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El pulso sísmico que se repite cada 26 segundos desde hace 60 años


¿La Tierra late? El registro constante de ondas que emanan frente a África occidental y recorren el planeta desconcierta la ciencia. Desde oleaje hasta procesos volcánicos ocultos bajo el Atlántico, cuáles son las teorías sobre su origen




Cada 26 segundos, la Tierra emite un latido sordo, una vibración que atraviesa continentes y océanos con una regularidad desconcertante. No es un fenómeno meteorológico ni un simple ruido de fondo: se trata de un microsísmo que, durante más de seis décadas, aparece puntualmente en los instrumentos de estaciones sísmicas de todo el planeta. Sin embargo, aún se desconoce su origen y las razones de este fenómeno.




El foco de ese pulso se ubica en el Golfo de Guinea, frente a la costa occidental africana. Allí el fenómeno se registra como una señal firme y monocorde que desafía explicaciones fáciles. Es demasiado estable para ser atribuida al azar, y lo suficientemente intensa como para interferir en estudios científicos de fondo.


Las teorías sobre su origen van desde el impacto persistente de olas oceánicas contra la plataforma continental africana, hasta procesos volcánicos o magmáticos bajo el Atlántico. Hasta ahora, ninguna propuesta aporta una respuesta definitiva. El latido invisible recorre el planeta, multiplicando las preguntas y desafiando los límites de la geofísica tradicional.



El hallazgo en los años sesenta

A comienzos de la década de 1960, Jack Oliver, geólogo del Observatorio Geológico Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, detectó la señal al revisar registros en diversas estaciones. Pronto notó que se trataba de algo diferente: una frecuencia estable y una periodicidad tan marcada que destacaba incluso en instrumentos poco sofisticados.


Oliver publicó el hallazgo en 1962 en el Bulletin of the Seismological Society of America. Definió el fenómeno como “una tormenta mundial de microsismos con periodos de unos 26 segundos”. Este pulso persistió durante varios días y se propagó globalmente, comportamiento muy diferente de los microsismos habituales, que son breves y caóticos. Su claridad permitió descartar explicaciones sencillas, como el viento o el mal funcionamiento de los equipos.


Desde el principio, Oliver sugirió dos hipótesis: una apuntaba a olas de gran longitud golpeando la plataforma continental en el Golfo de Guinea, generando ondas Rayleigh; la otra, a procesos magmáticos bajo el Atlántico sur. Ambas alternativas subrayaban la interacción entre mar y geología como origen probable del misterio.




Décadas después, medios como Discover y Popular Mechanics retomaron la historia, describiéndola como un “pitido sísmico regular” que sigue activo desde hace más de sesenta años. Incluso sin la tecnología actual, Oliver impulsó un debate científico que aún continúa abierto.



El Golfo de Guinea bajo sospecha


A medida que avanzaron las investigaciones, la evidencia se concretó: los registros sísmicos de África, Europa y América apuntaban a una región precisa del Atlántico, cerca de la bahía de Bonny y de la isla de Santo Tomé. Desde allí partían —cada 26 segundos— las ondas Rayleigh detectadas en todo el mundo.


En 1963, Oliver reforzó esta hipótesis con testimonios de marinos y capitanes que navegan por la zona en los días del pulso. Hablaron de oleajes inusualmente potentes, olas que superaban muros portuarios en Ghana y Nigeria, y daños en embarcaciones amarradas.


El capitán del African Moon, según recoge el trabajo de Oliver, relató averías en su barco: el mar agitaba tanto el puerto de Tema que las amarras se rompían una y otra vez, pese a estar resguardados.


Estos datos respaldaron la idea de olas largas nacidas de tormentas lejanas en el Atlántico sur, capaces de viajar miles de kilómetros y golpear la plataforma africana, donde la geografía del Golfo de Guinea funcionaría como un tambor natural. “La coincidencia entre los registros sísmicos y los reportes marítimos es demasiado precisa como para ser ignorada”, escribió Oliver.



Sin embargo, la proximidad del epicentro a Santo Tomé abrió otra línea: ¿podría tratarse de un temblor generado por procesos magmáticos o hidrotermales bajo la isla? El dilema: en el área no hay volcanes activos ni signos en superficie —como burbujeos, cambios térmicos o emisiones de gas— que sostengan la hipótesis.




Nuevas pistas, viejas dudas




El siglo XXI trajo nuevas herramientas. La expansión de redes sísmicas globales y el análisis de ruido ambiental permitieron una búsqueda más fina. En 2006, un equipo liderado por Nikolai Shapiro reveló que el pulso proviene del Golfo de Guinea y viaja a unos 3,5 km por segundo, la velocidad típica de las ondas Rayleigh. Descubrieron, también, que la señal aumentaba en el invierno del hemisferio sur, señal de un posible vínculo con fenómenos oceánicos.


En 2013, un estudio publicado en Geophysical Journal International detectó dos fuentes diferentes en el Golfo de Guinea. Una, con frecuencia de 0,036 Hz, se encontraba cerca del volcán de Santo Tomé y parecía tener un motivo volcánico. La otra, de 0,038 Hz —el célebre pulso de 26 segundos— no podía explicarse con movimientos tectónicos ni con el impacto de olas.

La hipótesis oceánica perdió un poco de fuerza. Las olas sí generan microsismos, pero suelen provocar señales más dispersas, no una vibración tan monocromática y persistente.

Por otro lado, los procesos volcánicos pueden producir temblores de frecuencia estable, aunque en la zona del segundo foco sigue sin encontrarse evidencia de volcanes activos. “La señal de 0,038 Hz permanece sin explicación dentro de los modelos actuales”, concluyeron los científicos en su trabajo.

Al cumplirse medio siglo del primer registro, el enigma no hace más que crecer: hay dos focos, y ninguna explicación plenamente convincente.




El enigma se amplía




En 2023, un estudio liderado por Charlotte Bruland y Céline Hadziioannou y publicado en Nature Communications Earth & Environment reveló otro matiz: los glides, o deslizamientos de frecuencia, asociados al mismo microseísmo.


Analizando datos de Marruecos, Camerún y otros continentes, el equipo comprobó que, durante algunos periodos, la señal constante se acompañaba de incrementos progresivos de frecuencia que podían durar días.


Estos glides salían siempre del mismo lugar y arrancaban en la misma frecuencia que el pulso clásico. Su comportamiento repetitivo apunta a la existencia de un proceso físico desconocido, capaz de producir tanto una señal continua como variaciones armónicas. Según las autoras, “es un fenómeno que obliga a repensar lo que sabemos sobre las señales sísmicas de largo periodo”.


Las explicaciones volcánicas consideran sistemas hidrotermales o magmáticos que resuenan y liberan energía de forma intermitente, posiblemente modulados por gases o la geometría de los conductos subterráneos.


También se exploran hipótesis oceánicas: tormentas lejanas en el Atlántico sur que envían oleajes excepcionales hacia la plataforma africana. Ninguna teoría, sin embargo, consigue explicar la regularidad, persistencia y potencia de esta señal detectada durante más de seis décadas.


A pesar del avance científico y la acumulación de datos, el microseísmo de 26 segundos sigue sin explicación. El Golfo de Guinea mantiene su pulso constante, un eco que los sismólogos registran con precisión, pero cuya causa última permanece oculta.


En esa vibración que cruza el planeta, la ciencia reconoce tanto una fuente de frustración como una promesa: la posibilidad de que ese latido oculte una clave aún desconocida para entender la dinámica profunda de la Tierra.

FUENTE: Infobae

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Jacques-Yves Cousteau

"El hombre lleva el peso de la gravedad en sus hombros. Sólo tiene que bajar al fondo del mar para sentirse libre".



 

Jacques-Yves Cousteau (pronunciación en francés: /ʒak iv kusto/; Saint-André-de-Cubzac, 11 de junio de 1910-París, 25 de junio de 1997) fue un oficial naval francés, explorador, investigador y biólogo marino que estudió el mar y sus habitantes. Desarrolló el Aqua-Lung junto con Émile Gagnan, fue pionero en la conservación marina, y miembro de la Academia Francesa. La importancia de Cousteau en las leyes internacionales de conservación y sus aportes a la tecnología del buceo son invalorables y perduraran por muchos años. 

Nacido en Saint-André-de-Cubzac, Francia, en 1910 dedicó toda su vida al mar, antes de ser conocido investigó las maneras de hacer mas seguro y cómodo el buceo, fruto de ello es el “Regulador de oxígeno” que inventó junto con Émile Gagnan en 1943, esto permitió hacer inmersiones mas profundas, prolongadas y seguras sin la conexión con la superficie.

Luego de casarse con Simone, comenzó su tarea de investigador oceanográfico, colaboró con el descubrimiento y clasificación de cientos de nuevas especies marinas, ferviente defensor del medio ambiente es el principal impulsor de el destino científico de la Antártida apartándola de afanes políticos.

Con su barco “Calypso” recorrió todos los océanos y mares del mundo filmando cientos de documentales, los primeros filmados íntegramente bajo el agua, que fueron vistos en casi todos los países del mundo. En 1960 se hizo famoso por interrumpir el paso de un tren con residuos tóxicos y radioactivos franceses que iban a ser arrojados al mar. En una reunión coordinada por el príncipe Rainiero entre De Gaulle y Cousteau, el presidente Francés le dijo: “Usted debe ser más comprensivo con las investigaciones nucleares”, a lo cual Cousteau le respondió: "No señor, son sus investigaciones las que deben ser más comprensivas con nosotros”.

Las Naciones Unidas lo nombraron embajador permanente en la “Conferencia Internacional del Medio Ambiente” y la Nathional Geographic le otorgó la medalla de oro, varios artistas compusieron temas sobre él, aunque el mas destacado es el que le hizo su compatriota “Jean Michell Jarre” con su disco “Waiting for Cousteau” en el que se destaca su tema “Calypso”. 

El 25 de junio de 1997 a los 87 años de edad falleció en París, Francia, su funeral se realizó en la Catedral de Notre-Dame, al que asistieron miles de personas. La “Sociedad de investigaciones marinas "Jacques Cousteau” sigue funcionando mientras sus cenizas descansan en su ciudad natal Saint-André-de-Cubzac.


"La razón de que haya hecho películas sobre el mundo submarino reside simplemente en mi creencia de que la gente protege aquello que ama".


 "Cerrar los ojos a la naturaleza solo nos hace ciegos en un paraíso de tontos".


 "Siempre he explicado a los periodistas que nosotros no teníamos ningún objetivo, ninguna idea de qué íbamos a encontrar en una misión".


 "Las personas solo amamos aquello que conocemos, así de ingenuos somos".


 "Para el delfín y la ballena, la felicidad es existir. El hombre debe descubrir esto y maravillarse por ello".


 -Jacques-Yves Cousteau 

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El lado oscuro de los vegetarianos: ni más ecológicos ni más sanos


Así lo asegura Lierre Keith, autora de 'El mito vegetariano', que sostiene que, frente a la creencia de los veganos, la agricultura está haciendo un daño incalculable al planeta
"La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros", explica la escritoria, quien fue vegana 20 años... hasta que su dieta le pasó factura
Ni fertilizantes ni antibióticos: así es el granjero más revolucionario del mundo

«La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre». Lo dijo un tal Thomas Malthus allá por 1798. Según sus cálculos, 1880 era la fecha estimada para que la situación fuera insostenible. Pero no tuvo en cuenta hambrunas ni guerras, que diezmaron la población mundial, ni el desarrollo exponencial de las revoluciones industriales que estaban por llegar. Y, sin embargo, esa guillotina sigue ahí, amenazando con cortarnos la cabeza por culpa de un crecimiento que no parece conocer límites.


Esos límites existen y ya los hemos rebasado. Tal y como está montado el tinglado, en 2050 seremos cerca de 10.000 millones de habitantes en este maravilloso y loco planeta. Según varios estudios, la producción de alimentos deberá crecer hasta un 50% para poder satisfacer las demandas de la población. ¿Cómo podemos frenar antes de llegar a ese punto de no retorno? Si, según la FAO, 815 millones de personas pasan hambre hoy en día, ¿cuántas morirán de inanición en 2050? Intentamos adentrarnos en este laberinto de datos, predicciones catastrofistas, modas alimentarias y el poder omnímodo de la industria alimentaria.


La solución mágica para mejorar la alimentación, la salud y combatir los daños que sufre el medio ambiente reside en los vegetales. O eso afirman algunos. Era algo indudable para Lierre Keith, escritora feminista y ecologista, autora de El mito vegetariano (Capitán Swing), un libro a medio camino entre el diario personal, el ensayo y la llamada a las armas. Keith se agarró a esa idea como algo irrefutable durante los 20 años que fue vegana, hasta que su cuerpo dijo basta. Lo que ahora pretende poner en cuestión es la identidad construida en torno al vegetarianismo, tratando de desmontar las razones morales, políticas y de salud que esgrimen los veganos. No siempre lo consigue, pero al disparar contra todo y contra todos provoca al menos un debate que se antoja necesario.


«La gente que más se preocupa por la destrucción medioambiental no entiende que son parte del problema», explica por teléfono desde California. «Hasta que no comprendamos qué es lo que está causando esa destrucción no seremos capaces de pararla. Estoy hablando específicamente de la agricultura». La mayoría de veganos creen que su dieta a base de vegetales es lo mejor que pueden hacer para detener el desastre ecológico. «Y están completamente equivocados, no por sus valores, que son perfectamente válidos, sino porque no entienden que la agricultura es la cosa más destructiva que los humanos le han hecho al planeta», subraya.


Los veganos que esgrimen argumentos éticos para no comer animales se aferran a la idea de que no participan en la muerte de ningún ser vivo. Sus manos no están manchadas de sangre y, por tanto, su conciencia está tranquila. «Los monocultivos arrasan a los habitantes originales para que los invasores puedan hacerse con la tierra», afirma en el libro. «Es una limpieza biológica, un biocidio. No es pacífico. No es sostenible. Y cada pequeña porción de alimento está cargada de muerte». La agricultura industrial acaba con la riqueza del suelo, desplaza y extingue especies, modifica los cauces de los ríos, los deseca y contamina: «La agricultura es carnívora: lo que come son ecosistemas y los ingiere enteros»






LOS VEGANOS NO ENTIENDEN QUE LA AGRICULTURA ES LO MÁS DESTRUCTIVO QUE LOS HUMANOS LE HAN HECHO AL PLANETA  Lierre Keith, autora de 'El mito vegetariano' 



Keith es consciente de que hasta el 70% del grano que se produce en el mundo está destinado al consumo animal, una manera eficaz de engordar al ganado para producir carne barata pero no exenta de riesgos y consecuencias devastadoras. «Todo lo que dicen sobre la ganadería industrial es verdad. Es una actividad cruel, despilfarradora y destructiva». Pero, sostiene Keith, comerse una hamburguesa de tofu y una de ternera no difiere tanto en cuanto al impacto que eso tiene en el medio ambiente y en la biodiversidad. 


¿Es cierto que cuanta más carne comemos más huella de carbono tiene nuestra alimentación? 

El problema real es que sólo se tienen en cuenta los costes medioambientales de la carne de ganadería industrial, que tiene una gigantesca huella de carbono porque está alimentando a los animales erróneamente. Sobre todo se utiliza maíz, que contribuye directamente al calentamiento global, porque todos sus fertilizantes están hechos a base de petróleo y gas. Pero el maíz no es el alimento natural de los rumiantes, sino la hierba. En el momento en el que pones de nuevo al ganado a comer pasto, recuperas un sistema biológico que funciona a la perfección y que absorbe carbono en vez de liberarlo. El problema no son los rumiantes, sino la dependencia del ser humano de los combustibles fósiles. 



Luis Ferreirim, portavoz de Agricultura de Greenpeace, está de acuerdo con Keith en que «uno de los grandes problemas de la agricultura industrial es la uniformidad. Son cultivos que generan una dependencia brutal de fertilizantes y plaguicidas sintéticos, lo que provoca desequilibrios ecológicos muy grandes. Eso tiene graves consecuencias sobre el medio ambiente, desde la contaminación directa de suelos y agua, hasta poner en riesgo especies tan fundamentales para la agricultura como los polinizadores».


Eso sí, Ferreirim prefiere poner el foco en el desperdicio alimentario: «La propia FAO asume que la Revolución Verde, que se diseñó para incrementar de forma exponencial la producción de alimentos, es un modelo agotado y nos ha dejado una herencia terrible. Ese modelo productivista nos ha llevado a producir tal cantidad de cereales que al final estamos tirando una tercera parte, un excedente con el que se podría alimentar a la población que tendremos en 2050».

Chúpate ésa, Malthus.


La Revolución Verde de la que habla el portavoz de Greenpeace se inició a finales de los años 60 y estaba basada en variedades de alto rendimiento de granos de cereales, distribución de semillas híbridas, fertilizantes sintéticos y pesticidas. La iniciativa se vio reforzada en EEUU, sostiene Keith, «por una política pública que defendía que todo el mundo debía adoptar una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos. Fue un experimento llevado a cabo con toda la población estadounidense. 50 años después, podemos decir que todo lo que consiguieron fue hacernos más gordos, más enfermos y más estúpidos. Y no son insultos, sino la descripción de una realidad. Es algo que nos ha destruido».


Ahora llegamos al otro caballo de batalla de la autora de El mito vegetariano, la principal razón por la que se lanzó a escribir el libro: su deteriorada salud. Tras 20 años de dieta vegana, desarrolló una enfermedad degenerativa articular (espondilosis) que la acompañará el resto de su vida. A eso hay que sumarle episodios de hipoglucemia, agotamiento, náuseas, ansiedad, depresión, desaparición de la regla... Síntomas que se encarga de ligar a las deficiencias de su dieta en las páginas del libro. 



LA AGRICULTURA ES CARNÍVORA: LO QUE COME SON ECOSISTEMAS Y LOS INGIERE ENTEROS. ES UN BIOCIDIO. CADA PEQUEÑA PORCIÓN DE ALIMENTO ESTÁ CARGADA DE MUERTE 



¿Culpa a la alimentación vegana de todas sus enfermedades? 

Sí, porque todas mejoraron cuando dejé de serlo. Algunas desaparecieron por completo, otras son permanentes, pero al menos sufro mucho menos dolor que antes. Para mí no hay duda alguna: comer una dieta con presencia de grasas de animales que yo misma crío ha hecho mi vida mejor y más sana. Es muy habitual que me escriban veganos y ex veganos. Y muchos de ellos sufren exactamente los mismos problemas de salud que yo tuve. Puedes darte cuenta de cuando una ideología anula la realidad física porque la gente es capaz de hacer cosas terribles por un supuesto bien común. Algunos de ellos son fanáticos, y aunque ven con sus propios ojos cómo se deteriora su salud y la de sus hijos, siempre anteponen su ideología. 


Para confrontar su versión, consultamos la opinión de Aitor Sánchez, dietista-nutricionista del Centro de Alimentación Aleris y autor del libro Mi dieta cojea (Ediciones Paidós). «Es posible tener una dieta vegana que no afecte a la salud o que sea beneficiosa si está bien planificada. ¿Cuál es el conflicto? Que mucha gente adopta esta dieta por su cuenta y riesgo, como quien sigue una dieta omnívora mal diseñada y acaba con problemas de salud como los que se ven en nuestro entorno».


En el día a día recibimos un bombardeo constante. Aliméntate a base de quinoa y aguacate como si no hubiera un mañana (a pesar del impacto que eso pueda tener en los productores locales). No te olvides del bífidus y los omega-3. Come menos carne y lácteos. Estos consejos nos llegan de todas las fuentes posibles, algunas fiables, otras no tanto. ¿En quién confiar? «Conviene dejarse guiar por el sentido común y el rigor científico, y eso a veces no es nada fácil», apunta Sánchez. «Si no son gurús, te está intentando timar la industria alimentaria, o puede que des con sanitarios desactualizados y con anuncios de televisión que dicen barbaridades. Hay demasiados intereses privados de por medio. Los dietistas-nutricionistas nos dedicamos a esto pero sucede, como en cualquier otra profesión, que el hecho de serlo no te garantiza tener buenas pautas. Conviene fiarse de profesionales actualizados, rigurosos e independientes».


Lierre Keith asume que las decisiones personales no van a transformar el ritmo vertiginoso al que agotamos los recursos y la fertilidad del suelo. La catástrofe malthusiana sigue ahí, acechando sobre nuestras cabezas. Lo que defiende, y en esto están de acuerdo los tres entrevistados, es que la respuesta tiene que proceder de técnicas agrícolas que garanticen la diversidad. La ganadería extensiva, el policultivo de plantas vivaces y el consumo de proximidad son las armas más eficaces, según ellos, en esta lucha por la sostenibilidad del planeta y sus habitantes.

FUENTE:EL MUNDO
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El terror de las ballenas.

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El agua, el líquido más extraño del universo

Si los cubitos de hielo se hundieran en lugar de flotar, no nos causaría un gran trastorno; solo habría que remover la bebida de vez en cuando para que la parte superior se enfriara. Salvo por el hecho de que no habría bebida que remover ni nadie para hacerlo, porque no existiría la vida en la Tierra. O, al menos, los humanos no estaríamos aquí.

La flotación del hielo es una de las rarezas del agua, una sustancia tan familiar que nos parece corriente, pero que no tiene nada de ordinario. Tan diferentes son sus propiedades de lo que cabría esperar de su composición química, que comprender cómo su estructura microscópica causa un comportamiento tan singular es algo que “se ha discutido intensamente durante más de 100 años y todavía no se ha resuelto”, como escribían en una reciente revisión los físicos Lars Pettersson y Anders Nilsson, de la Universidad de Estocolmo (Suecia), y Richard Henchman, de la Universidad de Manchester (Reino Unido).





SU CRUCIAL PAPEL BIOQUÍMICO

Todo estudiante sabe que las sustancias se contraen al enfriarse y se dilatan al calentarse, lo que permitió la invención del termómetro. También el agua caliente reduce su volumen al enfriarse. Pero por debajo de los 4 °C, ocurre algo extraordinario: comienza de nuevo a dilatarse, como sabe todo el que ha congelado una botella demasiado llena. El resultado es que el hielo es menos denso que el agua líquida y por ello flota, un fenómeno que ya interesó a Galileo Galilei, cuando en 1612 razonaba que “el hielo debería ser más bien agua rarificada que condensada”.

Pero ¿qué ocurriría de no ser así? En los océanos, lagos y ríos, la capa flotante de hielo que se forma en invierno impide que escape el calor, manteniendo en estado líquido el agua que yace debajo. Si el hielo cayera al fondo, continuaría formándose más cantidad hasta que todo se convirtiera en una gran masa sólida; el calor de la superficie solo lograría fundir una delgada capa superior, lo que habría imposibilitado la evolución de la vida compleja como hoy la conocemos. Además del papel bioquímico crucial del agua, la biología, la geología y la dinámica de los océanos fueron fundamentales para hacer de la Tierra un planeta habitable


En los océanos, lagos y ríos, la capa flotante de hielo impide que escape el calor, manteniendo en estado líquido el agua que yace debajo. Crédito: Jay Mantri


En los océanos, lagos y ríos, la capa flotante de hielo impide que escape el calor, manteniendo en estado líquido el agua que yace debajo. Crédito: Jay Mantri
No es ni mucho menos la única propiedad inusual del agua. Por su fórmula química, como óxido de hidrógeno (H2O), debería seguir la pauta que marcan el sulfuro de hidrógeno (H2S), seleniuro de hidrógeno (H2Se) o telururo de hidrógeno (H2Te), compuestos similares con los elementos que siguen al oxígeno en su grupo de la tabla periódica. Si así fuera, el agua debería hervir por debajo de -80 °C y congelarse hacia -100 °C. Por suerte para la vida terrestre, sabemos que no es así; de hecho, su congelación a 0 °C y su ebullición a 100 °C —a nuestra presión atmosférica normal— no solo le confieren una amplia franja de temperaturas en estado líquido, sino que la convierten en la única sustancia que en las condiciones habitables de la Tierra puede encontrarse en forma sólida, líquida y gaseosa.

UN RARO FENÓMENO FÍSICO-QUÍMICO

De lo anterior puede intuirse que las propiedades aberrantes del agua son, como confirma a OpenMind el químico Martin Chaplin, profesor emérito de la London South Bank University, “totalmente responsables” de la existencia de la vida en la Tierra. De hecho, añade Nilsson, curiosamente “parece que el agua se vuelve anómala a las temperaturas a las que normalmente existe la vida”. Pero ¿a qué clase de raro fenómeno físico-químico debemos agradecer nuestra existencia? Según Chaplin, “hay varias explicaciones, pero ninguna de ellas ha demostrado ser concluyente o plenamente inclusiva”. En su origen están las peculiares características del oxígeno, uno de los elementos más electronegativos de la tabla periódica. Al combinarse con el hidrógeno atrae los electrones hacia sí con tal fuerza que la molécula de agua, aunque eléctricamente neutra en su conjunto, forma dos polos, negativo y positivo.


El agua puede actuar como lubricante y como adhesivo entre superficies. Fuente: Pixabay


Este carácter dipolar del agua es clave, ya que le permite formar enlaces llamados de puente de hidrógeno. En comparación con otros compuestos en apariencia similares, “la formación de puentes de hidrógeno en el agua es mucho más fuerte y más extensiva”, dice Chaplin. Estos enlaces confieren al agua un comportamiento pegajoso que es responsable de su enorme tensión superficial —la mayor en un líquido exceptuando el mercurio— y de que pueda actuar al mismo tiempo como lubricante y adhesivo entre superficies.


INTENSOS DEBATES CIENTÍFICOS

Son las estructuras microscópicas derivadas de estos enlaces, las cuales a su vez determinan las propiedades anómalas, las que aún mantienen a los científicos inmersos en intensos debates. El hielo tiene una estructura estable tetraédrica, con una molécula de agua en el centro unida por puentes de hidrógeno a otras cuatro en los vértices. Este ordenamiento regular espacioso es el causante de la baja densidad del agua congelada. Solía pensarse que al pasar al estado líquido, esta estructura simplemente se volvía más dinámica, rompiéndose y formándose puentes de hidrógeno a razón de un billón de veces por segundo, dando como resultado una masa más compacta.

Pero en 2004 Nilsson, Pettersson y sus colaboradores descubrieron que en el agua líquida las moléculas tienden a abandonar la estructura tetraédrica y a formar solo dos puentes de hidrógeno. “Propusimos que la estructura dominante está muy distorsionada”, dice Nilsson. “Desde entonces también hemos postulado que existen dos dominios estructurales fluctuantes, líquido de alta y de baja densidad”. El modelo plantea que el agua líquida no forma una estructura homogénea, sino que es una mezcla de dos diferentes, una tetraédrica ligera y otra densa y desordenada que predomina a temperatura ambiente. Esta surge cuando el hielo se descongela, aumentando su densidad, pero por encima de 4 °C el aumento de la forma densa induce una repulsión entre las moléculas que resulta en la dilatación térmica.



Agua líquida y hielo. Crédito: P99am


Así, según el modelo de Nilsson y Pettersson, estas dos estructuras diferentes y rápidamente cambiantes conviven en el mismo líquido en las condiciones ambientales terrestres. A temperaturas o presiones extremas, el agua adopta solo una de las dos configuraciones y se comporta como un líquido cualquiera, sin esas rarezas que hacen de ella el líquido más extraño del universo y a las cuales debemos nuestra existencia.


FUENTE: BBVA Openmind
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El orígen de la Tierra

 


FUENTE: History Channel



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Una cortita

 


El océano produce oxígeno a través de las plantas fitoplancton, algas marinas, algas y plancton que viven en él. Estas plantas producen oxígeno como un subproducto de la fotosíntesis, un proceso que convierte el dióxido de carbono y luz solar en azúcares que el organismo utiliza para obtener energía.

Un tipo de fitoplancton, los Prochlorococcus, liberan incontables toneladas de oxígeno en la atmósfera y ha alcanzado la fama por ser el organismo fotosintético más abundante en el planeta. De acuerdo con la doctora Sylvia A. Earle, especialista de National Geographic, se estima que el Prochlorococcus proporciona el oxígeno para una de cada cinco respiraciones que tomamos.


FUENTE: El universo bajo la piel

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¿Qué fue de… el agujero de la capa de ozono?



Cuando en 1974 los investigadores Frank Sherwood Rowland (28 de junio 1927 – 10 de marzo de 2012) y Mario Molina (19 de marzo de 1943 – 7 de octubre de 2020) contaron al mundo que los espráis de laca para el pelo dañaban el componente de la atmósfera que nos protege de la radiación ultravioleta solar, las reacciones no fueron de simple incredulidad: un alto cargo de la química DuPont calificó la teoría de “cuento de ciencia ficción”, “montón de basura” y “absoluta idiotez”. Sin embargo, poco después el llamado agujero de ozono pasaba a convertirse no solo en una preocupación global, sino también en uno de los símbolos del activismo verde de los años 80. La rápida reacción para atajar el problema, prohibiendo los compuestos nocivos, representa el mayor éxito logrado por un acuerdo internacional en materia de medio ambiente. Pero también se trata de un ejemplo de cómo el progreso tecnológico busca soluciones más sostenibles a los problemas que el propio progreso tecnológico ha ocasionado.


CRONOLOGÍA INTERACTIVA: EVOLUCIÓN DE LA CAPA DE OZONO

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El acierto de Rowland y Molina, químicos de la Universidad de California en Irvine, consistió en atar cabos que habían pasado inadvertidos a otros. A comienzos de los años 70 se sabía que el cloro y otras sustancias pueden catalizar la destrucción del ozono, un compuesto formado por tres átomos de oxígeno que está presente en mayor proporción en una capa de la estratosfera terrestre, y que detiene gran parte de la dañina radiación UV. Sin embargo, nadie había ligado este fenómeno con los clorofluorocarbonos (CFC), gases que empezaron a producirse industrialmente en los años 30 y que se empleaban extensivamente como propelentes de aerosoles, como refrigerantes y para fabricar espumas plásticas. Los CFC son inertes, por lo que pueden permanecer en la atmósfera durante tiempo indefinido. Rowland y Molina propusieron que la degradación de los CFC por la luz solar liberaba cloro, lo que podía resultar en un deterioro considerable de la capa de ozono.


Pese a las reacciones iniciales al estudio de los dos químicos, de inmediato tanto los experimentos como las mediciones atmosféricas confirmaron que estaban en lo cierto. En 1985, un estudio del British Antarctic Survey descubrió algo que sorprendió a la comunidad científica, un descenso especialmente acusado de la concentración de ozono sobre la Antártida, cuando lo esperado era que el declive se distribuyera por igual en todo el planeta. Al año siguiente, la investigadora de la Administración Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA) Susan Solomon aportaba la explicación: el frío de los inviernos en los polos forma nubes estratosféricas polares, en las cuales se favorece la degradación de los CFC y otros halocarburos –compuestos de carbono y elementos halógenos como el cloro, el flúor, el bromo o el yodo–, generándose más cloro libre, que en la primavera austral acentúa la destrucción del ozono.


EL ACUERDO MEDIOAMBIENTAL MÁS EXITOSO DE LA HISTORIA

El consenso científico sobre el agujero de ozono llevó a algunos países a adoptar medidas unilaterales, y en 1987 un total de 46 naciones firmaron el Protocolo de Montreal, destinado a abandonar la producción de sustancias destructoras del ozono. Sin embargo, la industria aún se resistía a ceder: en 1988 el presidente de DuPont, Richard Heckert, escribía al Senado de EEUU: “En este momento, la evidencia científica no apunta a la necesidad de una drástica reducción de las emisiones de CFC. No hay ninguna medición disponible de la contribución de los CFC a ningún cambio observado en el ozono”.


El Protocolo de Montreal, en vigor desde 1989, es a menudo contemplado como el acuerdo internacional de protección del medio ambiente más exitoso de la historia. De hecho, según la ONU, es hasta ahora el único tratado de esta organización que ha sido ratificado por todos los países del planeta, los 197 estados miembros. De forma transitoria, los CFC han sido reemplazados por hidroclorofluorocarbonos (HCFC), presuntamente menos dañinos para la capa de ozono, con el objetivo de sustituirlos en su totalidad por hidrofluorocarbonos (HFC) y otros compuestos. Estos son más inestables en la baja atmósfera, por lo que su impacto sobre el ozono estratosférico se supone bajo o nulo. Gracias a la reducción de los CFC, en 2018 la NASA mostró por primera vez que la destrucción de ozono había disminuido en un 20% con respecto a 2005, y las previsiones hablaban de una desaparición casi completa del agujero antártico entre 2060 y 2080.


Sin embargo, incluso si se logra este objetivo, el camino no estará exento de altibajos debido a los ciclos estacionales. En 2019 el tamaño del agujero antártico alcanzó su mínimo histórico, pero en cambio el invierno austral de 2020 trajo temperaturas especialmente frías a la capa de ozono sobre la Antártida, favoreciendo la formación de las nubes estratosféricas polares descritas por Solomon. El resultado fue que a mediados de agosto el agujero comenzó a crecer hasta alcanzar en septiembre una extensión de más de 24 millones de kilómetros cuadrados, superior a la media de la última década y que cubría la mayor parte del continente. 


El fenómeno cesó por fin a finales de diciembre, pero 2020 trajo también una nueva preocupación cuando en marzo de ese año se abrió en el Ártico un agujero de proporciones históricas, triplicando el tamaño de Groenlandia. Este agujero sobre el polo norte, un suceso más raro que no se observaba desde 2011, se cerró durante el mes de abril. Según los expertos, estas variaciones no tuvieron relación con el parón de la actividad por la pandemia de COVID-19, sino que obedecen únicamente a la dinámica atmosférica.





SOLUCIONES MÁS SOSTENIBLES Y VIABLES

Pero las implicaciones son más complejas: además de su efecto sobre el ozono, los CFC son también gases de efecto invernadero mucho más potentes que el CO2. Un reciente estudio dirigido por el experto en dinámica atmosférica y climática de la Universidad de Columbia (EEUU) Lorenzo Polvani ha determinado que las sustancias destructoras del ozono, como los CFC, han sido responsables de la mitad del calentamiento del Ártico y el derretimiento del hielo del Polo Norte durante la segunda mitad del siglo XX. “La prohibición de los CFC por el Protocolo de Montreal mitigará el calentamiento del Ártico y la pérdida del hielo marino en las próximas décadas”, señala Polvani a OpenMind, si bien aclara que la tendencia general no se revertirá sin las necesarias reducciones de CO2, el principal responsable del cambio climático.


Un primer problema es que las soluciones alternativas al CFC no solo deben ser más sostenibles, sino también viables. En 2018, un equipo dirigido por el investigador de la NOAA Stephen Montzka descubrió un inesperado aumento del 25% en las emisiones de CFC-11 (el segundo CFC más abundante) a partir de 2012, ralentizando en un 50% el declive en la concentración de este gas, y ello a pesar de que el Protocolo de Montreal estableció el cese de la producción mundial para 2010. “Identificamos a China como el responsable de la mitad de ese aumento de las emisiones globales”, apunta Montzka a OpenMind.


Un estudio posterior ha determinado que el aumento del CFC-11 fue transitorio y que, según los autores, “se ha evitado cualquier retraso sustancial en la recuperación de la capa de ozono, quizá debido a la rápida notificación y a posteriores acciones del gobierno y la industria de China”.. Pese a todo, se ha apuntado que quizá las alternativas al CFC podrían resultar demasiado caras o inasequibles para algunos países.



Existe, además, un segundo problema: los HFC, inocuos para el ozono, también contribuyen al cambio climático. En los últimos años se ha detectado un aumento en las emisiones de HFC-23, subproducto de la fabricación de HCFC-22; este compuesto es el mayor causante de calentamiento global entre los HFC y debería haberse reducido radicalmente según la versión actual del Protocolo de Montreal. Sin embargo, la discrepancia entre los niveles detectados y los esperados es de tal magnitud que equivale a las emisiones totales de gases de efecto invernadero de un país como España en un año. La mayor parte de este aumento proviene de China e India. En resumen, encontrar un modo práctico de refrigerarnos y propulsar nuestros aerosoles sin destruir la capa de ozono ni agravar el cambio climático es aún un reto tecnológico pendiente.


FUENTE: OpenMind BBVA

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Un millón de especies animales y vegetales «va irremediablemente hacia la extinción»

 


La biodiversidad mundial está reduciéndose a una velocidad de vértigo. Una de cada siete especies de todas las conocidas se dirige hacia la extinción y muchas otras están en declive. La causa, señalan los científicos, es exclusivamente humana. Estamos inmersos en la sexta extinción global que afecta al planeta y que tendrá fuertes impactos sobre la vida de las personas.


De los siete millones de especies de animales y plantas conocidas en la Tierra, más de un millón se encamina “irremediablemente hacia la extinción” y un 25 por ciento de todas ellas “sufre algún grado de amenaza”, según el catedrático de Ecología de la Universidad de Oviedo, Daniel García.

Estas cifras “representan una situación de extinción equivalente a las grandes extinciones globales que conocemos a través de los fósiles, como la de final del Cretácico, que se llevó por delante a los dinosaurios”, ha explicado García a Efe con motivo de la conmemoración, este pasado sábado, del Día Internacional de la Diversidad Biológica.

En su opinión, “estamos en medio de la sexta extinción masiva del planeta”, sólo que, a diferencia de las anteriores, “esta vez está sucediendo en sólo unos cuantos cientos de años”.


García ha lamentado que “la biodiversidad que conocemos y la que aún no conocemos, que parece ser una gran porción, está en crisis” y las poblaciones de “muchas especies“ se están reduciendo “severamente“ como, por ejemplo, las animales vertebrados salvajes, cuya cantidad “se ha aminorado a la mitad en los últimos 50 años”.



No obstante, aún “nos encontramos a tiempo de revertir o, al menos, de amortiguar en gran medida la crisis de biodiversidad” porque la causa última es “exclusivamente antropogénica” y está relacionada con el uso insostenible de los recursos naturales por la especie humana.


La solución “no es sencilla, pero sí factible” y, según este especialista, pasa por incrementar la extensión de los espacios protegidos y las reservas naturales para asegurar más especies y más hábitats en situación de bajo impacto y explotación, así como por recuperar de forma activa los ecosistemas degradados y las poblaciones diezmadas a través de medidas de restauración ecológica, como la recuperación de bosques.

A ello hay que sumar el fomento de un desarrollo sostenible de forma que “utilicemos los recursos naturales sin privar de los mismos a las próximas generaciones”.


García ha insistido en que una extinción masiva de especies, desde una perspectiva “puramente utilitaria”, supone “un enorme tiro en el pie de la humanidad”, porque desaparecen bienes de consumo, como los peces de las pesquerías colapsadas o las maderas de los bosques arrasados.

Esa pérdida incluye la de los servicios ecosistémicos, es decir, funciones de la biodiversidad que ofrecen los ecosistemas y que “repercuten directamente en nuestro bienestar”, como el control biológico de las plagas o la polinización, que “necesitamos para producir nuestras cosechas”, además del control del clima, la erosión y los argayos, que “necesitamos para vivir seguros”.



Asimismo, con menor biodiversidad “perdemos salud porque la destrucción de hábitats acaba con plantas que contienen nuevos fármacos” y, además, “fomenta la expansión de enfermedades transmisibles desde los animales a las personas”.


Por último, se pierde patrimonio pues “las especies y los paisajes naturales tienen un valor intrínseco y ético para muchos de nosotros”, ha enfatizado este experto.


La responsable del Programa de Especies de WWF España, Gema Rodríguez, ha insistido a Efe en el mismo sentido, calificando la situación de España de “preocupante”, porque, aun poseyendo la biodiversidad “más rica” de Europa, es el país “en el que está más amenazada”.

Los hábitats más amenazados son ríos y humedales, ya que, según datos de 2020, en España “el 100 % de las especies de peces de agua dulce están en estado de conservación desfavorable”.

Muchas otras se encuentran en “peligro crítico de extinción” como el visón europeo, el urogallo, el alcaudón chico, la jara de Cartagena, la cerceta pardilla o la nacra común.


“La dependencia del ser humano respecto a la biodiversidad es total”, ha resumido Rodríguez, quien ha defendido que no se trata de “disfrutar de un medioambiente sano o saber que nuestros hijos verán rinocerontes”, sino que la supervivencia “depende de los ecosistemas, de su funcionalidad y de sus servicios”.


FUENTE: Sport

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Microdatos

 


Ella es considerada la más bella entre las mariposas. Al menos, así es como lo describe un artículo de la Universidad de Florida, dando como prueba de su popularidad el hecho de que, en los Estados Unidos, su imagen ya ha estampado una colección especial de sellos y la portada de una guía sobre su especie, además de han inspirado personajes animados en un comercial de televisión.

Incluso su nombre evoca belleza: la mariposa luna (Actias Luna) se llama así debido a las formas circulares que adornan cada una de sus alas. El color verde y la cola alargada, como la cola de una golondrina, los convierten en especímenes únicos.

Precisamente por esta razón, desafortunadamente, son blanco de la codicia de los coleccionistas, que aprovechan su atracción natural por la luz para capturarlos en entornos urbanos.

Esta, de hecho, es una de las causas que comprometen la preservación de su especie, cuya población, como la de todos los demás insectos, ya ha sufrido reducciones drásticas debido al uso excesivo de pesticidas y la deforestación.

Ecoportal 


 Actias luna - Wikipedia, la enciclopedia libre



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La Tierra demuestra que puede recuperarse: 59 millones de hectáreas de bosque se regeneraron en los últimos 20 años





Esto equivale a un área del tamaño de Francia de bosques regenerados en todo el mundo, capaces de absorber el total de  emisiones de EEUU.

Los medios vaticinan la destrucción absoluta y el final del planeta desde hace un par de décadas. Con la presión incesante de la emergencia climática global, tendemos a perder de vista que el planeta Tierra tiene toda la capacidad para poder regenerase. Prueba de ello, de acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), es que 59 millones de hectáreas de bosque se han restablecido en los últimos 20 años en todo el mundo.


Las hectáreas de bosque no se recuperaron solas



El área recuperada de bosques corresponde a un territorio más extenso que la totalidad de Francia. Desde el año 2000, según el análisis publicado por Trillion Trees, las hectáreas que volvieron a la vida pueden almacenar casi 6 gigatoneladas de CO2.


Esta cantidad sobrepasa por mucho las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de Estados Unidos. De acuerdo con el estudio publicado, el Bosque Atlántico de Brasil es un ejemplo claro de historia de éxito: la regeneración fue tal, que se pudieron recuperar 4.2 millones de hectáreas. En comparación, es aproximadamente el tamaño total de los Países Bajos.


Sin la intensa actividad humana de destrucción de las áreas naturales, de acuerdo con el estudio de la WWF, los ecosistemas tienen la capacidad de regresar a su estado natural original.


Los bosques restaurados, sin embargo, no lo lograron solos. Además de un innegable esfuerzo de conservación y restauración de los ecosistemas, la aplicación de prácticas industriales más sustentables y responsables con el medio ambiente fueron decisivas para que el proyecto tuviera éxito.



La Tierra tiene toda la capacidad de regenerase (si la industria se lo permite)



El total de las hectáreas de bosque recuperadas se distribuye en diversos países del mundo. Entre ellos, figuran Mongolia, Brasil, Canadá y áreas naturales protegidas del África central. El estudio que se condujo con respecto a este esfuerzo de conservación tenía un plan forestal específico, que se enfocaba en la recuperación de espacios en donde pudiera ser “más beneficioso”, según la WWF, para el país y para el planeta.


Los esfuerzos comenzaron hace 30 años, con datos de imágenes satelitales interpretadas por topógrafos expertos en 29 países diferentes. William Baldwin-Cantello, director de soluciones basadas en la naturaleza de WWF-UK, aseguró lo siguiente con respecto a los resultados:


“SABEMOS DESDE HACE MUCHO TIEMPO QUE LA REGENERACIÓN DE LOS BOSQUES NATURALES ES A MENUDO MÁS BARATA, MÁS RICA EN CARBONO Y MEJOR PARA LA BIODIVERSIDAD QUE LOS BOSQUES PLANTADOS ACTIVAMENTE, Y ESTA INVESTIGACIÓN NOS DICE DÓNDE Y POR QUÉ ESTÁ OCURRIENDO LA REGENERACIÓN, Y CÓMO PODEMOS RECREAR ESAS CONDICIONES EN OTROS LUGARES”.


Para Baldwin-Cantello, la ciencia es clara: si queremos evitar una catástrofe climática irreversible, debemos permitir que los bosques se regeneren por su cuenta. El experto enfatiza la necesidad de no dar por hecho esta regeneración abundante, ya que la deforestación todavía gana más terreno año con año.


La pérdida de la biodiversidad es desproporcionadamente más grande que la capacidad de regeneración que tienen las hectáreas de bosques en la actualidad. Esto quiere decir que la expansión anual de los ecosistemas es pobre comparada con el crecimiento desmedido de la industria. Para lograr un cambio real, según Baldwin-Cantello, volver a equilibrar ambas fuerzas es un imperativo mundial.



FUENTE: National Geographic en español

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¿Cuán profundo es el océano?


 
Para ver en mayor tamaño, click a la imágen.

FUENTE: CCOCOA
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A 4 km bajo la superficie y con 250 km de longitud, el lago Vostok es uno de los más enigmáticos del planeta.




A pesar de que tenga un nombre que ruso, Vostok es un lago que no se encuentra en Rusia, sino en mitad de la Antártida. En mitad de la Antártida y debajo de ella, ya que se ubica a unos 4.000 metros por debajo de la superficie del continente helado. Es el lago subglacial más grande de los casi 400 lagos que subglacial que tiene la Antártida y ha estado cubierto por hielo durante milenios. Aislado de todo lo que ocurre en la superficie y en la Tierra en general, el lago Vostok es uno de los entornos más extremos y enigmáticos del planeta.


Desde la superficie de la Antártida tendríamos que perforar unos 4.000 metros para llegar a tocar agua (aunque bueno, estamos tocando agua al ser todo hielo y nieve...). Esto sitúa al lago no solo debajo del hielo sino también debajo del nivel del mar, a unos 500 metros. Sus medidas tampoco defraudan, cuenta con unos 250 kilómetros de longitud y unos 50 kilómetros de ancho en su parte más ancha. Es el más grande de toda la Antártida, pero también se encuentra entre los más grandes del mundo, en el puesto 16.


Imagen de satélite en la que se ve el lago y cómo este afecta la superficie de hielo. Vía NASA.




Agua líquida en el punto más frío del planeta

Una de las cosas interesantes de este lago es cómo es posible que exista encontrándose en uno de los puntos más fríos del planeta. Como ya vimos, esta zona de la Antártida puede alcanzar temperaturas hasta casi los -90 °C. A este punto el agua ya debería estar más que congelada con sólo pasar los 0 °C.


Recreación representativa de cómo se entiende que es la estructura de la Antártida donde se encuentra el lago Vostok. Vía Wikipedia.


Hay varias teorías de por qué no lo hace. La más lógica de todas es que realmente el agua ahí abajo no está a una temperatura tan baja, sino que se sitúa alrededor de los -3 °C de media. Sigue por debajo de los 0 °C, por lo que debería congelarse. Sin embargo, los investigadores creen que la el calor geotérmico del interior de la Tierra mantiene las temperaturas relativamente altas. Además al tener placas de hielo en la parte superior que hacen presión, esto reduce más el punto de congelación del agua, permitiendo que a -3 °C no llegue a congelarse. Los científicos han descubierto que hasta se producen mareas en este lago, como las que se dan en los mares por la acción del Sol y la Luna.



La vida en condiciones tan inhóspitas.


Más allá de las características en forma y tamaño del lago, lo realmente interesante es qué hay ahí. Y no lo sabemos, está a tanta profundidad y en un lugar tan complicado para operar que apenas se han realizado investigaciones in situ del interior del lago. Sí que se ha sobrevolado y analizado con radares (algo que se ha hecho en toda la Antártida) pero lo que interesa es saber cómo es el agua que hay ahí dentro y su composición. Es decir, estamos hablando de agua "virgen" que no ha sido manipulada por el exterior en miles y quizás millones de años, una cápsula del tiempo biológica única.


Lo que realmente hay debajo del vaso hielo y nieve de la Antártida.


En la última década diferentes perforaciones por equipos rusos han conseguido llegar hasta la superficie del lago para extraer parte de su agua y analizarla. No es tarea fácil, no sólo por lo que cuesta hacer semejantes agujeros (aunque los rusos de eso saben) sino por conseguir no contaminar las muestras. La maquinaria que se utiliza requiere de combustible que permite agujerear y mantener estable la capa de hielo para llegar hasta el interior. Este combustible a menudo es queroseno y freón, que claro, puede contaminar y destruir la composición original del agua al sacarla. Es por ello que las primeras muestras obtenidas no han sido del todo aceptadas por la comunidad científica debido a su posible impureza.

Se han encontrado algunos microoganismos en las muestras extraídas, lo que sugiere la presencia de una biosfera más profunda que puede estar habitando el lago. Un conjunto de seres vivos totalmente adaptados para sobrevivir en un lugar con temperaturas extremas, en completa oscuridad, a altas presiones y sin apenas alimento. Microorganismos que se desarrollaron hace cientos de miles de año y no han tenido que evolucionar para adaptarse a las condiciones cambiantes de la superficie terrestre. Esta biosfera, al entrar en contacto con la de la superficie terrestre puede o acabar destruida o acabar destruyendo, de ahí que se lleven a cabo las investigaciones con mucha cautela.

Estudiar estos modos de vida es esencial ya que pueden ser un reflejo de la posible vida en otros lugares del Sistema Solar. En el resto de planetas y sus lunas hay, sorprendentemente, más agua y océanos de los que creemos. El problema está en que se encuentran congelados y bajo la superficie, como ocurre con el lago Vostok. Se sabe que Europa, la luna de Júpiter contiene océanos bajo su superficie. Aislados del exterior como ocurre con el lago Vostok, podrían albergar microorganismos y ser la primera muestra de vida en el Sistema Solar fuera de la Tierra. Es por ello que estudiar el lago Vostok nos permitiría entender mejor la evolución de la vida en la Tierra y fuera de ella.



FUENTE: Xataka
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Científicos han nombrado las razones por las que se niegan a salvar animales en peligro de extinción


Cada 50–100 millones de años, en la Tierra se produce la muerte masiva de hasta el 95 % de todas las especies que la habitan. Los científicos están de acuerdo en que ahora estamos en proceso de experimentar otra extinción. Y, por eso, algunos expertos creen que salvar las especies que peligran en estas circunstancias no tiene sentido, porque todo debe seguir su propio curso.

Genial.guru descubrió las razones por las que las personas creen que el rescate de animales en peligro de extinción no es necesario, sino que, por el contrario, podría perjudicar a la naturaleza.


Selección natural





La extinción es un proceso natural que acompaña a la evolución. A través de este, la naturaleza se deshace de especies mal adaptadas y favorece a las más resistentes. Este punto de vista es defendido por el biólogo R. A. Pyron, quien cree que el concepto mismo de una especie en peligro de extinción es fundamentalmente erróneo, ya que, de hecho, todas desaparecen gradualmente.

Al argumento razonable de que muchos animales están muriendo por culpa del hombre, este especialista contesta con una explicación simple. Pyron dice que el cambio que producen las personas es artificial solo a primera vista. Somos parte del ecosistema del planeta, y nuestras acciones son tan legítimas como naturales. Si la especie desaparece, será reemplazada tarde o temprano por una nueva. Por supuesto, este es un proceso largo que, en condiciones naturales, difícilmente puede ser observado.

Por lo tanto, Pyron cree que los intentos de las personas por salvar a los animales en peligro de extinción no son más que una liberación de sus sentimientos de culpa.



Cambios en el ecosistema





Junto con la extinción, también ocurren otros procesos, como el cambio del ecosistema. El precedente más famoso es el regreso artificial de los lobos a Yellowstone, en donde vivía una gran cantidad de ciervos y alces. Por supuesto, los depredadores que llegaron achicaron notablemente la población de los ungulados, y esto llevó al aumento de la cantidad de álamos y pobo, lo que a su vez contribuyó en gran medida al crecimiento de la población de castores. Además, los científicos han descubierto las consecuencias menos obvias de esto:

    Apenas 2 años después del regreso de los lobos, la población de coyotes locales disminuyó dos veces su número.

    La cantidad de zorros que competía con los coyotes aumentó significativamente. Dado que los primeros comen pequeños roedores que se alimentan de raíces, hojas, nueces y otros productos vegetales, la flora local ha experimentado cambios significativos.

En China, durante la “revolución cultural”, hubo una situación similar. Para aumentar el rendimiento, el gobierno local decidió exterminar a los gorriones. Durante el primer año, aumentó la cosecha, pero al año siguiente, la población de langostas y orugas creció catastróficamente. La cosecha se redujo y surgió el hambre.

Es decir, el principal problema de preservar una especie es que es completamente imposible predecir cómo reaccionará la naturaleza ante el retorno masivo de un animal que estaba destinado a la extinción, o a la matanza masiva de un animal inocente.



El costo de salvar una especie





Los precios para salvar animales en peligro de extinción cambian dependiendo de cada país. Según algunas estimaciones, alrededor de 64 mil millones de dólares en total se gastan anualmente en todo el mundo. El dinero se destina a la organización y mantenimiento de reservas, mejoramiento del marco legal y, por supuesto, para combatir a los cazadores furtivos. Como los propios científicos señalaron acertadamente, este monto es pequeño considerando que el bienestar del ecosistema, y ​​por lo tanto del hombre, está en juego. Sin embargo, ese dinero a menudo es simplemente inasumible para los gobiernos de diferentes países.

Por ejemplo, en el Estado de Florida (EE. UU.), las autoridades intentan desesperadamente preservar un puma en peligro de extinción. A pesar del patrocinio anual del proyecto por un monto de 50 a 100 millones de dólares, la población de estos felinos ha aumentado solo ligeramente. En ese sentido, los poderosos de este mundo tienen una pregunta razonable: ¿vale la pena gastar tanto dinero en un intento de salvar lo que, aparentemente, será destruido de todos modos?

Los especialistas tienen una respuesta simple: si no se invierte en salvar las especies ahora, habrá que gastar aún más. Por ejemplo, la destrucción de las abejas dará lugar a un fuerte aumento de los precios de los alimentos, y la muerte masiva de buitres provocará el aumento de la cantidad de casos de rabia y, en consecuencia, una suba en gastos médicos.



Falta de diversidad genética





La falta de diversidad genética puede llevar a consecuencias muy graves, hasta la degeneración completa de la especie. Hay muchos ejemplos de este tipo en la historia de la humanidad: por ejemplo, 6 siglos de matrimonios consanguíneos de la familia real provocaron el nacimiento de Carlos II, quien no podía masticar los alimentos correctamente.

Lo mismo sucede con los animales. El caso más famoso es el tigre llamado Kenny, que vive en una reserva de Estados Unidos. Oficialmente, el animal fue diagnosticado con síndrome de Down. Los padres del tigre eran hermanos de sangre, lo que provocó tal patología.


Apego insano al hombre





La principal forma de salvar a una especie es su crianza en cautiverio. Los animales son criados hasta el momento en que alcanzan una cantidad decente. Entonces, los individuos jóvenes se liberan.

Esto fue lo que le pasó a unos cóndores. La gente usaba muñecas especiales parecidas a pájaros cuando criaban pichones. Era necesario que los individuos jóvenes no intentaran imitar a una persona, percibiéndola como un padre. Pero, a pesar de las medidas de precaución tomadas, las aves liberadas a menudo visitaban a la gente y mostraban un interés insano hacia ella. Esto llevó a una barrera cultural entre los cóndores salvajes y los que crecieron en la reserva.


Problema ético de zoológicos y reservas





Para preservar una especie, es necesario sacar a varios de sus representantes de la naturaleza salvaje, los cuales actuarán para la recuperación de la población. Los animales seleccionados siempre estarán en la reserva o en el zoológico bajo la supervisión de especialistas. El problema es que la reproducción en tales condiciones será difícil por varias razones:

    Es difícil elegir a una pareja, ya que el número de ejemplares es estrictamente limitado.
    El número de temporadas de apareamiento se reduce considerablemente hasta 1 o 2 por año, en comparación con las 4 o 5 estándar.
    Prácticamente cualquier animal en cautiverio experimenta estrés psicológico, debido a lo cual, los ciclos sexuales de las hembras pueden simplemente detenerse.

Por lo tanto, algunos expertos tienden a creer que un intento de restaurar artificialmente a la población es un tipo de tortura de animales, aunque involuntaria.
Bono

Curiosamente, mientras más gente habla de salvar a algún animal, más rápido muere. En particular, debido al hecho de que a menudo aparecen en publicidades. A veces, ni siquiera los científicos se dan cuenta de que estos animales están al borde de la extinción. Por ejemplo, se ha calculado que cada persona ve más leones en la televisión de los que realmente existen.




FUENTE: Genial
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