidental. Las costas italianas y españolas estaban cada vez más amenazadas y Malta estuvo a punto de ser tomada en 1565. Ante el creciente peligro, España, Venecia y los Estados Pontificios formaron una alianza para enfrentarse a la armada turca y detener su avance. Así se constituyó la Liga Santa, que se puso bajo el mando de don Juan de Austria, el hijo natural de Carlos V, pues no en vano España sufragaba la mitad de los costes de la alianza. Tras concentrarse en Mesina, la armada cristiana zarpó hacia aguas griegas a mediados de septiembre de 1571. Chipre, tras la capitulación de Famagusta, acababa de caer en manos otomanas, pero quedaba la posibilidad de derrotar a la flota turca atracada en el golfo de Lepanto, al este de Grecia.

Al amanecer del 7 de octubre, los buques de la Liga Santa comienzan a desplegarse en la boca del golfo. Lo hacen a fuerza de remos al no tener el viento a favor, cosa que sí tienen los turcos que salen del puerto dispuestos al combate. Pero por suerte para los cristianos el viento amaina y los otomanos no pueden aprovecharlo, lo que da tiempo suficiente a los primeros para desplegarse en orden de batalla. Lo hacen en tres cuerpos formados en línea, y con una reserva en retaguardia. Los musulmanes, bajo el mando del almirante Alí Pachá, también forman en tres cuerpos, desplegados en forma de media luna. En total son 204 galeras cristianas por 205 galeras turcas. Unos cincuenta barcos más pequeños y ligeros por bando les acompañan, cumpliendo misiones de enlace y exploración. La escuadra cristiana está compuesta por un total de 90.000 almas y su enemiga, por un número similar.


NEIL FARRIN / GETTY IMAGES
Cuando supo que la flota cristiana iba a Grecia, Selim escribió a Alí Pachá: «Os ordeno que ataquéis la flota de los infieles, confiando plenamente en Dios y en su Profeta». En la imagen, mezquita de Solimán, Estambul.



A primera vista, las fuerzas parecen equilibradas, pero la realidad es otra. Los hombres de don Juan de Austria suman unos 36.000 soldados de infantería, más unos 34.000 marineros y galeotes libres que son armados para que, llegado el momento y cuando ya no sea necesario que sigan remando, se sumen también al combate. Otros 20.000 hombres van como remeros forzados; de ellos, los que no son esclavos comienzan a ser desencadenados con la promesa de libertad e indulto de sus penas si demuestran su valor en la lucha. En la armada otomana los hombres de armas son menos, en torno a 20.000. Además tienen el problema de que un elevado número de sus galeotes son esclavos, en gran parte cristianos, por lo que no son muchos los que pueden liberar para que les ayuden en la batalla. Por lo tanto, la flota de la Liga Santa dispone del doble o triple de combatientes que el enemigo, lo que va a ser determinante en el resultado final.

 

Cánticos de guerra

 

A las nueve de la mañana, ambas escuadras se divisan con claridad y mientras avanzan una contra otra van desplegando las banderas y los estandartes, sacan las imágenes y los crucifijos, suenan trompetas y tambores, se reza, bendice, canta, baila, grita y arenga, tratando de provocar el paroxismo y motivar al máximo a los combatientes. A los remeros se les da vino y comida para que afronten el embate con energía. Al mismo tiempo se despejan las cubiertas, se amontonan las municiones y se preparan las armas y las herramientas de abordaje. Poco a poco los cristianos consiguen situar en vanguardia a las seis galeazas, galeras más altas, grandes, muy pesadas y lentas, pero fuertemente armadas, cuya misión es hendir y romper la formación enemiga. Han pasado cinco horas desde que las dos flotas se han avistado. Poco a poco se van acercando. Las galeras navegan en paralelo sin apenas poder maniobrar; sólo marchan hacia adelante al ritmo de la boga, hacia el choque. Son las doce del mediodía y el infierno está a punto de desatarse.


 


M. SIEPMANN / AGE FOTOSTOCK
En 1570, tras tomar Chipre, el sultán Selim escribía: «He derrotado a esos infieles que no me rendían pleitesía. Iremos a Venecia, y de allí a Roma». Kiosko Yerevan en Topkapi, Estambul.




A esa hora, cinco de las seis galeazas cristianas, que marchan a la vanguardia de la flota, se aproximan a los turcos. Semejantes a castillos, cuentan con 44 piezas de gran calibre cada una. Los otomanos les disparan, con escasos resultados; en cambio, los cañones de las galeazas arrasan las cubiertas de los buques próximos y envían a pique a varias galeras turcas. La armada del comandante turco, Alí Pachá, les deja atravesar sus filas para sufrir menos daños, esperando el choque con el grueso de la flota de la Liga.

 

La artillería abre fuego

 

La tensión crece en las dos armadas, que están sólo a unos centenares de metros. Ambas saben que han de disparar sus cañones lo más tarde posible para causar más estragos, pues luego, en el fragor del combate, será muy difícil la recarga. La mayor parte de las gruesas piezas de artillería sólo podrá disparar una vez. En esta guerra de nervios son los otomanos los que disparan primero, pero casi todos sus proyectiles van a parar al mar. Cuando ya les separan menos de cien metros, los cañones de las galeras de la Liga empiezan a vomitar su carga, barriendo las cubiertas otomanas. A esa distancia no hace falta apuntar: se dispara a bulto, sabiendo que las balas y la metralla impactarán en los cuerpos y buques enemigos.


Cuando se produce el choque, muchos de los espolones de las galeras consiguen clavarse en los costados del enemigo, rompiendo remos y cubiertas. Ahora, borda con borda, comienza otra batalla. Ya no es una batalla naval, es un abordaje en el que las infanterías se lanzan a luchar sobre una aglomeración de barcos trabados entre sí por garfios, tablones y pasarelas. El azar y los choques de las embarcaciones hacen que los hombres de una galera tengan a veces que luchar contra dos, tres y hasta cuatro navíos enemigos que la rodean. Sin embargo, lo normal es que cada barco escoja a su oponente y se enzarce en una lucha furiosa. Los soldados cristianos disparan una y otra vez sus arcabuces, a lo que los otomanos responden mayoritariamente con flechas. El objetivo de cada fuerza embarcada es conseguir abordar al contrario y combatir en su puente a golpe de espada hasta matar o echar por la borda a todos los contrincantes.



E. LESSING / ALBUM
Felipe II encargó a Tiziano este óleo en el que se conmemora la victoria de Lepanto y el nacimiento de su hijo Fernando, que moriría poco después. Museo del Prado.



La hora de la infantería

 

El golfo de Lepanto se convierte en un gran campo de batalla que, a su vez, se fragmenta en cientos de pequeños escenarios en los que la suerte puede ser diversa. Ambos bandos cruzan fuego de arcabuz y de pistolas, flechazos, lanzadas y hasta fuego griego, la famosa bomba incendiaria inventada por los bizantinos. No se hacen prisioneros, salvo aquellos capitanes distinguidos por los que se pueda pedir un suculento rescate. El ala izquierda cristiana, que está junto a la costa, es la primera en entrar en combate. Ahí están los venecianos comandados por el almirante Barbarigo, quien morirá de un flechazo en un ojo. En los primeros momentos se ven parcialmente desbordados por los turcos, pero, habiendo sido reforzados por alguna nave del centro y de la reserva de Álvaro de Bazán, logran imponerse y obligan al enemigo a huir a tierra tras matar a su comandante Sirocco. El centro de don Juan de Austria entra en lucha a continuación, entablando combate frontal con las naves de Alí Pachá e imponiendo su potencia de fuego y su infantería, superior a los jenízaros enemigos.
Sólo el ala derecha, comandada por Andrea Doria, que se ha alejado a mar abierto, es desbordada y envuelta por el grupo de Uluch Alí, quien logra hundir y arrasar unas cuantas galeras cristianas. Entre ellas está la nave capitana de la Orden de Malta, cuya tripulación es exterminada. Pero la llegada de refuerzos del centro y la reserva hace huir a los turcos con lo que queda de sus barcos, llevándose una galera veneciana como botín.



NATIONAL MARITIME MUSEUM, LONDON / ALBUM
Este óleo de un pintor anónimo recrea la lucha entre galeras cristianas y otomanas en Lepanto. En primer término aparece una galera genovesa, con la cruz blanca de san Jorge sobre fondo rojo, acometiendo el navío de un corsario aliado del sultán. Se ve el disparo de los cañones de proa y de los arcabuceros. Museo Marítimo, Londres. 


A las cuatro de la tarde, la batalla parece llegar a su fin. Es la hora del saqueo, y las tripulaciones porfían y discuten por ver cuántas galeras enemigas logran remolcar. El balance de bajas en la Liga es aterrador: 15 galeras perdidas (una de ellas capturada), 7.650 muertos y 7.784 heridos. En el bando otomano se han hundido también 15 galeras y otras 160 han sido capturadas (las cifras exactas difieren según los distintos comandantes), aunque algunas de éstas quedan en tan mal estado que pronto se irán a pique. El número preciso de muertos se desconoce, pero se evalúa en unos 30.000. Más exacta es la cifra de prisioneros, unos 8.000, que serán convertidos en esclavos. Son liberados asimismo unos 12.000 galeotes cristianos, entre los que hay numerosas mujeres.

Cuando el almirante veneciano, Venier, volvió a Venecia, tras abrirse camino entre la multitud informó al dogo de forma solemne: «Llevo, Serenísimo Príncipe, la más noble y admirable Victoria. La Armada turca, toda vencida y derrotada por los nuestros. Poquísimos se salvaron. Sed contentos y gloria a vos».


E. LESSING / ALBUM
 Juan de Austria aparece entre el almirante pontificio Marco Antonio Colonna y el almirante veneciano, Venier. Óleo anónimo. Galería de Retratos, Innsbruck.



Para saber más:
  • Lepanto: la batalla de los tres imperios. A. Barbero. Pasado & Presente, Barcelona, 2011.
  • La batalla de Lepanto. M. Rivero. Sílex, Madrid, 2008.
  • Rojo amanecer en Lepanto. Luis Zueco. Madrid, De Librum Tremens, 2011. 


FUENTE:  National Geopgraphic: La batalla de Lepanto: dos armadas frente a frente
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Una artista crea pinturas falsas o cuadros vivos.



¿Te gustan los cuadros? Muchas personas son fanáticas de los cuadros y el estilo de la pintura les evoca diversos sentimientos. Sin embargo, lo que más me sorprende de ésta colección de fotografías sobre pinturas falsas es la mezcla de pintura y fotografía. Tendrás que verlo tú mismo para que entiendas a qué me refiero.














No se trata de pinturas sobre lienzo. Alexa Meade es una artista que une la percepción y la realidad. Pinta con acrílicos directamente sobre el cuerpo humano creado una ilusión de retratos pictóricos.

El empleo inovador de Alexa Meade de pintura sobre las superficies tridimensionales de objetos encontrados, modelos en vivo, y espacios arquitectónicos ha sido incorporado en una serie de instalaciones que crean un cambio perceptual sobre cómo experimentamos e interpretamos relaciones espaciales, según lo explica ella en su biografía, en su página web.










¿Que te han parecido?

También puedes ver más de ella en flickr.

 
FUENTE: Planeta Curioso
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