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Meta-Tolkien: hechos que inspiraron la Tierra Media

 John Ronald termina de revisar el texto, tacha con su pluma los errores y lo puntúa con la precisión milimétrica que le caracteriza. Lo deja a un lado, es el vigesimoquinto examen que corrige y su mente empieza a cansarse. Arrastra su mirada hacia el viejo cristal de la ventana y mira ensimismado el panorama que le ofrece la Universidad de Oxford: los altos muros de piedra, jardines verdes hasta donde alcanza la vista, un trasiego de jóvenes yendo de aquí para allá como en una coreografía improvisada. El movimiento de la gente le hace volver a las sucias trincheras del Somme y comienza a sentir el adormecimiento de sus piernas provocado por las fiebres. John Ronald decide apartar su mente de aquel infierno y pensar en su querida Edith Mary y en sus pequeños entusiastas de las historias. Algo le hace volver a los exámenes y, sobre el primero del montón, plasma con su pluma una pequeña idea: “En un agujero en el suelo, vivía un hobbit”.

Si hay alguien que ha marcado el ritmo y estilo de la literatura fantástica a nivel mundial ha sido J. RR Tolkien y el increíble mundo que creó. Aficionado al lenguaje, la mitología y las culturas antiguas, Tolkien llevó lo que en su origen era un cuento para sus hijos hasta un nivel de complejidad y detalle que sigue sorprendiendo como el primer día. La Tierra Media, su universo, no es un simple lugar en el que solo importan las grandes historias de sus protagonistas, sino que es un mundo vivo compuesto por hermosos lugares y pueblos que cuentan, cada uno, con sus propias lenguas, costumbres, leyendas, canciones, genealogías, tradiciones… Es tan fácil seguir la estirpe de los reyes de Gondor hasta Elendil y sus predecesores como remontarse en las monarquías europeas hasta la época de Carlomagno.

Si Homero escribió 'La Ilíada' y 'La Odisea' a partir de las leyendas griegas, John RR Tolkien creó primero sus propias leyendas y después escribió su versión de la Ilíada. Muchos critican de sus textos que son excesivamente extensos, densos y detallistas (y puede que un poco sí), pero su estilo le ha hecho pasar a la historia como uno de los autores más representativos de su género y a su obra como una de las sagas más relevantes en la literatura fantástica.

La mitad de nosotros no conocemos a Tolkien ni la mitad de lo que querríamos, y lo que querríamos es menos de la mitad de lo que la mitad de Tolkien merece. Y, como hasta un genio necesita sus musas, recopilamos algunas de las mayores inspiraciones que dieron forma a la Tierra Media, las aventuras de Bilbo y las luchas de la Compañía del Anillo.





1. Experiencias personales


La infancia de Tolkien no fue precisamente tranquila. Nacido en Bloemfontein, Sudáfrica, perdió a su padre en 1896, con tan solo cuatro años, y tuvo que volver a Inglaterra con su madre y su hermano. En 1904 quedó huérfano y fue acogido por el párroco Francis Morgan Osborne, quien le inculcó férreos valores y le prohibió ver a su amada Edith Mary Bratt hasta la mayoría de edad. Luchó en la Primera Guerra Mundial y su afición por las lenguas antiguas y las culturas nórdicas y anglosajonas le llevaron a ser profesor en la Universidad de Oxford. Todos estos hechos se ven plasmados, de manera más o menos directa, en los textos y tramas de su obra.











2. Mitologías nórdicas y germanas


El escritor y filólogo siempre se quejó de que Inglaterra contaba con una mitología muy pobre y escueta, a diferencia de las existentes en las cercanas Irlanda o Escocia. Con sus textos e invenciones, Tolkien pretendía brindar a su país de una nueva mitología y de mundos mágicos que basó, en su mayoría, en las culturas y leyendas de los pueblos del centro y norte de Europa, sobre todo en la mitología escandinava y germana. Gran parte de sus razas fantásticas y pueblos, a las cuales brindó una historia llena de héroes y grandes epopeyas, surgió precisamente de los Edda, una colección de relatos nórdicos escritos en el 1220 por Snorri Sturluson.





3. Catolicismo


Mabel Suffield, madre de John, decidió pasarse del protestantismo al catolicismo al llegar a Inglaterra en 1896. Tras muchas disputas, su familia asumió su nueva fe y pudo educar a sus dos hijos según el credo católico. Tras su muerte, el padre Francis Morgan (el tío Curro) continuó esa labor e inspiró a Tolkien un profundo sentimiento religioso. Aparte de haber adaptado claramente numerosos elementos de la religión católica a sus obras, su manera de escribir o de componer a los personajes recuerda, en determinados momentos, al estilo bíblico.





4. Acontecimientos históricos


Además de un gran aficionado por las lenguas, Tolkien sentía verdadera pasión por la historia anglosajona y medieval. Desde niño se le había dicho que su madre procedía de una familia noble de la región de Mercia (centro de Inglaterra) que luchó junto a Carlomagno y que la estirpe de su padre estaba ligada al Sacro Imperio Romano durante la invasión otomana del siglo XVI. De hecho, una leyenda familiar dice que el apellido Tolkien proviene de un guerrero que luchó durante el sitio de Viena de 1529 y cuyas arriesgadas cargas de caballería le valieron el apodo de ‘Tolkühn’, que significa temerario. Su trabajo como profesor de literatura medieval anglosajona en Oxford hizo que casi todos los pueblos que ocupan la Tierra Media tengan elementos sacados de distintas culturas medievales.







5. Ciclo artúrico


Probablemente, la leyenda del rey Arturo sea la historia fantástica más difundida y popular del imaginario inglés. La ambientación en ese mundo medieval plagado de magos, guerreros y criaturas monstruosas sirvió como una importante fuente de inspiración para Tolkien. Desde el poder y la sabiduría de Merlín hasta la grandeza de Arturo y sus caballeros, que partieron en la búsqueda del Santo Grial afrontando todo tipo de peligros, las leyendas artúricas plantean numerosas semejanzas con las desventuras que deben soportar los habitantes de la Tierra Media y la Compañía del Anillo.





6. Las lenguas de la Tierra Media


John Ronald Reuel Tolkien sentía, desde niño, una fascinación por el lenguaje. Hasta el punto de que uno de sus principales pasatiempos en la infancia era inventar idiomas completos con los que hablar con su familia. Conforme creció, desarrolló sus estudios en filología y eso le permitió aprender (y dominar) lenguas antiguas como el latín, el gaélico, el islandés, el nórdico antiguo o el gótico. Uno de los fines que perseguía al publicar ‘El señor de los anillos’ era precisamente el dar a conocer ese mundo en el que se hablaban las lenguas que él inventó siguiendo el escrupuloso método filológico y que están casi tan completas como cualquier otro idioma actual. La lengua élfica y sus distintas variantes (quenya y sindarin) tienen influencias del latín y el indio antiguo, mientras que el idioma de los enanos y su escritura provienen principalmente de las runas nórdicas de los pueblos vikingos y el finlandés antiguo.





7. La orfandad de Frodo Bolsón


En ‘La comunidad del anillo’ se nos cuenta que Frodo Bolsón, el nuevo protagonista, perdió a sus padres Drogo y Prímula a los 12 años, por una accidente de barca. Tras esto fue acogido por su tío Bilbo (al que conocimos en ‘El hobbit’) y se fue a vivir con él, siendo educado por el anciano hobbit y su misterioso amigo Gandalf el Gris. Parece fácil encontrar cierta semejanza con la niñez del propio Tolkien, que quedó huérfano a la misma edad que Frodo y fue criado por Francis Morgan Osborne, figura por la que tuvo un gran cariño y respeto y que inspiró muchos aspectos de su vida y obra.






8. El Somme y los horrores de la guerra


En 1915, tras licenciarse en el Exeter College, Tolkien se alistó en el ejército para luchar en la Primera Guerra Mundial y fue enviado a Francia con la Fuerza Expedicionaria Británica. Allí participó en la brutal batalla del Somme como oficial de comunicaciones hasta que sufrió de las llamadas ‘fiebres de las trincheras’ y fue retirado del frente durante tres meses. Fue precisamente en este momento, y habiendo vivido la guerra muy de cerca, cuando empezó a escribir su ‘Libro de los cuentos perdidos’ que acabaría por convertirse en ‘El Silmarilion’. Su experiencia en el Somme serviría, años después, para dar forma a la Guerra del Anillo y batallas como la del Abismo de Helm o la de los Campos de Pelennor sirvieron para representar el caótico desarrollo de los combates.






9. Samsagaz Gamyi y los asistentes en el frente


En la Primera Guerra Mundial era costumbre que los hombres con estudios, formación o de buena familia recibieran altos cargos dentro del ejército mientras obreros y clases bajas eran simples soldados rasos. Tolkien utilizó la hermandad que surgía en las trincheras por parte de los soldados y el hecho de que cada oficial fuera acompañado por un asistente a todas partes para crear al personaje de Samsagaz Gamyi, el fiel siervo de Frodo que le siguió hasta los mismísimos fuegos del Monte del Destino. Esta pareja de hobbits tiene, además otro significado más simbólico: Frodo representa la racionalidad y el pensamiento lógico mientras que Sam es la personificación del sentimentalismo, complementandose ambos y siendo una nueva versión del mundo material y del mundo de las ideas de Aristóteles y Platón.






10. Beren y Lúthien


Cuando tenía 16 años, Tolkien conoció en el orfanato a la que se convertiría en el amor de su vida, Edith Mary Bratt. Debido a la diferencia de edad que existía entre ambos y el hecho de que Edith Mary fuese anglicana, el padre Francis le prohibió a John Ronald que tuviera ningún tipo de contacto con la joven hasta que ambos alcanzaran la mayoría de edad. Tolkien respetó esta prohibición y, en cuanto les fue posible, se casaron. Las dificultades que Tolkien vivió en su relación con Edith Mary inspiraron la creación de Beren y Lúthien, una pareja compuesta por un hombre y una elfa que aparece en ‘El Silmarilion’ y cuyo amor imposible sería la base de la posterior historia de Aragorn y Arwen. En la tumba de ambos, que se encuentran juntos en el cementerio de Wolvercote (Oxford), se puede leer la inscripción ‘Beren’ en la de él y ‘Lúthien’ en la de ella.







 

 

 

11. Hobbits y orcos de cosecha propia


Tolkien utilizó numerosas criaturas de la mitología europea medieval para ambientar y dar forma a su mundo, pero hay dos que desempeñan una gran importancia en su obra que fueron creadas por él. Los hobbits, esos pequeños seres de vida tranquila, surgieron de la imaginación del escritor inglés y su nombre procede, según la teoría, de la palabra ‘rabbit’ o de una unión de ‘hole builder’ refiriéndose ambas a los agujeros-hobbit en los que viven. La otra criatura que, a pesar de que ya forma parte del mundo de la fantasía, fue invención de Tolkien es el orco, ese engendro malvado que compone la vanguardia de los ejércitos de Mordor. Los orcos solían ser confundidos (incluso por el propio Tolkien) con los goblins y trasgos pero en ‘El señor de los anillos’ se resaltó la diferencia entre estas razas completamente diferentes.






12. El viejo Tom Bombadil es un sujeto sencillo, de chaqueta azul brillante y zapatos amarillos


Al principio de ‘La comunidad del anillo’, Frodo y compañía se ven en graves problemas cuando atraviesan el Bosque Viejo, pero son salvados por un curioso personaje llamado Tom Bombadil. Este tal Tom muestra, en una de las escenas más memorables del libro, tener poderes extraordinarios y conocer la historia del mundo desde antes incluso que Gandalf. El personaje, uno de los más misteriosos del universo Tolkien, hizo su primera aparición en el poema ‘Las aventuras de Tom Bombadil’ y está basado en un muñeco holandés perteneciente a su hermano Hilary que John Ronald rompió cuando era niño.








13. Los anillos de poder


Un anillo, refiriéndonos tanto a la forma como al objeto en sí, posee en casi todas las culturas y creencias un profundo simbolismo que Tolkien supo aprovechar. Para muchos pueblos, como los egipcios y los vikingos, los anillos significaban poder y victoria y eran lucidos con orgullo por gobernantes, guerreros y personas adinerados. Por otro lado, un anillo suele ser símbolo de compromiso y promesas, ya sea en las ceremonias de matrimonio católicas o en los anillos de juramentos típicos de los templos nórdicos. Por último, un anillo representa “el ser y el no ser”, ya que su propia naturaleza y forma la constituyen una circunferencia de metal, madera o similares y un vacío en el centro sin el que no sería un anillo.







14. Elfos y enanos


Estas son dos de las razas fantásticas más conocidas y que la literatura post-Tolkien ha utilizado más a menudo. Tanto los elfos como los enanos pertenecían originalmente a la mitología nórdica, siendo criaturas que se relacionaban con los dioses de Asgard y estando muy presentes en las leyendas de los pueblos escandinavos. Los enanos de Tolkien son prácticamente idénticos a los del mundo antiguo: una raza de criaturas fuertes y habilidosas que excavaban enormes ciudades en las montañas y eran famosos por sus trabajos como herreros o joyeros. Por otro lado, los elfos de Tolkien fueron un paso más allá de los originales en los que se basó, haciéndolos criaturas perfectas y puras, más próximas al plano divino que al humano.







15. El origen de la Tierra Media y las criaturas de la Primera Edad


Tolkien no se conformó con dar cierto contexto a sus historias. Él creó un mundo entero desde su nacimiento hasta su casi destrucción durante la Guerra del Anillo. El mundo de la Tierra Media fue creado por Eru Ilúvatar, una deidad superior comparable con el Dios cristiano, que dio lugar a todas las criaturas. En la mitología nórdica, los dioses se dividían en Asir y Vanir y Tolkien creó a los Ainur y los Valar a partir de estos. Los albores de la Tierra Media guardan muchas semejanzas con el origen del mundo de los nórdicos y algunas de sus criaturas más significativas, como el demonio de fuego y sombra Balrorg, pueden encontrar su equivalente en monstruos como Surtur, gigantesco ser que porta una espada llameante.







16. El cantar de los Nibelungos


Esta leyenda popular es una de las más difundidas entre los pueblos germanos y Tolkien supo plasmar en su obra algunos de sus elementos. Por ejemplo, Sigfrid se ve envuelto en una arriesgada misión de matar a un dragón y recuperar un gran tesoro en el que encuentra un anillo mágico que está maldito (¿os recuerda al argumento de ‘El hobbit’?). También encontramos paralelismos con la espada Gram, que debe ser forjada a partir de sus fragmentos rotos al igual que la Andúril de Aragorn, o la escena en la que el rey Gunter saca el anillo mágico del fondo del río Rin como hizo en su día el buen Sméagol. Incluso, si profundizamos un poco, hay ciertas semejanzas entre Hagen (Lengua de serpiente), que persuadió al rey Gunter (Théoden) con palabras envenenadas para quitarse de en medio a su leal servidor Sigfrid (Éomer).







17. MacBeth


Parecía imposible tratar la literatura inglesa sin mencionar al eterno bardo, William Shakespeare. Curiosamente, Tolkien consideraba que la obra ‘MacBeth’ contaba con dos fallos en su argumento que decidió resolver en ‘El señor de los anillos’. En el teatro de Shakespeare, las brujas profetizan al rey escocés que “nunca será vencido hasta que el Gran Bosque de Birnam a la alta Colina de Dunsinane marche contra él”, cosa que sucede cuando el ejército enemigo corta ramas de los árboles para simular que el bosque se mueve, y que “ningún hombre nacido de mujer podría matarle”, lo que se soluciona haciendo que McDuff naciera por cesárea tras la muerte de su madre. Tolkien corrigió la escena del bosque marchando con el ataque de los Ents a Isengard y la solución de la cesárea con el Rey Brujo de Angmar, de quien también se había dicho que ningún hombre podía matarle, y que cayó bajo la espada de Éowyn, la Dama Blanca de Rohan.







18. El Silmarilion, la biblia de la Tierra Media


John Ronald quiso, como ya hemos comentado, otorgar a la Tierra Media de una historia completa y llena de distintas culturas, catástrofes, leyendas y detalles. Durante años, fue redactando ese génesis fantástico en lo que él bautizó como sus ‘cuentos perdidos’ y que, años después de su muerte, su hijo Christopher Tolkien ordenaría, reuniría en un solo tomo y publicaría bajo el título de ‘El Silmarilion’. El hecho de que narre desde la creación del mundo hasta la Tercera Edad, en la que tiene lugar ‘El señor de los anillos’, además del estilo con que compuso y escribió este relato hacen que sea considerada, y con razón, la Biblia de la Tierra Media.







19. Resucitados y encarnaciones del mal


La influencia del catolicismo en la obra de Tolkien ha sido largamente analizada y debatida, ya que el autor no solía hablar sobre el simbolismo de sus personajes. Muchos estudiosos de su obra han llegado a identificar a la Dama elfo Galadriel con la Virgen María, pero hay otras semejanzas que parecen más obvias. Por ejemplo, el villano principal de ‘El Silmarilion’ es Melkor, un Valar o ángel que se rebeló contra Eru Ilúvitar y se convirtió en el maestro de todos los males de la Tierra Media. En ‘El señor de los anillos’, el mago Gandalf se sacrifica por la Compañía y resucita para seguir guiando a sus aliados hasta la victoria contra Sauron, la encarnación del mal. Incluso hay cierto grupo de jinetes negros (vale que son nueve en lugar de cuatro) que anuncian el resurgir de Sauron y el fin de la Tierra Media. El origen del diablo como ángel caído o la resurrección de Jesucristo parecen haber sido referencias directas en el desarrollo de algunos de los personajes principales de Tolkien.









20. La Comarca e Isengard


Tolkien amaba Inglaterra. Los paisajes y la historia de su país le fascinaban y era lógico que hicieran acto de presencia en su obra. Siempre se definió como un defensor y amante de la naturaleza tan característica de la campiña inglesa y manifestó abiertamente el rechazo que le producía el final de esta vida tranquila con la llegada de las grandes industrias. Esta forma de pensar se ve claramente reflejada en el estilo de vida de los hobbits y la Comarca (basada en la región de Sarehol) y en la destrucción del bosque de Fangorn a manos de Saruman para crear a su ejército de Uruk-Hai, metáfora de la industrialización que vivieron ciudades como Birmingham.










21. El mapa de la Tierra Media y la Europa de 1939


Aunque Tolkien siempre negó que hubiera algún tipo de conexión entre la Tierra Media y la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial, las coincidencias encontradas por los estudiosos del autor son muy numerosas. Si se superpone el mapa de la Tierra Media sobre uno de Europa (suponiendo que Inglaterra es la Comarca), nos encontramos con que Mordor se sitúa más o menos donde está la Alemania nazi de Hitler. Ese peligro latente que se oculta a plena vista en el este parece una pequeña crítica de Tolkien a la expansión del nazismo y el claro camino hacia la Segunda Guerra Mundial. Aunque, como decíamos, no hay nada confirmado.







22. Rohan y los anglosajones


Si las descripciones que se dan en los libros ya hacían pensar que existían ciertas semejanzas, la estética que se les concedió en las películas parecía confirmar que el fiero pueblo de Rohan estaba basado precisamente en las tribus anglosajonas y germanas del siglo IX y X. Salvo por la importancia que los rohirrim dan a sus caballos, animales con los que los anglosajones no tenían demasiada relación, Tolkien basó a los hombres de Rohan en las tribus islandesas de Beowulf (cuyo poema fue traducido al inglés por él mismo), los francos que se asentaron en la Marca Danesa y asimilaron las costumbres escandinavas y en los anglosajones que ocuparon Mercia, de los que supuestamente descendía su madre. El escudo de Rohan, un caballo blanco sobre fondo verde, está inspirado en la imagen de la White Horse Hill, a la cual Tolkien viajó con su familia mientras escribía ‘El señor de los anillos’.







23. Gondor, el nuevo Sacro Imperio Romano


El reino de Gondor se muestra casi como un concepto abstracto e ideal, el último bastión de defensa de los hombres contra Mordor y cuna de su civilización. Tolkien relató la división del reino de Gondor y Arnor frente al avance de las fuerzas de Sauron y lo comparó con los grandes imperios de la Antigüedad que habían tenido que hacer frente a la desmembración de su territorio. Desde los faraones egipcios hasta el decadente final del Imperio Romano, Gondor es ese lugar cuya cultura resulta exuberante y rica para cualquiera pero que sufre constantes divisiones y disputas internas sobre la organización de sus dominios. El reino de Gondor que se conoce en ‘El señor de los anillos’ se basa en el Sacro Imperio Romano que se enfrentó a las invasiones otomanas. Por otro lado, Minas Tirith siempre ha sido considerada como una reinterpretación de la Florencia medieval, lugar donde la cultura y el arte crecían con esplendor.











24. Los puertos grises y la isla de Avalon


Los puertos grises son el lugar desde donde los navíos élficos zarpan hacia el Oeste, su tierra natal, para vivir eternamente y no volver jamás a la Tierra Media. Al final de ‘El retorno del rey’ descubrimos que Bilbo y Gandalf han sido invitados a partir junto a los elfos, pero así también Frodo. La herida que la daga de Morgul le causó en la Cima de los Vientos y las secuelas que el anillo de poder dejaron en su mente hacen que su estancia en la Tierra Media sea insoportable, y es por ello que decide marcharse. Si echamos un vistazo a la mitología artúrica, el legendario rey es llevado por Morgana a la isla de Avalon, donde sus heridas mortales sanarían y podría descansar hasta que llegara el momento de luchar por última vez. Es muy probable que Tolkien se basara en el final del rey Arturo para crear el broche de su gran historia.











25. Aragorn, el rey prometido


En los libros, Aragorn se nos muestra como un personaje sabio y recto, consciente de su deber como rey y capaz de luchar hasta la muerte por el bien de la Tierra Media. Es uno de los personajes más perfectos de Tolkien y su personalidad e historia parecen apuntar a ciertas similitudes con Arturo Pendragón. Ambos fueron conscientes de su destino desde pequeños y preparados para ello, convirtiéndose en reyes idealizados y personajes sin sombra alguna. Las semejanzas entre Excalibur y Andúril también resultan llamativas: ambas indican el derecho a reinar, poseen cierto elemento mágico y son objetos clave en sus respectivas historias.








26. Gandalf, mago y consejero


Los elfos le llamaban Mithrandir, el peregrino gris. Gandalf es probablemente el personaje más importante de todos los creados por Tolkien, jugando un gran papel a lo largo de la historia de la Tierra Media. Por eso, es en la construcción de este donde se reúnen más influencias diferentes. Su aspecto procede de una vieja postal que Tolkien vio cuando viajó a Suiza en la que aparecía un viejo de sombrero alto y larga barba bajo el título ‘El espíritu de la montaña’, pero también cogió ciertos rasgos del mago artúrico Merlín, del dios nórdico Odín o de su tutor, el padre Francis. John Ronald Reuel Tolkien reunió en un solo personaje las influencias que marcaron su obra, lo que resalta la importancia de ese viejo perturbador de la paz en su fantástico mundo.





FUENTE: Muy Historia

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How to fix Unidentified Network in Windows


Damien • 2 years ago

I have had the same problem and spent days scouring Google and trying any suggestion that I could find. Last night I found a post from 2002. It seemed ridiculous but I gave it a shot. PROBLEM SOLVED.

1.) Shut dowm your PC.
2.) Unplug the power cord.
3.) If you have a laptop, remove the battery as well.
4.) Walk away from the problem for at least 30 minutes.
5.) When you return, reconnect battery and power cord.
5.) Start as usual.
6.) If this solves the problem, take 20 minutes and post this to all of those message boards that you didn't find the solution to.

This fix appears to work for any OS/MOBO/NIC.

What causes it? I don't know.



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Fotos con historia.



Primeros boscetos de Mickey Mouse, Walt Disney 1928


Hachiko y su funeral.


William Harley y Arthur Davidson, 1914

Cafetería de empleados, Disneylandia 1961

Desempacando La Estatua de la Libertad, 1885

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Dragones, guivernos, dracos, wyrms…


Son muchos los términos que los seres humanos hemos usado para denominar a los dragones (aži, drakon, long, ryu, zmey), y debido en parte a nuestro afán moderno por clasificar todo lo que conocemos, estos han sido utilizados para diferenciar o categorizar a los dragones en ciertos contextos particulares, especialmente en la literatura fantástica, la cultura lúdica y la industria del entretenimiento, algo que de ser utilizado creativamente puede enriquecer los mundos imaginarios que estas esferas han concebido, y esto a su vez suele acrecentar la satisfacción experimentada por los lectores de libros, jugadores y fanáticos de los juegos de rol y videojuegos. No obstante, uno fácilmente podría caer en el error de tratar de generalizar o imponer los términos propios de algunos de estos mundos al resto de ramas de la ficción, la mitología o incluso la historia misma. Esto se debe a que ciertos universos fantásticos parecen compartir el mismo glosario de términos, los cuales al popularizarse comienzan a formar parte del argot utilizado en determinados contextos. Uno de los ejemplos más claros es la aparente confusión entre el uso de los términos “dragón”, “guiverno”, “draco” y “wyrm” (aunque no son los únicos), cuando, al menos en mi opinión, no debería haber ninguna ya que fuera de la esfera particular en la que pudieron haber sido empleados, semánticamente significan lo mismo.

Hay dos criterios que debemos considerar al tratar el dilema “dragón-guiverno-draco-wyrm”. Primero, necesitamos conocer el origen etimológico de estos términos; segundo, debemos comprender el contexto en el que estos fueron o son utilizados. Comencemos.


Dragón

De manera general, un dragón es un ser mitológico con rasgos ofídicos al que las leyendas le han consignado una plétora de atributos fantásticos que originalmente representaban las diversas manifestaciones de la naturaleza. La palabra “dragón” proviene del latín draco, el cual a su vez se deriva del griego δράκων [ˈdɾako:n], uno de los términos empleados por los griegos para referirse a una serpiente, y que ingresó al idioma castellano tras la sonorización de la [k] en [g]. Si revisamos la literatura antigua encontramos que los primeros dragones no son otra cosa que serpientes monstruosas que encarnan la furia de la naturaleza, por lo que no resulta extraño que en las lenguas de nuestros antepasados el término “serpiente” sea usado indistintamente para denominar a un dragón (el sánscrito “ahi”1 significa serpiente o dragón, y el pictograma primitivo de la palabra “long”2, dragón en chino, representaba a una serpiente que puede matar). Y aunque cada cultura podía representar a los dragones de formas diferentes, la esencia de la imagen del dragón es virtualmente la misma, como se muestra en las siguientes representaciones:


  
Estatua de piedra de un dragón en el pueblo de Zhangmutou, China.



Miniatura de un elefante y dragón – Harley MS3244, folio f.39v, British Library.

Estatua del Puente de los Dragones en Liubliana, Eslovenia

Guiverno

La palabra guiverno proviene del inglés “wyvern”, el cual según el Merriam-Webster Dictionary es una alteración del inglés medio “wyvere” que significa “víbora” (viper en inglés), término que proviene del anglo-francés “guivre”, siendo éste una variación del latín “vipera”. En la heráldica, el guiverno suele ser representado como un dragón de dos alas y dos patas –de ahí que también sea conocido como “dragón heráldico”–, el cual es muy distinto a la “vipera” de la que el término “wyvern” procede.

Una de las primeras descripciones de la criatura conocida como “vipera” aparece en el libro Naturalis Historia de Plinio el Viejo publicado en el año 77, de acuerdo al cual se trata de un animal con cuerpo de serpiente y orejas parecidas a las de un conejo, cuyos extraños hábitos reproductivos suelen ser representados en varios bestiarios medievales (la hembra devoraba la cabeza del macho durante el apareamiento o antes de que las crías nazcan, y estas dan muerte a su madre al momento de nacer cuando atraviesan su vientre para salir al exterior), tal como se muestra en la siguiente ilustración proporcionada por el Bestiario de Aberdeen publicado en el siglo XII:


Vipera (hembra y macho)  – Aberdeen University Library MS 24 (Aberdeen Bestiary), ca. 1200, f. 66v  

La interacción cultural de la Europa medieval haría que la “vipera” eventualmente adoptara los rasgos de un dragón, deviniendo así en los términos “guivre”, “wyvern”, “guiverno”, etc., cuyas representaciones no difieren mucho de las de los dragones. De hecho, el dragón que aparece en el Bestiario de Aberdeen no es muy distinto a la vipera mostrada en folio 40r del MMW, 10 B 25 conservado en el Museum Meermanno, hecho recurrente no solo en otros bestiarios, sino también en la literatura, el arte y la imaginería de la época:



Dragon –  Aberdeen University Library MS 24 (Aberdeen Bestiary), ca. 1200, f. 65v

En la heráldica, no obstante, al momento de describir un escudo de armas sí se suele diferenciar al dragón del guiverno, aunque la única diferencia visual es que el guiverno tiene dos patas y un par de alas, mientras que el dragón suele ser representado con cuatro patas y alas, al menos en la heráldica moderna. En su libro A Complete Guide to Heraldry (1909), Arthur Fox-Davies  comenta que, en el uso de la palabra “dragón”, distintos países utilizaban distintos términos como “wyvern” o “cockatrice”, y que el “wyvern” ocasionalmente era graficado sin alas y con un nudo en la cola, como lo hacía la familia Ffarington de Lancashire (lo que nos recuerda a la “vipera” de Plinio). Esto significa que en la heráldica temprana, o por lo menos antes de que esta fuera estandarizada, los términos “dragón” y “wyvern” solían ser usados indistintamente para describir a un dragón.


Ilustraciones de dragones y guivernos por Graham Johnston en “A Complete Guide to Heraldry” (1909). 

Sin embargo, creo es la cultura popular la que ha hecho del guiverno una criatura distinta (a veces totalmente distinta) a los dragones, algo que podría atribuirse a la proliferación de los juegos de rol, los videojuegos y la industria del entretenimiento. Una de las más grandes influencias de la fantasía moderna en general es Dungeons & Dragons, un clásico juego de rol, en el cual los guivernos figuran desde su primera edición en 1974 como criaturas parecidas a un dragón pero de menor tamaño, con un par de alas, dos patas traseras y una cola provista de un aguijón ponzoñoso.

Guiverno en el Manual de Monstruos de Dungeons & Dragons (1977).  

Afirmar que el dragón y el guiverno son dos bestias son completamente distintas, que el guiverno es una especie o sub-especie de dragón, o incluso que el guiverno no es un dragón en absoluto es erróneo. En un contexto específico, tales como la heráldica o un libro de fantasía medieval, es perfectamente plausible diferenciar o clasificar a los dragones, guivernos y demás seres de la manera que los escolares o autores consideren pertinente. Fuera de un contexto en particular, imponer tales subdivisiones al resto de ramas del conocimiento, incluyendo el campo de la ficción, es simplemente irrelevante.






Draco (Drake)

La criatura a la que me refiero en este punto no es el draco del latín, que simplemente significa dragón, sino al anglicismo “draco” procedente de la palabra “drake” que, nuevamente gracias a la influencia de la industria del entretenimiento, suele emplearse para describir a un dragón joven o a una clase de dragón de escaso tamaño desprovisto de alas y que anda a cuatro patas

Draco – Final Fantasy XIV
Dracos – D&D Monster Vault: Threats to the Nentir Vale, por Jim Nelson


En inglés, “drake” es el nombre que se les da al pato macho y al insecto volador conocido como “efímera”, por lo que tiene un doble origen etimológico. En el primer caso, esta palabra tiene un origen germánico al derivarse del alemán alto antiguo “antrahho” que se convertiría en la palabra alemana “enterich” (pato macho), y que en inglés medio es “andraca” (literalmente “rey de los patos”, pato macho), abreviado como “draca”; en el segundo caso proviene del inglés antiguo “draca” (dragón), el cual procede del latín “draco” (diccionarios Merriam-Webster y Oxford). A diferencia del polémico “guiverno”, la palabra “drake” es usada o bien para referirse al pato macho, o bien a la efímera, o bien a un dragón cualquiera en inglés antiguo. Por lo tanto, no creo necesaria mayor explicación, ya que no hay evidencia alguna ni en los bestiarios ni en los relatos antiguos o medievales sobre una criatura denominada “drake”  que tenga las características del draco de la fantasía moderna (reptil de cuatro patas o dragón joven) y que no podamos llamar simplemente “dragón”.  Y bueno, creo que está de más decir que es dudoso que estos “dracos” estén emparentados con las anátidas o los efemeróptidos.





Wyrm

Los dragones germánicos y escandinavos eran llamados “wurm”, que en el antiguo alemán alto significan “gusano” y “serpiente”, palabra que, de acuerdo al diccionario Merriam-Webster, provenían del latín “vermis” que significa “gusano” y que se convertiría en el “wyrm” del inglés antiguo. Estos dragones solían ser descritos como monstruos con un largo cuerpo cuyos movimientos se asemejaban a los de un gusano o serpiente, sus colmillos o aliento era venenoso (algunos podían escupir fuego), podían tener dos o más pares de patas y generalmente estaban desprovistos de alas –con algunas excepciones como el lindwurm alemán que en la heráldica se asemeja mucho al guiverno. Nidhogg y Fafnir poseen los típicos rasgos de un “wurm” y suelen ser denominados como tales en la antigua épica europea. Pero al igual que la palabra “drake”, este es simplemente un sinónimo de “dragón”. Nuevamente, decir que un wyrm o wurm es exclusivamente un dragón sin alas y con un solo par de patas (o ninguno) es erróneo. Tanto el Nidhogg escandinavo como el dragón al que se enfrenta el héroe persa Rostam son dragones, sea que uno prefiera denominarlos “wyrm” o “aždahâ”.

Nidhogg royendo las raíces de Yggdrasill – Manuscrito islandés del siglo XVII AM 738 4to,  Árni Magnússon Institute. 

Rostam matando al dragón – Shahnameh, MS Ouseley Add. 176, fol. 68v, Oxford, Bodleian Library.

Clasificar a los dragones de la manera que uno crea conveniente es perfectamente válido para cada mundo fantástico en particular, pero, aunque lamente repetirme, el tratar de imponer tal o cual clasificación sobre el resto de áreas no solo es tan erróneo como inútil; Tolkien comprendía este hecho bastante bien, pues tanto Glaurung (llamado también el Gran Gusano, y de aspecto similar al del wurm escandinavo) como Smaug (que se asemeja al guiverno heráldico) eran denominados “urulókis” (“serpientes de fuego” en la lengua ficticia Quenya), fire-drakes (dracos de fuego en español) o dragones de forma indistinta.

Como punto final, les dejo algunas de las representaciones de “San Jorge y el dragón”, las cuales demuestran que en la perspectiva medieval los dragones, guivernos, dracos, wyrms, etc., eran la misma criatura. Estoy convencido que los artistas que representaron estas obras o los creadores de esta leyenda no debieron cambiar el título de sus respectivos trabajos a San Jorge y el “guiverno/draco/wyrm”, y ciertamente nosotros tampoco tenemos ningún motivo para hacerlo.

Ícono del Milagro de San Jorge y el Dragón – Rostov, finales del siglo XIV, Museo del ícono ruso en Moscú.

San Jorge – Hans Acker, ventana coloreada de la Catedral Luterana de “Ulm Münster” en Ulm,Alemania (1440).


Vida de San Jorge – Alexander Barclay, tallado en madera (1515).


San Jorge victorioso sobre el dragón – Mattia Preti, pintura al óleo (1678).

FUENTE: Auroswords.com
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